Alvaro Siza, un gran arquitecto
que dejó su trazo en Rosario
Diseñó un edificio para el Plan de Descentralización Municipal. Su proyecto de minimunicipio para la zona sur se habilitará en diciembre. Por allí circularán miles de personas.
Rosario (C).- Cuando el gobierno rosarino resolvió construir un centro de distrito en la zona sur, en el marco del programa de descentralización municipal, se propuso que el edificio tuviera un carácter singular para la enorme región a la que iba a atender, donde viven 200 mil personas.
Para ello convocó al arquitecto portugués Alvaro Siza, uno de los proyectistas más reconocidos en el mundo, con el fin de plasmar la obra. Siza, de 68 años, dirige y ejecuta actualmente proyectos en Europa, Africa y Asia. Sus diseños sobrios, que expresan resoluciones técnicas de notable síntesis formal y una reconocible preocupación por la iluminación y la prolongación de los espacios, tienen ahora una variante en Rosario.
La atención que convocó la presencia de Siza esta semana en Rosario fue inmensa. Editores de suplementos y revistas de arquitectura y especialistas en su disciplina se trasladaron, desde Buenos Aires principalmente, para entrevistar y escuchar a uno de los grandes maestros de la arquitectura contemporánea.
Siza estuvo en febrero de 1998 en Rosario como jurado de un concurso de viviendas. Un año después se le encomendó el proyecto del Distrito Municipal de Zona Sur. Impresionado por la generosidad del espacio, resolvió acomodar el diseño a una sola planta, con un predio de cuatro tiras de diferentes dimensiones, iluminados naturalmente, abierto en uno de sus vértices. Esa abertura permite observar un enorme patio central. Sobre algunos aspectos generales de la obra y de su concepción de la arquitectura habló con El Litoral.
-¿Cómo procede usted cuando llega a un lugar al que no conoce, pero que lo va a involucrar en su diseño urbano? ¿De qué modo se relaciona con el paisaje y en qué cosas se fija para proyectar?
-La primera cosa a decir es que me relaciono con personas. Establezco contactos. Más tarde, formamos el equipo, en el que siempre se asocian técnicos locales, arquitectos, ingenieros, etcétera, con los que se dialoga y se aproxima más al lugar al que llega. Luego, la ciudad desconocida me impone un estímulo, que agradezco, que genera la voluntad de entenderla, captar su atmósfera, lo que no se hace simplemente con libros. La integración del equipo impone nuevos contactos. El desconocimiento inicial no es una limitación sino un estímulo.
-En el proyecto del distrito que usted diseñó hay resoluciones técnicas costosas que inciden en el presupuesto y que parecen entrar en cierta contradicción con la arquitectura más sobria que lo distingue.
-No encuentro a esto contradictorio. La austeridad es una palabra que no me gusta mucho. Los edificios no son austeros. La simplicidad, como resultado de un esfuerzo de creación que me parece conceptualmente lo opuesto de simplismo, es preferible. La simplicidad exige mucho esfuerzo. Pero debo decir que estoy lejos de ser un arquitecto que practique una construcción cara. A veces hay una confusión entre calidad que depende del esfuerzo y el lujo. Hay cierto tipo de calidad a la que todos tienen derecho, sean ricos o pobres. Una obra como el centro de distrito sur tendrá una influencia grande en la población local y motivará una exigencia tanto en cada casa, como en relación a la inversión pública en la zona. Entonces hay cosas en apariencia caras que no son caras. Pero incluso ésta no es una obra cara.
-Esta obra, por su concepción, está destinada a la circulación de mucha gente. En líneas generales, ¿a qué cuestiones presta atención cuando tiene que encarar un proyecto destinado a un importante uso público?
-La primera cosa importante para mí es que uno llegue al edificio y sienta dónde está el acceso, la puerta, sin tener que colocar un pórtico para ello. Lo segundo es que la persona entre al edificio y sin hacer el mínimo esfuerzo sepa dónde dirigirse. La tercera cuestión, ligada a esto último, es que esa persona pueda leer lo que sugiere el edificio y por tanto desplazarse sin ninguna dificultad: evitar la profusión de carteles y letras que terminan por provocar confusión. Eludir esa cuestión que hace de un edificio público una cosa ilegible y por tanto no confortable.
-¿Qué tipo de influencia espera o pronostica a su obra en relación con su entorno?
-La obra realmente contribuye a una elevación de nivel de la zona que desencadena sentimientos y acciones. Siendo mi preocupación destacar el edificio público, no quería poner en cuestión la continuidad con el barrio. Eso explica por qué es de un piso solo, por qué se ajusta a la periferia de árboles, de salvar la distancia del entorno, que es modesto. Hay una gran horizontalidad en el barrio, propio de las periferias, enmarcados por árboles maravillosos como el palo borracho, que parece una escultura.
Vi que los espacios son continuos, cada casa tiene un jardín por aquella zona, por lo que los objetos aparecen con volumen, tuve la intención de respetar ese carácter. Este edificio es grande, está rodeado por árboles, hacerlo de un piso sólo le da un desarrollo importante. Pensé que la forma de destacar el edificio no era darle un gran volumen. Quise hacer un gran patio para que la gente, desde allí, leyera el verde del entorno exterior. Eso se logra.
No soy tan voluntarista como para pensar que la potencia de un edificio absolutamente ajeno al barrio va a desencadenar una transformación súbita de las condiciones de ese ámbito. Quiero participar, desde el proyecto, para el desarrollo de ese sector, pero no pensando en una transformación radical de la zona.
-Una pregunta algo provinciana: quiero saber qué impresión se lleva de la arquitectura de Rosario, que tiene síntesis representativas de otras ciudades de la provincia de Santa Fe.
-Sobre la arquitectura contemporánea no tuve posibilidad de ver mucho. Sobre la tradición arquitectónica en Rosario, la encuentro admirable, con su centro tan expandido. Soy un viejo apasionado de las casas chorizo. Las conocí en Córdoba y aquí existe con mucha continuidad. Es una tipología absolutamente a conservar porque, además, resume la historia de la arquitectura reciente, ya que hay casas chorizo de arquitectura romántica, ecléctica, art-decó, modernista... Además sus interiores tienen una fantástica adaptación al clima. Me gustaron los grandes almacenes frente al río, las estaciones del ferrocarril abandonadas. Fue un aprendizaje. Aprendí con este paso.
La obra de Alvaro Siza se incorpora al Plan Municipal de Descentralización. Este programa -que funciona hace cinco años en el marco de la gestión del intendente Hermes Binner- partió de la idea de ofrecer a los vecinos de la ciudad una resolución a sus trámites más eficaz sin salir de la zona donde viven.
La ciudad de Rosario fue dividida para ello en seis áreas en cuyas cabeceras funciona un edificio público. Allí hay delegaciones de todo tipo de dependencias municipales, minibancos, oficinas recaudadoras de servicios de agua, gas y energía. También dependencias del Registro Civil, por lo que los vecinos pueden casarse civilmente o inscribir nacimientos allí.
El edificio que proyectó Siza está ubicado en la avenida Uriburu, entre Buenos Aires y Juan Manuel de Rosas. La obra está ejecutada en un 80 por ciento y será habilitada en noviembre. Atenderá un área muy densamente poblada: viven en la zona 200 mil personas.
HERNAN LASCANO.