A fines de agosto de 1998 la geografía de espacios culturales de la ciudad de Santa Fe se amplió en el sur de la ciudad. Es que en esa época, signada (cuando no) por la crisis económica en el país, abrió sus puertas El Retablo en calle Moreno al 2400. Desde entonces, se convirtió en un "farolito" que nunca extinguió su luz: además de las clásicas funciones de títeres de los sábados a la tarde a cargo de El Retablo de las Maravillas, se sumaron espectáculos de teatro, música, danza, mimo y exposiciones de artistas plásticos. Y talleres relacionados con distintas disciplinas.
Los títeres esperan dormidos
El Retablo cumple 22 años. Ubicado en Moreno 2441, el espacio se caracterizó por sus puestas semanales de marionetas para chicos y grandes. Pero también por abrir sus puertas a la música, el teatro y las artes visuales. Hoy se encuentra cerrado por la pandemia pero con proyectos a futuro. "Está habitado por la esperanza y el deseo de seguir haciendo", dicen sus referentes.

El aniversario número 22 llega en un momento particular y complejo para los espacios culturales, completamente limitados en su accionar con público presente debido a la pandemia. "De pronto, todo se cerró y quedó en suspenso. Pero creo que los haceres siempre sirven. Y a veces son haceres que transitan un silencio, que por un tiempo no se muestran, como cuando uno está preparando un espectáculo. Estamos más o menos así con la sala, preparándonos para lo que viene, para ver de qué manera lo enfrentamos", contó a Multimedios El Litoral Cristina Pepe, referente del espacio junto a su marido, Oscar Caamaño.
LA CEREMONIA La Sala está dispuesta. El público hace su ingreso. Conversa, sonríe, se encuentra con conocidos. Detrás... Publicado por El Retablo Sala Cultural en Martes, 16 de junio de 2020
El 2020, cuenta la docente, escritora y titiritera, arrancó con mucho por hacer, con una intensa programación que quedó trunca. "Todo eso está ahí, esperando, porque una sala como la de El Retablo no es meramente un lugar, es un lugar habitado. Y en este momento sólo está habitado por esos personajes que siempre esperan que vayamos y los hagamos funcionar, que son los títeres. Y está habitado por las esperanzas y por el deseo de seguir haciendo".
Espera con incertidumbre
Sobrevivir en momentos críticos está en el ADN de El Retablo, que nació luego de una situación crítica familiar, un accidente. "En ese momento, hubo que tomar decisiones. La situación nos obligó a decidir si terminábamos todo o apostábamos todo. Y ahí fue cuando nos embarcamos en la aventura y a pesar de que tuvimos miedo y pasamos varias cosas, pudimos sostenernos", contó Cristina. "Es una espera con mucha incertidumbre. Si bien estamos acostumbrados a la incertidumbre, somos de los que la vivimos muchas veces, esta es especial. No depende de nosotros. Pero si, en alguna medida, de la construcción que hagamos en este tiempo. Y esa construcción tiene que ver con esa puerta abierta que es el arte. Que ha debido lidiar con un montón de desastres en la historia de la Humanidad y ha salido adelante. Eso es lo que esperamos. En eso creemos", aseguró.
A lo largo de dos décadas de vida, fueron muchos los artistas que pasaron por el Retablo. "Están en el aire de la sala. Y todos apostamos a volver a abrirla, como tantas salas, como tantos teatros. Cómo va a ser esa vuelta y cuando, no lo sabemos. Pero seguimos, muy lentamente, trabajando en la puesta que habíamos empezado a encarar justo cuando se declaró la pandemia. La vida continuamente da y quita. Hay que saber tomar lo que da y hay que trabajar con lo que quita para poderlo volver a enarbolar y sobre todo para no perder la esperanza y en la esperanza nuestro ser", cerró Cristina.
Historia
La sala cultural El Retablo se creó en 1998, pero la relación con los títeres arrancó muchísimos años antes para Cristina Pepe y Oscar Caamaño. Fue hacia 1978, cuando crearon El Retablo de las Maravillas, para continuar el trabajo del Teatro de Muñecos de la Universidad Católica de Santa Fe. En 2004, se sumó al grupo Ruy Acevedo.
En sus primeras dos décadas de vida el elenco gestó una decena de puestas para un público variado, que giraron por la ciudad de Santa Fe, diversas localidades de la provincia y puntos del país como Entre Ríos, Córdoba y Salta. Tras la adquisición del inmueble de Moreno 2441, las actividades se focalizaron en ese espacio. Y no redujeron a los títeres, sino que se ampliaron hacia un amplio abanico de disciplinas artísticas.
Llamado
María Cristina Pepe compartió con Multimedios El Litoral un texto que escribió, dedicado a esos pequeños seres que durante tantos años animaron con sus manos y sus voces. Se titula "El llamado de los títeres" y dice así: "Los títeres duermen acomodados en sus valijas y cajas. Sueñan con las funciones que darán. "La Princesa espera su reino. El Caballero se envalentona para dar batalla por ella. Fantasmas, Brujos y Diablos imaginan picardías y también luchas. Hay Pececitos que anhelan cumplir aventuras peligrosas. Una Gallinita sabia piensa que será difícil enseñar a Patos, Gansos y Conejos indolentes cómo con trabajo obtener algo bueno: una rica torta, por ejemplo. Una Ratona se prepara para hacerse la inalcanzable con Míster Ratón, su vecino. Un Zorrito idea robar margaritas para averiguar si lo quieren o no…
Una Nena desanda por las noches de las valijas su camino hacia las flores que tanto ama… Los títeres sueñan la alegría de los chicos, de abuelos, tíos, mamás, papás y de todo aquel que se acerque al retablo donde trabajan.
Cuando el titiritero descorre las tapas de valijas y cajas hay un renacer de fuerzas en los muñecos: se desperezan, acicalan sus cabelleras y vestidos, acomodan sus sombreritos, mientras las manos que todo lo manejan colocan escenografías, espaditas, baldes, regaderas…pero, sobre todo, los títeres recuperan la alegría, el empuje para hacer una nueva función. Por eso lloran en silencio (sin que se note) el hecho de volverse nuevamente seres inanimados que ya no pueden reír, ni estar tristes, correr o bailar… cuando se dan cuenta de que no habrá espectáculo. Los títeres, con vocecitas audibles para los que los quieren, y un poco más fuerte para los que no los conocen llaman a función, que es llamar a un pedacito de vida (el arte). No los desoigamos".









