Consolidado como el candidato oficial "no menemista" del justicialismo, Néstor Kirchner logró ubicarse primero en la grilla de intención de voto, con un 17 % de apoyo. Su primacía es desafiada de un modo directo por el propio Carlos Menem (15 %), cuyo ascenso durante las últimas semanas preanuncia una polarización de cara al inevitable ballottage que definirá la elección presidencial. En esta instancia, no obstante, se impone el rechazo al riojano, que pierde en cualquier escenario hipotético.
Así surge de las conclusiones de un sondeo realizado por la empresa Ibope y del análisis de Enrique Zuleta Puceiro basándose en esos datos, cuyos principales aspectos se reproducen a continuación:
En el caso argentino, esta situación nunca se presentó, porque tanto en 1995 como en 1999, la barrera del 45 % eliminaba, en un esquema de competencia cuasi-bipartidista, la posibilidad de segunda vuelta. Casi por definición, en una competencia entre dos partidos, el primero está desde un principio sobre el límite de la mayoría necesaria. En consecuencia, la elección se polarizaba prematuramente impidiendo apenas iniciada la campaña el juego de la doble preferencia en que se basa la idea del ballottage, común en países con tradición multipartidista y sistemas de ballottage -especialmente el caso francés.