México. - Juan Pablo II se disponía a decir adiós hoy a México y al continente americano con la beatificación de Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, dos indígenas, su causa principal en esta gira que podría ser la última por la región tras diez agotadores días de actividades.
La defensa de los derechos indígenas, la necesidad de un desarrollo que tenga en cuenta sus intereses, y al mismo tiempo, el llamado a que los millones de indios asuman con responsabilidad su futuro centraron los discursos del Papa, de 82 años de edad.
El baño de multitudes que disfrutó el Sumo Pontífice ayer parecía dispuesto a repetirse hoy, con el inicio de la última jornada papal en la capital mexicana.
Medio millón de personas se concentraron ante la Basílica de Guadalupe para celebrar con el Papa ayer la canonización del primer indígena americano, Juan Diego.
Según las fuentes policiales de Ciudad de México, hasta 4,2 millones de personas pudieron ver de cerca al Sumo Pontífice durante su trayecto por las calles de la capital.
El Papa mostró gran entereza, especialmente en los trayectos de 20 Km. entre la Nunciatura mexicana, donde residió estos dos días, y la Basílica guadalupana.
El cansancio, sin embargo, pudo con él al término de la misa con que la Iglesia mexicana cerró de forma espectacular la canonización de Juan Diego.
El Pontífice llegó el martes a México tras ocho días de gira por Canadá y Guatemala, con rostro y ademanes cansados, aunque visiblemente emocionado por la acogida.
Después de la beatificación de los dos indígenas oriundos del Estado de Oaxaca, considerados mártires por la Iglesia, Juan Pablo II volará a Roma.
"Es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico", añadió el Papa.
Pobreza e indigenismo fueron los dos temas de los que hablaron el Papa y el presidente Vicente Fox en un encuentro privado ayer, los mismos que abordó con el presidente guatemalteco, Alfonso Portillo, el martes. (AFP)