"Si tienes dos panes, vende uno y cómprate un lirio". Sirva este viejo proverbio oriental de introducción para recordar a un hombre que, aunque no siempre tuvo el pan cotidiano duplicado, compró y compartió la flor del espíritu que se cultiva en los vergeles del arte.
Consecuente con la voluntad de su padre, Athos Palma (1891-1951) durante seis años y ya casi por doctorarse en medicina, renunció a esa carrera porque sentía no ser la suya, pues su vocación, aún sabiéndola surcada por rutas ni fáciles, ni cómodas, lo llevaba hacia las metas del arte. "La composición musical es una rosa defendida por sólidas espinas". Como complemento de su formación intelectual, cursó estudios de Filosofía y Letras que habrían de procurarle el saber y el método para aplicar más tarde también a la enseñanza, de la cual hiciera un apostolado fecundo y trascendente.
Entregado por entero a lo que significó una pasión en su vida, trató de ampliar sus conocimientos trasladándose a Europa. Seducido por el movimiento impresionista de la "école de París" sus primeras obras evidencian su influencia: "Los maestros de la vieja generación, entre los cuales me incluyo, estamos influidos por los estudios que oportunamente realizamos en Europa. Aprendimos en ella a amar a Debussy, Mussorsky y Ravel, antes que el canto de nuestras tierras y si bien el tiempo nos ha despojado un poco del ropaje extranjero, no podemos prescindir de él en absoluto, pues es parte de nuestro yo espiritual".
A esta tendencia europeísta le seguirá la tendencia nacional, identificándose poco a poco, a través de un refinado sentido folclórico, con el alma de la tierra. Marca el punto de inflexión entre ambas tendencias una corriente espiritualista que se insinuaba en el país por la curiosidad provocada por el Premio Nobel de Literatura otorgado al poeta y filósofo hindú Rabindranath Tagore, la posterior visita de éste al país y casi al mismo tiempo, la publicación en la revista "Atenas" de la notable traducción castellanizada de Joaquín V. González de los poemas de Kabir, uno de los testimonios poéticos más bellos de la India del Siglo XV. Es bajo la influencia de esta diferente visión poética del mundo espiritual que Palma escribe canciones sobre poemas tagorianos y su Opera Nazdah (La Nodriza), con argumento tomado de un conocido cuento de Eca de Queiroz.
Luego y ya marcando la tendencia americanista vendrán: "Los hijos del Sol" y la Suite "Cantares y danzas de la llanura". "La música sinfónica se enriquece con esta obra que, une positivos méritos musicales y no escaso valor americano... Las cuatro partes: Vidalita, Tango, Requiebro y Gato, aristocratizan las expresiones populares que la integran". (Diario "La Prensa" 1924).
"Muchas veces el hombre que planta el bosque sabe que no gozará de su sombra y sin embargo abre la tierra y siembra" (José Manuel Estrada); su siembra está esparcida en el trabajo infatigable de educador y en el sucederse también, de cargos públicos, cuya acción rectora nunca supo de improvisaciones, ni oportunismos, trascendiendo siempre el ámbito de lo rutinario, lo común, lo burocrático.
Transmitía el optimismo que emanaba de su propia fe y que se trasuntaba en una afectuosa cordialidad hacia todos aquellos que se acercaban a él, ya sea a sus despachos, en su cátedra en el "Conservatoria Nacional de Música y Arte Escénico" (hoy "Carlos López Buchardo"), en su casa, o para participar en las tertulias por él organizadas o en las clases con que reforzaba sus magras entradas económicas.
"¿Quién, coinciden sus alumnos Carlos Gustavino y Alberto Ginastera -entre otros- dejará de recordar las clases dentro del estrecho ámbito de la calle Azcuénaga...? Las lecciones de Armonía y Composición trocábanse en animadas conversaciones que se prolongaban fuera del horario habitual, hasta la calle, el tranvía, el café y a menudo el viejo restorán de Cangallo, frente a la "cortada" de Carabellas...". Este mismo sitio sirvió de ágape festivo a acontecimientos inolvidables, el más original, cuando se celebró el triunfo del Maestro en un Concurso de Tangos, "ípecado de leso arte!" -repetía- realizado para recaudar fondos para la humanitaria obra de la asistencia pública, justamente "Asistencia" era su título.
En oportunidad de ganar el Concurso Anual de Operas de Autores Argentinos, organizado por el Teatro Colón, inmediatamente sobrevino el gran problema de copiar el material de orquesta rápidamente, cuestión difícil para un compositor que no contaba con los medios económicos que le permitieran movilizar a varios copistas profesionales. Fueron sus propios alumnos que, con todo cariño, suplieron la pericia y rapidez requerida en esa ocasión...
Con el tiempo, y aún en la plenitud de su arte, lamentablemente comienza a adueñarse de su espíritu un melancólico y casi supersticioso temor, que se mueve entre el anhelo de alcanzar la perfección y la abstención de la propia obra. Autosilenciación, que lo lleva paulatinamente a detener el estímulo de su energía creadora, truncando para siempre el camino de la vocación en la que cifrara sus primeras aspiraciones: la composición musical.
En ocasión del único homenaje que su natural modestia permitiera, un ex alumno y en representación de todos los presentes, expresó: "...Los que nos hemos formado bajo su infatigable vigilancia, sabemos del valor de la mano que abrevia el esfuerzo en el abatimiento, o acrecienta las dificultades para exigir el sumo rendimiento en la plenitud del esfuerzo; sabemos huir del elogio engañoso para acogernos a la parquedad de la apreciación exacta y estimulante, sabemos en fin, cuánto lleva de hondo la palabra MAESTRO".
Vaya este recuerdo también para todos aquellos que como él, durante largos años profesaron el nobilísimo magisterio como vocación y como Arte en el Amor y la Verdad.
Nidya Mondino de Forni.