Matisse y Picasso, la
relación entre dos genios
El complejo vínculo entre dos gigantes del arte del siglo XX, Henri Matisse y Pablo Picasso, que osciló de la rivalidad a la admiración, es el sujeto de la exhaustiva exposición que inauguró días pasados la Tate Modern de Londres.
En la muestra ``Matisse Picasso'' han trabajado durante nada menos que siete años hasta seis comisarios de tres entidades de fama mundial: la Tate de Londres, la Agrupación de Museos franceses y el Moma de Nueva York.
A lo largo de sesenta obras, agrupadas a menudo de dos en dos -un ``Picasso'' y un ``Matisse''-, la exposición pone de manifiesto unas veces las enormes similitudes de los trabajos de ambos artistas, y otras sus vastos contrastes.
``Nadie ha examinado sus cuadros con tanto detenimiento como yo, y nadie ha examinado los míos con tanto detenimiento como él'', decía Picasso de Matisse.
Y su colega replicaba: ``Nuestras diferencias eran amigables. A veces estábamos extrañamente de acuerdo... Picasso y yo nos sentíamos a gusto el uno con el otro. Nos dimos mucho mutuamente en nuestros intercambios''.
Según explicó el director de la Tate Gallery, Nicholas Serota, el objetivo de la exposición es ``revelar el modo en que se influyeron mutuamente a lo largo de su vida, e incluso después de la muerte de Matisse, en 1954''.
Aunque tradicionalmente se los ha contrapuesto -Matisse, el amo del color y de la calma; Picasso, el maestro del dibujo y la fragmentación-, cada uno influyó en el otro más, quizá, de lo que ambos quisieron admitir.
``A pesar de su rivalidad profesional en los comienzos, llegaron a reconocerse mutuamente como los únicos auténticamente iguales, y al final su relación fue cada vez más estrecha en el terreno de lo personal y cada vez más importante en el campo profesional'', agrega Elizabeth Cowling, una de las comisarias de la exposición.
La comparación permite descubrir que ya en los tiempos en los que se conocieron (en 1905, cuando Matisse mediaba la treintena, y Picasso, doce años más joven, acababa de cumplir los veinte), ambos artistas compartían un terreno temático similar, como muestran los cuadros ``Niño guiando a un caballo'', del español, y ``Le Luxe I'', del francés.
En aquella época se encontraban con frecuencia en el departamento parisino de los estadounidenses Gertrude y Leo Stein, donde Matisse introdujo al malagueño al arte africano y donde los dos comenzaron una relación de ``entrañable rivalidad''.
Esta situación continuó hasta 1917, un período de intensa innovación para los dos artistas, que da obras como el ``Desnudo azul'', del francés, o el primitivista ``Desnudo con brazos alzados'', de Picasso.
Una de las salas de la exposición examina la relación de ambos con el cubismo, un movimiento que el fauvista Matisse fue aceptando a medida que se estrechaba su relación con el joven español: algunos ejemplos son los ``Marroquíes'' de 1915/16, y ``La lección de piano''.
En 1917 Matisse se mudó a Niza y los dos creadores se separaron a medida que Picasso se implicaba cada vez más en el movimiento surrealista.
Sin embargo, siguieron estudiando las obras del otro, y a lo largo de los años '30 su fama y su interés por el arte basado en el realismo los reunió de nuevo.
Tras la Segunda Guerra Mundial Picasso se marchó a vivir al sur de Francia, y la relación entró en su fase más estrecha, como reflejan el ``Gran interior rojo'' (1948), de Matisse, y el ``Estudio en Cannes'' (1955), de su colega.
A la muerte del genio francés, Picasso pintará diversas variaciones sobre este tema, entre ellas el ``Estudio en La Caroline'', un cuadro que podría haber firmado perfectamente su colega si no fuera porque el color está completamente ausente.
En cambio, la escena es casi de luto: la paleta del pintor está arrinconada, el lienzo en blanco, y hasta una estatuilla sobre la mesa aparece vencida por la tristeza.
La sección final de la muestra exhibe las esculturas de la última época de Picasso, planas como pinturas, y las siluetas de la etapa postrera de Matisse, que él mismo comparó con estatuas.
Es un diálogo del que ambos eran muy conscientes. Como dijo Picasso en su día, ``nosotros tenemos que hablar tanto como podamos. Cuando uno de los dos se muera, habrá cosas de las que el otro no podrá hablar con nadie más''.
Macarena Vidal (EFE)