Se acabó el sufrimiento. Que duele igual o más que las cuatro veces anteriores en la historia rojiblanca. Una cosa debe quedar en claro, porque muchos mercenarios de turno pretenden con su mensaje cambiar la esencia de este juego devenido en negocio llamado fútbol: a nadie le duele más un descenso que al corazón del socio o al sentimiento del hincha. Que con eso no jodan. Porque la pasión no se compra ni se vende. Gracias a Dios.
Si bien estadísticamente quedará registrado como la primera pérdida de categoría en condición de local, el de ayer fue -sin dudas- el descenso más triste de toda la historia rojiblanca. Porque este descenso se veía venir y nadie hizo nada para evitarlo (N. de R.: cualquier parecido con algo de la realidad es pura casualidad).
Siempre quedó la sensación de un equipo que estaba descendido antes en la cancha que en la temerosa tabla de los promedios. Parecía que los resultados ajenos y el fixture le tiraban una soga a un Unión que nunca se dio cuenta. Porque perdió cinco partidos en forma seguida, con el agravante de caer derrotado con Arsenal, Talleres, Central y Chicago, todos competidores directos en la zona peligrosa.
Unión se fue al descenso desde todo punto de vista a la hora del análisis estadístico. Se fue por los promedios, pero si éstos no hubieran existido se iba al descenso igual: con 40 puntos en 37 partidos es el peor equipo de la temporada 2002-2003 junto con Huracán. Lo mismo que la pasada 2001-2002 cuando también terminó penúltimo con 39 puntos en los 38 partidos y se salvó con la Promoción.
El fútbol profesional de Unión colapsó desde el mismo momento que los actuales dirigentes echaron a Nery Alberto Pumpido, en junio del 2001. Fue hace exactamente dos años, cuando el que por ahora sigue siendo mejor técnico de Sudamérica (le quedan dos días, hasta que Bianchi o Leao lo sucedan el miércoles) dejó a Unión con 1.315 de promedio y la friolera de 8 equipos debajo en la tabla del descenso: Los Andes, Almagro, Belgrano, Argentinos Juniors, Racing, Estudiantes de La Plata, Lanús y Chacarita Juniors.
En el fútbol pareciera ser que lo único absoluto son las estadísticas. Todo lo otro pasa a ser relativo. Y, a veces, los números se acercan mucho a algo parecido a la siempre mencionada objetividad periodística: