Juan Ignacio Novak

El artista pasó por Santa Fe, donde participó de una disertación en el Foro de la UNL. En dialogo con El Litoral manifestó su fastidio con los artistas que plantean que no les interesa el público. “Entonces que se dediquen a otra cosa”, polemizó. También sostuvo que el teatro debe redoblar su apuesta por la calidad de lo que se ofrece.

Juan Ignacio Novak
El actor, director y docente Rubén Szuchmacher disertó en la Sala Saer del Foro Cultural UNL, en el marco del Argentino de Artes Escénicas. Antes mantuvo una extensa charla con El Litoral donde expuso sus ideas sobre el teatro que se hace en la actualidad y que, desde su óptica, reclama nuevos horizontes de reflexión. “Hay una cantidad de situaciones interesantes para reflexionar y desmontar una idea de que en la Argentina se produce uno de los mejores teatros del mundo. Cada vez que alguien dice que esto es lo mejor obtura la posibilidad de pensar que lo que se está haciendo no es tan bueno como se cree. O la necesidad de mejorarlo, que es lo que se necesita”, explicó. Por eso, su propuesta se basa en una mirada crítica, no complaciente. En pensar que lo que fracasa es la relación escena-espectador, constitutiva del hecho teatral.
De todas maneras, Szuchmacher sostiene que no es un síntoma que se reduce al panorama teatral argentino, sino que se trata de una cuestión de época relacionado con el fenómeno de las redes sociales y la posibilidad de hacer público lo privado. “Esto hizo creer rápidamente que cualquier cosa es posible de ser hecha. la comparación es: aquí hay un fotógrafo que saca fotos y es un profesional de la fotografía. Sin embargo, yo puedo agarrar mi cámara y sacar fotos. lo cual no me transforma en fotógrafo, sin embargo me permite producir algo parecido a lo que el fotógrafo podría llegar a hacer”.
—Y además tenemos la posibilidad de exponerlo y de que lo vea un montón de gente.
—Exactamente. Esto en épocas pretéritas no existía. Si un fotógrafo y quería exponer tenía que seguir una serie de pasos. Entonces uno puede pensar que ahora es mucho más democrático, lo cual es cierto. Pero en esa democracia está deteriorada la calidad. Es como la ilusión de la vanguardia, de que todo el mundo produzca arte. Pero en realidad no produce arte, lo que todo el mundo produce es algo que carece generalmente de técnica o cuya técnica está dada por los dispositivos, no por una reflexión sobre la técnica. El verdadero artista reflexiona sobre sus medios de producción. y después otro elemento importante a señalar es una especie de exceso de confianza en la propia subjetividad. Hay una defensa del ser y de lo subjetivo, como que uno tiene algo importante que decir, cuando en realidad todos somos seres producidos por una sociedad y lo primero que tenemos que hacer es poner en cuestionamiento nuestra subjetividad. Creer que uno no está construido por una sociedad es un pensamiento alejado de la realidad. En principio, todos somos seres construidos por una sociedad, y lo que ciertas personas tratan de hacer es discutir hacia dentro y hacia afuera cómo fue construida esa personalidad. Cuando uno hace reafirmación de la personalidad se vuelve reaccionario. y creo que hay muchos personajes que se llaman artistas que hacen una defensa de la subjetividad como si eso fuera un valor bueno, cuando en realidad va en contra de la posibilidad de que algo sea diferente. Es casi un planteo filosófico que tiene que ver con la estética.
Reunión
—Definiste al teatro como el arte de la relación ¿Por qué elegiste estas palabras?
—Porque el hecho teatral como tal se constituye en una relación con el espectador. Ésa es la diferencia con otros productos artísticos como el libro, donde el objeto no necesita al lector para constituirse. En cambio un espectáculo teatral sin espectadores es imposible de pensar. y a partir de ahí es un sistema de relación continua. además, el teatro se modifica a partir de la presencia del espectador.
—Por las características de ese público, ese día.
—Gente que se ríe en el momento en que no debe reirse, gente que no se ríe cuando debería reirse, o hace ruido. la idea de la relación está presente. y eso que hace que cuando uno construye un espectáculo, tiene que pensar continuamente en esa relación. A mí, me fastidian mucho los artistas que dicen que el público o el espectador no les interesa. Entonces, ¡que se dediquen a otra cosa!
—Es una idea muy instalada.
—Son ideas reaccionarias, pseudoartísticas. Detrás de eso hay como una idea tonta de libertad individual. y en realidad, cuando uno se dedica al teatro lo que más ha perdido es la libertad individual. Yo no puedo producir teatro si no pienso en una cantidad de elementos que se van a estar poniendo en juego, como por ejemplo que la terminación de una obra está dada en que vaya gente. Creo que la gravedad del momento actual es que se hace un teatro que no contempla el espectador. y al no contemplarlo pasa lo que pasa: la gente deja de ir al teatro. Se hace un teatro que no resulta interesante, o que en todo caso le resulta interesante al que lo hace. Es como un acto un poco narcisista u onanista. Me parece que el teatro no es eso, nunca lo fue y no debería transformarse en una especie de juego puramente personalista.
—Esto no tiene necesariamente que ver con que la obra tenga éxito de público o no.
—Es una idea disparatada de mi parte, pero una buena hipótesis: creo que los espectáculos tienen una cantidad definida de espectadores contenida en su origen. Porque hacer un espectáculo no es por fuera de ciertas condiciones. Hay muchos elementos en juego para que unas personas en forma simultánea vayan a un lugar a ver una obra. y tiene que haber algo que atraiga. Ese algo puede ser producto del mercado, que sabemos que construye necesidades. Si existe la televisión y hay artistas conocidos, eso genera una necesidad. de hecho, es lo que pasa en el teatro comercial de Buenos Aires donde la gente va al teatro a ver las obras en la medida en que hay algún artista de la televisión. Pero cuando esa necesidad no está construida por la televisión tiene que estar construida por alguien. Los espectáculos salen a buscar su público, a encontrarlo, lo cual no quiere decir que ese público se quede.
—¿Pero no es ingobernable lo que puede pasar con el público ante una obra?
—Es una hipótesis de trabajo. Cuando a un espectáculo no va nadie, hay que pensar que fue hecho para nadie. Si yo hago un espectáculo al cual sólo viene mi familia, puedo entender que hice este espectáculo para nadie. Mi familia o los amigos fueron porque les creé la necesidad de ir. Pero ese espectáculo no tiene espectadores. Hay que considerar una diferencia entre público y espectador: público es una condición numérica y espectador es una cosa constitutiva u ontológica. Pero cuando una obra no tiene público es porque en el origen el espectador no estuvo contemplado. En ese sentido valoro mucho al espectador del teatro comercial porque es más fiel aun en esa creación del mercado que lo que produce el supuesto teatro de arte. Porque el teatro comercial, a esa gente, la reconforta. En cambio el teatro llamado independiente, el que hacemos muchos de nosotros, en muchos casos no reconforta. la gente sale perdonándonos la vida. Alguien puede ver una mala película, no le molesta y la semana que viene va a ver otra película. Cuando una persona pasa la experiencia de ir a ver una obra que no le gustó, tarda mucho en volver.
Salto de calidad
—¿Sobre qué ejes deberían trabajar los realizadores de teatro?
—Hay una cosa que es indiscutible que es la calidad. Cuando alguien prefiere ver una serie de televisión sabe que lo que ve tiene una calidad garantizada. No está fuera de foco ni mal encuadrado ni mal contado. Todo lo que está viendo es de primera calidad. Cuando la gente va al teatro está fuera de foco, mal encuadrado, los actores no actúan bien, hay una calidad de elementos que no son de buena calidad. lo que pasa es que se ha empezado (y esta discusión la tengo en Alemania, en México, en Uruguay y aquí) a pensar que cualquier cosa puede ser arte. y si cualquier cosa puede ser arte no te quejes, porque la consecuencia de cualquier cosa es cualquier cosa.