El muerto se asusta del degollado
Por Arturo Lomello
No se necesita ser filósofo académico para acertar con verdades incuestionables. La sabiduría popular suele tener una contundencia muy certera, frecuentemente despreciada por no estar vestida con ropajes lujosos.
Una frase que viene muy oportuna para los momentos que estamos viviendo es aquella que dice: "El muerto se asusta del degollado". El panorama desolador que presenta nuestro país con dirigentes que viven enrostrando a los demás lo que es responsabilidad de todos le da absoluta vigencia al dicho.
Unos y otros se despellejan con fines electoralistas en lugar de asumir los errores cometidos y buscar de aquí en más las soluciones que llegarán precisamente cuando "el muerto deje de asustarse del degollado".
Se vive en una cruda y encarnizada competencia para demostrar que los de la vereda de enfrente o los que nos antecedieron son los culpables de lo que ocurre. Así se pierde el tiempo y las energías en un intercambio inacabable de acusaciones, mientras la generalidad de la población continúa afrontando la crisis más grave de la historia argentina.
¿Qué será necesario para que nos despertemos de una vez? ¿Que sigan sufriendo de desnutrición miles de niños? ¿que los ancianos luego de trabajar toda la vida no tengan dinero para comprar los medicamentos que necesitan? ¿que nuestra única esperanza esté depositada en el campeonato de fútbol? ¿que la única salida ante la falta de trabajo sea dedicarse a la delincuencia para poder subsistir?
La desesperación es muy mala consejera. Dejemos de ocuparnos de las faltas del vecino y encaremos las propias. Encaremos esa inercia que nos lleva al lamento pero no a la iniciativa creadora y a la solidaridad.
El descrédito en que han caído nuestros dirigentes en general es el efecto de esa miserable lucha por el poder y por la evidencia de que la gran mayoría ha mostrado solamente una ambición egoísta o una total falta de reconocimiento de los propios errores.
Pero eso no abarca solamente a los dirigentes, nos abarca a todos. Es indispensable que "el muerto no se asuste del degollado". La única manera de que salgamos de esta tremenda crisis.