El 21 de setiembre, Día del Artista Plástico, ppdo. fue inaugurado el VII Salón Primavera organizado por la Asociación de Artistas Plásticos Santafesinos, con el auspicio de la Subsecretaria de Cultura de la Municipalidad de Santa Fe, el Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial y la Fundación Santa Fe de la Vera Cruz en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas de la ciudad de Santa Fe.
Las entidades auspiciantes instituyeron para este salón premios que luego detallaremos. El VII Salón Primavera reúne y exhibe trabajos correspondientes a las secciones sentidas como de rutinaria convención, sin asomo de hipótesis plásticas desentumecedoras o nuevos desafíos técnicos, estilísticos o conceptuales que inyecten vital interés tanto a esta como a otras convocatorias similares.
Las secciones aludidas son: Pintura, Dibujo, Grabado y Escultura. De estos cuatro apartados señalados, el que muestra mayor cantidad de trabajos a la vista es la Sección Pintura. Esta elección se viene manifestando reiteradamente en salones locales, con el hipotético argumento de que la vibración personal ante los productos plásticos emergentes del tratamiento de la forma y el color en el plano son acicate movilizador para la creación artística pictórica. En rigor de verdad muchas veces, por cierto más de lo esperado, el atajo que supone la pintura como proceso plástico es el camino que se adopta frente a las exigencias propias en otros rubros. Dicho sin ambages, la pintura suele conceder la posibilidad de seductoras trampas, enmiendas y reorientaciones supuestamente salvadoras, pues la sensualidad del color y la textura son espejismos que, vistos a la distancia reflexiva, sólo son circunstanciales y atractivos cristales de cobertura, que ocultan limitaciones tanto fácticas como conceptuales.
En este Salón hay muchos naufragios manifiestos en pobres producciones de circunstancia o trabajos vistos aquí y allá una y otra vez. Este Salón, supuestamente entendido como de estímulo al crecimiento artístico local, desnuda sus limitaciones con criterios de aceptación laxos, exhibiendo obras que sólo son modestos anhelos. Flaco favor se hace al arte y a los artistas cuando los criterios de admisión subrayan aspectos y pautas afectivas por sobre cuestiones de riesgo y calidad. En esta como en otras oportunidades se aplaude desde esta columna la producción artística, sin dejar de señalar los desaciertos que, exhibidos en el marco consagratorio del salón de marras y del museo señalado, inducen a confusión entre propios y extraños.
Se exhiben obras de autores que en otras convocatorias y salones han manifestado probadas calidades y conocimientos que aquí no aparecen, entendiéndose esto como un ocasional "traspié" a señalar: ("El Protector", acrílico; "Un dulce recuerdo", óleo; "Exodo de abril" óleo; "Juntos en la noche", óleo; "Made in Santa Fe", acrílico; "S/T", óleo.
Las secciones Dibujo y Grabado ofrecen la menor cantidad de obras en exposición, destacándose del conjunto el trabajo "El ensayo", lápiz, de Lidia Prause, quien aún con algunas debilidades formales ("los pájaros") ha ido ganando fuerza expresiva, al limpiar el plano y acentuar los contrastes lumínicos en su composición de yuxtaposición y simultaneísmo icónico. Ciertas resoluciones convencionales, como resabios, pesan aún en este trabajo.
La Sección Escultura ofrece trabajos de resoluciones plásticas poco elaboradas conceptualmente. Las imágenes, cuya resolución de volumen exige una marcada atención fáctica, no se compensan con los resultados exhibidos a la vista.
Los premios adjudicados fueron: "Premio Adquisición Municipalidad de Santa Fe de la Vera Cruz" a Elsa Rotman por su pintura al óleo "Secuencias de una historia", construcción plástica que privilegia la planimetría, desarrollando visualmente un encadenamiento de escenas de personal sugerencia y críptica lectura. Paleta media para la elaboración de sus signos plásticos con quebrados tintes, que exhiben el conocimiento a la hora de pintar desde una mirada cuasi-expresionista. El Premio Adquisición "Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial" a Hugo Lazzarini por "Otro David", óleo de retórica manifestación conceptual construido como yuxtaposición de planos quebrados, con citas plásticas de contenido ideológico evidente en la yuxtaposición de iconografías de distintos origen y significado. El Premio "Fundación Santa Fe de la Vera Cruz" a Gladys R. de Giudici por su trabajo "Los hechizados". Pintura directa de connotación "nave" sin arrestos de grandilocuencia plástica. El jurado convocado a este VII Salón Primavera otorgó, además, menciones a Lucy Parma por "Señales", interesante aunque un tanto descompensado óleo. A Adolfo Arana por "Casi ruinas", acuarela de limpia ejecución y convencional imagen, y a Ofelia Marioni por "Atardecer con flores", delicada elegía de personal factura.
En el ingreso al Centro Cultural Provincial de calle Junín, en el espacio denominado Sala Ricardo Supisiche se exhiben, desde días atrás, obras de Tusi Horn y Fermín Viñas, delegados en la ciudad de Santa Fe del Centro Argentino de Arte Cerámico. Los trabajos a la vista responden a distintos momentos creativos de ambos plásticos santafesinos.
Los trabajos a la vista, supuestamente predeterminados como "utilitarios", superan ampliamente el prejuicio acerca de aquello que se inscribe en la categoría de lo bello como opuesto a aquello señalado como útil. Las obras plásticas, cualquiera fuera su género o rubro son, indefectiblemente, signos culturales portadores de significados en muchos casos fundantes para la sociedad humana. Desde su belleza instalada en el espacio son constitutivos básicos para el entramado de la sociedad. Parafraseando, diríamos que todo lo bello es útil en tanto elemento referencial de la calidad de vida, así como "todo lo útil es bello, por cuanto responde a una necesidad imperiosa por ser".
Las influencias mutuas, buscadas o no, aparecen en los trabajos a la vista. La pulsión expresiva de Tusi Horn se regodea en la transformación del barro en obra; en tanto que Viñas demanda la incorporación de hierro a sus piezas, amalgamando materias diversas con desigual resultado cualitativo. Ambas materias, tensas, refractantes, duras a la mirada, compiten por primacías expresivas entre sí, colisionando en demérito de la obra. Este es el caso de Fermín Viñas. Su proyecto expresivo aparece en trámite creativo difuso aún. Sin maniqueísmos trasnochados, diremos que las ánforas y cuencos de Horn manifiestan elegancia, armonías sutiles y ocasionalmente desoladoras reflexiones, según sean las piezas que caen en foco de atención. La ironía de la "mesa servida", la perfección de forma y función expresiva de las piezas portamacetas, el desgarramiento y costura en metal de aquella forma "que ya nunca será aquella que fue pensada", la soledad del hombre pequeñito en el enorme disco que lo contiene y lo cerca, expresan de consuno el trabajo, el placer de crear y la voluntad por decir de Horn.