Basta con acercarse al club Unión y Progreso para observar algunos rasgos que quedan al desnudo en la charla con Héctor Bontempi sobre las virtudes de un arte antiguo como el karate, que alcanzó enorme acogida en Santa Fe desde el momento en que se radicó la escuela Miyazato.
Chicos muy pequeños y hombres de avanzada edad practicando esta disciplina con la misma pasión y empeño, permiten suponer que para ella no hay edades ni mucho menos limitaciones de sexo. Y que los beneficios no son exclusivamente corporales, sino que también se perciben en la faceta espiritual.
-Héctor, ¿el karate do sirve como deporte propiamente dicho, como defensa personal o es un arte que eleva el espíritu?
-Como defensa personal es muy bueno, pero si me quiero proteger de algo me compro un arma, porque es más barato y efectivo. Y además, yo me puedo defender de uno, de dos o de tres, pero si el cuarto tiene un arma, ¿qué hago? Me inclino más por la faz espiritual, porque es algo que ayuda a la vida misma, a superar los problemas y escollos que la vida común te plantea.
-¿Por qué llegan los chicos y jóvenes a la práctica de este deporte?
-Los niños pueden venir atraídos por algunas películas o programas. El karate no es moda, por lo tanto no es masivo. La gente que viene es porque conoce al instructor o porque llega recomendado por algún amigo o un ser querido. Nosotros no queremos que el chico venga para llevarse un trofeo los fines de semana a su casa, por eso no promovemos el deporte como competición.
Esta disciplina se inicia en el siglo XIV, cuando recién aparecían las armas de fuego, y más tarde se utilizó como método de defensa contra los piratas y usurpadores. En ese momento, era pelear contra una lanza, un sable o un cuchillo. No existía el arma de fuego y todo se hacía más parejo, y ahí sí era útil como medio de defensa personal. Y efectivo. Pero ahora no.
-¿Por qué decís que no existe un espíritu de competencia?
-Nosotros practicamos el estilo Shorin Ryu, que es más completo y diferente que otros estilos. En la competición deportiva se gana o se pierde. En el karate, ganar es vivir y perder es morir. Es como en el far west, matar o morir, porque no te van a contar hasta diez en una pelea como ocurre en boxeo. A partir de eso es que analizamos la parte deportiva. Y te imaginás que no se lo puede promover como una actividad competitiva con semejantes parámetros.
-¿Tiene algo de yoga?
-Tiene básicamente una parte de mucha concentración, pero es física. O sea, el que practica karate tiene que estar muy metido en su actividad, pero no es algo que desarrolle en forma liviana o light. Si bien se trabaja en movimientos preestablecidos y como algo rutinario, igualmente se exige una gran concentración.
En el caso nuestro, por ejemplo, que ya llevamos muchos años en esto, trabajamos en función de lo que te puede pasar en la calle. ¿Qué pasa si te agarran entre dos o tres?, tenés que percibir lo que va a hacer el otro, intuir cómo será el ataque. Y para eso necesitás mucha concentración.
-¿Existe el riesgo de que se torne agresivo el que lo practique?
-El chico o el adolescente que viene con la idea de aprender a pelear, no resiste el trabajo de base. ¿Por qué?, porque en la primera etapa se aprende la postura de defensa, que exige un enorme trabajo físico. Y a partir de allí es un paso a paso que dura mucho tiempo.
Entonces, ese trabajo de base es un filtro, y los chicos que vienen con otra intención, que puede ser la de aprender enseguida a pelear, se terminan yendo porque no superan o no soportan ese aprendizaje de base.
-¿Cuál es la edad ideal para empezar en esta actividad?
-Nosotros tenemos chicos de cinco o seis años, y no tenés edad arriba, porque existe el caso de señores de casi 50 años que recién empezaron. Como esto no es competitivo, yo no te voy a exigir que des más para ganar algo. Si no que te voy a exigir que pongas ganas para mejorar y que no te sientas nunca cansado.
-¿Cuánto hace que estás en esto?
-Hace 20 años y empecé de grande, porque ya tenía más de 30 cuando arranqué. Eso sí, fueron 20 años sin parar y hubo etapas en las que practicaba y daba clase todos los días, salvo los domingos.
-¿Por qué empezaste?
-Todo arrancó por un problema de salud que me llevó a estar decaído anímicamente. En realidad, acá llegué con la intención de aprender karate para romperle la cabeza a alguno que me hacía la vida imposible y no tengo ningún empacho en reconocerlo.
Fui a la Asociación Japonesa donde estaba sensei Hirai y un instructor me dijo en aquel momento que si pensaba que sólo iba a aprender a pelear, estaba equivocado. A partir de allí, encontré el verdadero sentido del karate que me fue fortaleciendo interiormente. Para mí, romper una madera con un golpe no fue nunca tan importante como solidificarme adentro.
-¿Lo secundario terminó siendo primario?
-Te cuento una anécdota: en la época medieval, el samurai llega con toda su arrogancia a preguntarle al anciano sacerdote cuál era la diferencia entre el cielo y la tierra. El anciano lo miró y le contestó: "Si no fuese por la investidura que traes, juraría que eres un campesino (la casta más pobre)". A todo esto, el samurai, sonrojado, desenvainó el sable con el fin de cortarle la cabeza, el hombre le pegó el grito y le dijo: "Eso es el infierno". Entonces, el samurai guardó el sable y le pidió disculpas. Allí, el anciano dijo: "Eso es el cielo". Consecuencia: con el paso del tiempo, se va perdiendo agresividad. Y el fiel reflejo de todo lo que te estoy diciendo está en el símbolo del karate, que es una flor porque es algo querido por todos; blanca porque simboliza la pureza; tiene en el medio la "k" de karate que es roja, porque es el fuego sagrado que todos debemos guardar adentro para ser fuertes. El anciano no se dejó avasallar por el samurai y le terminó dando una lección.
Es muy interesante la definición que dio un quinto dan, alumno e instructor de la Academia Miyazato, de nombre Angel Gargiulo, cuando se lo consultó sobre su experiencia personal en el karate-do.
Dice que es prácticamente imposible definir una vivencia. Y dio un ejemplo: "una persona puede estudiar minuciosamente un plano de París, notar una por una sus calles, sus direcciones, puede repasar las series de las fotografías del Louvre y de cada uno de los monumentos de la ciudad. Esta idea podrá ir perfeccionándose conforme los estudios se hagan cada vez más minuciosos. En cambio, veinte minutos de paseo por París son una vivencia. El estudio es una mera idea, una representación, un concepto, una elaboración intelectual. Lo otro es vivirlo, vivir con él, tenerlo propia, realmente y no a través de una sustitución".
Es difícil transferir una experiencia. Se puede hablar de todos los beneficios en cuanto a la salud, a lo psíquico, a lo espiritual, pero lo verdaderamente importante es lo que cada uno vivencia a través de la experiencia de practicar este arte marcial.
El Dojo Tomodachi funciona en el club Unión y Progreso, situado en Angel Cassanello y República de Siria, siendo los horarios de clase los lunes, miércoles y viernes, a las 19, para los menores y a las 20.30 para los mayores.
El karate do cumplió 35 años de existencia en Santa Fe el año pasado, ya que fue instalado en 1967 y desde allí funciona en forma ininterrumpida, lo cual habla a las claras del éxito alcanzado.
Enrique Cruz (h)