Un invento concibió una fábrica
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El ingenio de dos primos dio origen al protector de motores Vigía. La industria que ocupa 200 personas hizo que un pueblo crezca a su alrededor. Pese a que los tentaron, los dueños de Col-Ven decidieron siempre quedarse en el mismo lugar.
El pueblo supera el millar de habitantes. Casas de atractiva construcción, una escuela de enseñanza técnica, el club y una imponente fábrica donde predominan los colores blanco y ladrillo se convierten en el centro de atención, a la vera del km 814 de la ruta nacional N° 11.
Estamos en Guadalupe Norte, distante 350 km de la capital santafesina, en el corazón de Col-Ven SA, la firma que forjaron el temple y el espíritu visionario de las familias Colussi y Vénica -con las primeras tres letras de cada apellido se identificó la sigla de la firma-, un 24 de setiembre de 1973.
La historia comienza a desandarse con el taller mecánico -frente a la actual fábrica- que poseía Rafael Colussi, que atrajo a su primo Néstor Vénica, quien atendía la maquinaria agrícola de su familia. "Trabajábamos los dos en mecánica; yo me inicié después de estudiar en el Colegio Industrial, y Rafael fue mi maestro en esa especialidad", comenta Néstor Vénica.
"Nos complementábamos bastante bien, porque yo tenía ciertos conocimientos en electricidad, electrónica, y él manejaba muy bien la parte hidráulica y neumática", señala orgulloso.
Añade que a Rafael siempre le atrajeron los motores, y "después me contagió el trabajo de arreglar las cosas que otros no podían hacer, como los tractores, principalmente los importados, que tenían un sistema de inyección muy bueno pero bastante complejo y que fracasaron en la Argentina porque no había mecánicos capacitados para su reparación".
"El los arreglaba y quedaban como nuevos; entonces nos juntábamos porque nos gustaba investigar y solucionar los problemas mecánicos".
Fue entonces que un día su primo Rafael Colussi le confesó la necesidad de crear un protector de motores, "porque se están fundiendo por la falta de aceite", le dijo por lo bajo. Y Néstor le contestó: "íPero eso es una cosa muy sencilla de hacer..., y si fuera negocio ya la hubieran inventado!".
"Resulta que a un amigo en común se le fundió el motor de su camión, que llevaba a un grupo de jugadores de fútbol para un partido en la zona. Esa circunstancia hizo que metiéramos la primera baja y arrancáramos", dijo Colussi, echando mano a una frase "fierrera". "En ese momento decidimos que a las 16 horas, si él estaba de acuerdo, empezábamos; si no la cosa no iba a andar", aclaró.
Pero el destino pareció darles un guiño de conformidad, y antes de la hora precitada Néstor Vénica llegó, y debajo de la frondosa sombra de un árbol comenzó a gestarse el proyecto que, con el correr de los años, sería fundamental para el desarrollo de la zona.
Los dos primos hermanos esbozaron unos garabatos en la tierra, acerca de cómo debería ser el protector de motores; mientras, la señora de Rafael Colussi les cebaba unos mates.
Para ambos, el secreto del éxito radicó en la confianza mutua que se prodigaron permanentemente y el legado de sus antepasados, que se basa "en la moral y la religión, que hacen que no le podamos fallar a las personas. Eso lo llevamos bien adentro; tanto es así que la cultura de trabajo de nuestra empresa se contagia a quienes nos siguieron y que son 200 personas", señalan con énfasis.
Todo se basa en la igualdad y pone un ejemplo: "Aquí no hay protocolos, y el barrendero habla con nosotros o con un gerente sin inconvenientes. No hay prácticamente sindicalistas, porque nosotros no abusamos de los empleados, ni ellos de nosotros".
Vénica recuerda con nostalgia cómo un amigo, viéndolos trabajar intensamente en el diseño del protector de motores, les anunció: "Les quiero decir que estoy viendo nacer una empresa".
La firma nació de la nada, porque "estábamos bajo cero", acotan jocosamente, y recuerdan que el lugar donde hoy se levanta esta imponente fuente laboral eran campos donde se cultivaba algodón. Además el sitio en el que se emplaza actualmente Col-Ven era el límite que separaba las tierras de ambas familias.
"No teníamos teléfono, y una carta demoraba una semana en llegar a Buenos Aires. Todo era a paso de tortuga. Un chico que nos ayudada hacía los viajes en una moto, para buscar algunos kilos de cobre para hacer bobinados, en función del poco dinero que teníamos para comprar".
Sin embargo, reconocen que muchas veces estuvieron a punto de abandonar el proyecto -incluso un año estuvo paralizado-, pero la providencial aparición del dueño de unas máquinas cosechadoras que les encargó cuatro equipos protectores les hizo retomar la iniciativa con mayor ímpetu.
Advierten que las bases de la empresa son: "No librar cheques si no hay dinero en el banco; realizar extracciones siempre en partes iguales y llegar siempre al consenso".
Señalan orgullosos que la gente de la zona los ayudó mucho en los comienzos, y recuerdan que fabricaron alrededor de 50 protectores de motores y los instalaron sin cargo en la comunidad.
"Fue la primera vez en la historia de la mecánica que se perforaban la tapa de los cilindros. Hoy, todavía hay gente que se horroriza porque empleamos este procedimiento", confiesa Rafael Colussi, con una amplia sonrisa.
Transcurría el año 1973 y los emprendedores norteños decidieron tentar suerte en la gran ciudad. Partieron hacia Buenos Aires. El objetivo era claro: colocar el protector de motores en Chevallier, la empresa de transporte más grande de la Argentina en ese momento.
"Chevallier tenía varios socios y cada uno era propietario de una determinada cantidad de coches. Había un señor de apellido Martínez que tenía varios colectivos y entonces hablamos con él. Le propusimos instalarle un equipo a prueba, sin cargo y nos dio su aprobación".
�Pero qué sucedió? Cuando Primo, hijo mayor de Colussi, abrió el capot (los motores estaban adelante en esa época) de un Volvo, que tenía seis tapas individuales, y levanta el taladro para perforarlos, "el dueño que estaba mirando dijo: `Cierre nomás!' y no hubo forma de convencerlo".
Pero esa adversidad no los achicó, y al día siguiente volvieron y le dijeron al dueño de las unidades: "Mire señor Martínez, le pido una sola cosa: no se me enoje, pero yo le doy el dinero de la tapa y le pago el doble de la mano de obra. Usted a mí no me da ningún papel, ni recibo, y yo le dejo el efectivo. No aceptó nada y lo instalamos".
Después de dejarle la dirección y el número de teléfono de un pariente en Guadalupe Norte, regresaron al norte santafesino. "A los quince días tuvimos una llamada telefónica de Chevallier que nos pedía 15 aparatos. A un coche se le había roto uno de los codos en la curva de la calefacción y le salvó un motor. Así se instaló el primer Vigía en Buenos Aires".
En la búsqueda permanente de la excelencia de sus productos, Col-Ven SA plasmó en realidad uno de sus anhelos más buscados. El viernes 30 de marzo de 2001 la empresa consiguió que sus sistemas de calidad no sean solamente efectivos, sino que también cumpla con los requerimientos de las Normas ISO 9002, obteniendo la certificación a través del Bureau Veritas Quality International (BVQI), que fue homologado por UKAS Quality Management (Inglaterra), ANSI-RAB (Estados Unidos) y OAA (Argentina).
"Esto es sólo el inicio de un proceso de mejoramiento permanente, no solamente para revalidar la certificación, sino para agregar a nuestros usuarios soluciones siempre útiles y no desalentar sus crecientes expectativas respecto de todos nuestros productos, servicios e innovaciones", señaló con optimismo Marcelo Solís, encargado del área comunicacional de la firma.
En ese aspecto agradeció en nombre de la empresa la colaboración a sus agentes de ventas que a través del esfuerzo cotidiano permiten integrar la calidad objetiva del producto con la percepción subjetiva de parte del usuario.
El gerente administrativo financiero, contador Raúl Voegeli, señaló que Col-Ven es una industria familiar "atípica para lo que es la región donde se encuentra ubicada ya que posee mucha tecnología en una localidad de origen rural".
"La firma busca permanentemente incrementar las exportaciones para no tener una dependencia directa del mercado interno que tuvo permanentes altibajos durante los últimos años", señaló Voegeli.
Luego ponderó que "un 20 % de las ventas son al exterior, excepto durante algunos meses en que esa perfomance puede subir o bajar, pero esa es nuestra media anual", acotó.
"Colusi y Vénica, siempre tuvieron como objetivo, a pesar de que había posibilidades de radicarse en otros lugares con beneficios de promoción industrial, quedarse en Guadalupe Norte".
"Se resolvió instalar la empresa en este lugar, como una forma de integrar e impulsar la zona. Fue una manera de absorber los jóvenes que el campo iba expulsando, a raíz de la baja rentabilidad que generaban las unidades productivas", evaluó Voegeli.
"Estamos exportando a España, donde tenemos a Euro Colven SA que es nuestra distribuidora para el mercado europeo, México, Estados Unidos, Canadá, Australia, Venezuela, Colombia y países limítrofes como para Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil; básicamente colocamos los calibradores electrónicos de neumáticos y los climatizadores".
Voegeli reconoció que hasta hubo embarque por vía área casi diarios, pero luego se decidió que el grueso de las exportaciones se opere mediante la vía marítima.
Al caracterizar a la empresa, Voegeli, resalta que el paquete accionario en su totalidad está repartido entre las dos familias en partes iguales." Es una empresa muy reconocida por dedicarse a su gente", dijo.
En ese sentido destacó que Col-Ven "significó una contención para mucha gente que terminó integrándose a la fábrica. Hay un gran sentido de pertenencia por parte del personal, hay una relación muy especial entre empleados y directivos. Fue creciendo, expandiéndose y creando nuevos productos, donde en un pequeño taller que estaba frente a las actuales instalaciones se levantó una fábrica, después hubo un incendio que la destruyó en gran parte; volvimos a empezar y reinauguramos la planta que tenemos actualmente".
"Una preocupación permanente -aseveró- que tenemos es la constante capacitación de nuestra gente en las distintas áreas y acabamos de certificar las ISO 9002 con Bureau Veritas. Somos la única empresa industrial de la región que logró esa norma".
Los productos más fuertes que posicionaron a la empresa son tres: protectores de motores, que es el primer producto que se desarrolló y se sigue colocando muy bien en los mercados; el calibrador de neumáticos y el climatizador.
Aunque tampoco restó valor comercial a la inserción en el mercado del monitor de pérdidas de granos, los controles de limitador de velocidad y automático de puertas que se usan en ómnibus de transporte urbano.
La variada gama de sistemas de control de alta precisión que fabrica Col-Ven SA incluye los siguientes:
César BenítezFotos: Eduardo Salva(Enviados especiales a Guadalupe Norte)