Día de la flor nacional
El 22 de noviembre se conmemora el día de nuestra flor nacional, conocida como la fulgurante flor del seibo (o ceibo).
El seibo, bien llamado "padre de las islas", es de la familia de las leguminosas, subfamilia papilionoideas; su género botánico es la Erythrina y se lo conoce con las siguientes acepciones: ceibo, chopo, seibo rioplatense, seibo de las islas, suiñandí, zuiñandí, corticeira.
El nombre guaraní "suiñandí" podría ser descompuesto en sus partes elementales como "árbol verrucoso que vive junto al agua". El nombre "corticeira" es el que le dan en Brasil y hace referencia al corcho (corteza exterior), en portugués.
El nombre Erythrina se origina en el vocablo griego "erythros" que significa "rojo", debido al color de sus flores, y el nombre específico de una de las especies argentinas autóctonas es "crista galli", la que alude al color semejante al de la cresta de los gallos. Por su porte y brillantes inflorescencias, los seibos se destacan entre la profusa vegetación verde. El género Erythrina posee unas 104 especies de las cuales 51 son americanas, 32 africanas, 18 asiáticas y 3 australianas.
En la Argentina hay 3 especies indígenas: Erythrina crista galli, Erythrina falcata benth o "seibo de Jujuy", Erythrina dominguezzsi hassler o "seibo chaqueño".
La Erythrina crista galli es una especie característica de la formación fitogeográfica llamada "bosque en galería". Además de encontrarse orillando los cursos de agua, es frecuentemente observada en sitios húmedos como pantanos y esteros del norte argentino. Pero principalmente acompaña a los ríos Paraná, Salado, Dulce y otros, por lo que su distribución geográfica comprende las provincias del norte de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Chaco, Formosa, Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba.
Nuestro hábitat ribereño lo acoge con simpatía, pudiendo desarrollarse a lo largo de lagunas y esteros: es el seibo el primer árbol que ha de formar el islote en formación, cuando los bancos se van elevando hasta emerger las aguas en desborde de pajonales, juncos, totoras. Las sólidas raíces del seibo afirman el suelo y contrarrestan la erosión provocada por el agua.
Árbol por lo general bajo, en ejemplares muy viejos puede alcanzar los 10 metros de altura y 60 centímetros de diámetro en su tronco; frecuentemente se presenta como simple arbusto de 3 a 4 metros de altura, de follaje caedizo. Tronco por lo general breve, más o menos tortuoso, de aspecto desgarbado, achaparrado. Corteza gruesa y rugosa, pardo grisácea, con surcos longitudinales y transversales. Ramas provistas de aguijones curvos.
Las hojas son alternas, compuestas con 3 folíolos lanceolados o elípticos aovados, el terminal mayor que los laterales puesto que llega a medir de 6 a 14 centímetros de largo, en tanto que los otros oscilan entre los 5 y los 9 cm.
Las inflorescencias se presentan en racimos multifloros que aparecen sobre ramillas terminales. Las flores son amariposadas, hermafroditas, carnosas, de color rojo carmín (también hay ejemplares con flores color rojo oscuro y hasta blanco), de 4 a 5 centímetros de largo. La corola posee 5 pétalos de los cuales el más vistoso es el estandarte. Como curiosidad, estas flores son resupinadas, vale decir, invertidas con respecto a la posición que se considera normal.
Es fruto es una vaina encorvada, comprimida entre las semillas, de 10 a 15 centímetros de largo y 1,5 de ancho, que encierra de 2 a 8 semillas a veces rojizas, marmoreadas de negro, pardo oscuras, un tanto cilíndricas.
El árbol proporciona un leño blando y liviano, blanco amarillento, poco firme y poco resistente, de aplicaciones locales.
Una característica de este árbol, pero no exclusiva de él, es la llamada "lluvia del seibo", provocada por un pequeño insecto -el Cephisus siccifolius-, de vasta dispersión americana desde México hasta la Argentina y Uruguay. Con respecto a este hemíptero, el zoólogo Torres expresa: "A mediados de la primavera y comienzos del verano, es posible observar en las plazas, parques y paseos cómo de las ramas de ciertos árboles (tipas, seibos, acacias) cae en forma continua una especie de `lluvia', particularidad que les ha valido a los mismos la denominación de `árboles de lluvia' o `árboles llorones'. Esta lluvia es producida por el cercópido Cephisus siccifolius durante el período de su alimentación. A medida que éste va realizando el drenaje de la savia de la planta huésped, expele la misma por el ano, formándose de esta manera copos de espuma que aumentando de tamaño terminan por caer al suelo y en su continuo gotear dan la impresión de una llovizna, encontrándose dentro del líquido espumoso el insecto inmaduro en plena tarea".
Aunque su madera es mediocre, no deja por ello de tener aplicaciones, sobre todo locales: sirve para fabricar tarugos para caballerizas (por su blandura y suavidad impiden que se dañen los cascos de los caballos jóvenes), colmenas, aparatos ortopédicos, armazones de monturas, carritos transportadores de leña, construcción de balsas, tallas y esculturas. La corteza gruesa se emplea como corcho y en curtiduría por su riqueza en tanino. También ha sido empleada en medicina popular, especialmente para curar llagas y heridas, ya sea en infusión o en polvo luego de ser tostada. Las flores, hervidas en agua y azúcar, han sido utilizadas para combatir la convulsa. La planta y especialmente las semillas poseen una poderosa acción curativa debido a la presencia de alcaloides.
La maravilla de nuestra flor nacional es observada diariamente en nuestra ciudad en calles y avenidas, en varias regiones de nuestro país y por sobre todo en los albardones costeros donde crece naturalmente. Es parte de nuestra herencia, su raíz se hunde en nuestros orígenes y sin embargo es uno de los tantos hechos que nos pasan inadvertidos. El seibo nos identifica, nos representa, nos distingue, nos alegra y embellece.
Texto y foto: Arq. Ezio MazzarantaniPte. Centro Protección a la NaturalezaMiembro Asoc. Coop. Estación Zoológica Experimental