Opinión: OPIN-05

El kultrún, instrumento mítico-ritual de mapuches


El pueblo mapuche emplea en sus ceremonias litúrgicas un instrumento membranófono, construido con madera de un tronco ahuecado al que dan forma de semiesfera. Esta tamborcillo, denominado kultrún, posee una sola membrana y se ejecuta golpeando el cuero con un palillo, es frecuente que en su interior se coloquen piedrecillas con el objeto de aumentar su sonoridad.

En el parche se reproducen desde tiempos inmemoriales dibujos que, lejos de ser meros adornos del instrumento, conforman un mapa mítico y cosmológico por el cual esta parcialidad indígena reproduce el universo.

El simbolismo


La cruz que divide al círculo en cuatro sectores iguales está formada por dos patas de choique (ñandú) partidas en los extremos que dan sobre el perímetro. Cabe destacar que el ave mencionada tiene un carácter sagrado y da origen a dos danzas rituales, el choique purrun que es una representación del ciclo completo de un año, y al loncomeo, baile imitativo del choique que consta de cinco movimientos, cada uno acompañado por un ritmo especial del kultrún. En el primero, los bailarines encogidos y con sus ponchos sostenidos con ambas manos a la altura de la cabeza, imitan frente al toldo de los pihuichenes (niños sagrados) los movimientos del ave cuando aún se halla dentro del huevo. Al finalizar el movimiento dejan el poncho. En el segundo se simboliza la rotura de la cáscara y salida del pichón mediante saltitos y movimientos de brazos hacia arriba. En el tercero, los danzarines imitan el modo de caminar de las charitas (crías). En el cuarto, a los choiques jóvenes correteando por el campo, y en el quinto se representa a los mismos ya adultos dispersándose por la llanura. Mientras se lleva a cabo la danza, mujeres y niñas rezan en forma de murmullo monótono, los hombres gritan para animar a los danzarines y dos niñas elegidas especialmente asperjan continuamente "agua caída del cielo" sobre sus cuerpos.

Los cuatro puntos cardinales que representa el kultrún son comenzando desde arriba: Willi Mapu, o Tierra del Sur (la ubicación de los puntos cardinales difiere con los que conocemos nosotros, no sólo en este pueblo sino también en otros pueblos aborígenes; al respecto Javier Maskin, en su ensayo "La libertad del colibrí" desarrolla en profundidad el tema), luego lo siguen Puel Mapu, o Tierra del Este, Pikun Mapu, o Tierra del Norte, y por último Gulu Mapu, o Tierra del Oeste. Yendo de derecha a izquierda se suceden las estaciones: rimungen, o invierno, puken, o primavera, pewu, o verano y walun, u otoño.

La significación


El kultrún es usado por los machis, médicos hechiceros, que reúnen en sí conocimientos medicinales y son los encargados de relacionarse con los espíritus, sirven pues en tal carácter para curar las enfermedades del cuerpo y del alma. En épocas anteriores el machi era el oráculo, el consejero del toqui, (jefe) tanto en época de guerra como de paz, también el que en tiempos de sequía impetraba las lluvias y hacía de mediador entre los hombres y los demonios. Debido a las luchas que diezmaron la población mapuche, con el correr del tiempo esta tarea espiritual reservada a los hombres pudo ser ejercida por las mujeres.

La significación del kultrún, aparte de la de orientar a los mapuches -poseedores de una economía agrícola- en el tiempo y en el espacio, los dinamiza para que participen en un tiempo-espacio permanentemente sagrado, donde cada troi (coyuntura), o etapa del año, requiere del fervor de los miembros de la comunidad, quienes en esta forma se sienten partícipes y protagonistas del movimiento del universo.

El conjuro de los sones del kultrún rebasa los límites de lo temporal, tendiendo un puente luminoso entre la fe tradicional y la realidad inmediata.

Zunilda Ceresole de Espinaco