Un genio excéntrico
Dalí lleva la visión onírica del surrealismo, llena de implicancias sexuales y delirios de grandeza. Expresó una ampulosa retórica de origen muy español y neobarroca, una ambigua mezcolanza de reacción y anarquía.
Nació en Figueras, en 1904; estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, ciudad donde conoció a García Lorca y Luis Buñuel. En 1925 celebró su primer exposición en Barcelona, al año siguiente conoce durante una estancia en París a Picasso, y colaboró con Buñuel en la película El perro andaluz en 1928.
Sus primeras obras surrealistas son fruto de su encuentro con los poetas Paul Eluard y Tristán Tzara. Fue miembro activo del grupo, colaboró con sus publicaciones e ilustró sus obras. André Breton escribió la introducción en el catálogo de una de sus primeras exposiciones, y Dalí no tardó en imponerse como una personalidad particular gracias sus actuaciones espectaculares y a su predisposición para difundir la iconografía surrealista en la decoración cotidiana (cuadros, muebles, adornos, avisos publicitarios).
Fue Breton quien decidió reproducir una de sus obras en la revista La Révolution Surrealiste, pero el grupo rechazó a Dalí debido a su apoyo al régimen franquista y a sus declaraciones en favor de Hitler.
Después del desencuentro con los surrealistas, Dalí se trasladó a Italia, donde estudió el arte del Renacimiento y el Barroco. En 1940, con Gala, su mujer -uno de los personajes que aparece con más persistencia en su obra-, se refugió en Estados Unidos, donde se convirtió en un artista acaudalado.
Original y escandaloso, con una notable predisposición hacia la excentricidad y gusto por la provocación, Dalí dejó una importante obra gráfica y fue quizá el dibujante más importante que tuvo el siglo pasado. Dejó una obra muy diversa. Murió en España en 1989, habiéndose convertido -junto con Picasso- en uno de los artistas más populares del siglo XX.
Ma. del Carmen Caputto