Daría la impresión de que el principal beneficiado por la captura de Saddam Hussein es George W. Bush. Es más, los observadores norteamericanos consideran que con esta noticia el presidente no sólo tranquilizó a sus tropas ofreciéndoles un triunfo que el futuro juzgará si es modesto o valioso, sino que- además- se aseguró la reelección.
Exageraciones al margen, lo seguro es que la captura del ex dictador fue vivida como un triunfo. Ya se verá en el futuro qué se hace con Saddam y si efectivamente la resistencia iraquí concluye con su detención. Al respecto, no todos los analistas coinciden en el pronóstico. Sin duda que en el tiempo corto la captura de Saddam Hussein mejora la posición de los republicanos y estimula el ánimo de las tropas yanquis, pero habrá que ver lo que sucede si dentro de una semana se verifica que la resistencia sigue operando.
"El ex dictador fue cazado como una rata", dijo el general Raymond Odierno, comandante de la Cuarta División de Infantería, a cargo del operativo que concluyó con la captura. Ese hombre andrajoso, sucio, vencido y humillado se parece poco al dictador sanguinario que asesinaba a sus colaboradores con sus propias manos, al genocida que gaseó al pueblo kurdo y al responsable de las ejecuciones en masa de disidentes; aunque también se parece poco al supuesto líder de la resistencia iraquí.
El informe militar señala que a Saddam lo encontraron en un hoyo de tierra y que allí no había ni teléfonos, ni celulares, ni mapas. Más que un búnker, el lugar se parecía a una cueva; más que un líder, el hombre semejaba un anciano tembloroso y vencido. El viejo dictador contaba para su defensa con una pistola y un par de fusiles que no usó. Sólo dos hombres protegían a quien se ufanaba de mandar a la guardia personal más feroz del mundo árabe, y esos dos hombres huyeron también como ratas cuando vieron llegar a las tropas norteamericanas.
Toda tragedia, incluso la de los hombres más feroces, tiene su costado afectivo Como para que nada falte al "novelón" sentimental, se dice que Saddam Hussein fue entregado por una de sus amantes a cambio de una millonaria recompensa en dólares. Y quienes lo conocen aseguran que el hombre nunca se pudo recuperar de la muerte de sus dos hijos preferidos: Usay y Qusay.
El propio Bush ha dicho que la guerra no ha terminado. El presidente yanqui ya fue aleccionado por sus colaboradores sobre los perjuicios del exitismo, razón por la cual ahora prefirió cultivar un perfil más serio y moderado. Por supuesto, George W. Bush sigue sin decir una palabra acerca de las temibles armas atómicas que escondía Saddam y que justificaron la intervención militar a Irak.
La imagen de Hussein inspirando lástima no parece coincidir con la del feroz guerrero dueño de armas atómicas y dispuesto a enfrentar a la potencia más grande del mundo. Para que nadie se llame a engaño al respecto, bueno es saber que los norteamericanos jamás van a poder probar la existencia de estas armas, no sólo porque probablemente nunca existieron, sino porque ya se sabe que fue todo un simulacro político para legitimar una intervención que estaba más motivada por los negocios petroleros que por la lucha contra un déspota que, dicho sea de paso, los yanquis contribuyeron en su momento a apuntalar y legitimar.
Repito: Saddam Hussein ha caído, pero no se sabe si con él ha caído la resistencia o si -por el contrario- su detención va a volcar hacia la lucha revolucionaria a las masas iraquíes que hasta el momento no se animaban a combatir la ocupación porque temían que una derrota norteamericana significara el retorno de Saddam al poder.
La captura del tirano puede dar lugar a interesantes reflexiones acerca de la condición humana y la naturaleza perversa del poder. Siempre se dijo que el poder es un dispositivo de dominación y un conjunto de redes sociales que lo sostienen. Caídas esas redes y derrumbados todos los ornamentos simbólicos, los poderosos retornan a su estado natural, exhibiendo su miseria y sus debilidades. Contemplando los despojos de Saddam Hussein, adquiere actualidad la frase del democristiano Giulio Andreotti: "El poder desgasta...a quien no lo tiene...".
También resulta curioso observar la cobardía moral de estos personajes que en sus momento de esplendor no vacilaron en enviar a la muerte a sus enemigos y a sus colaboradores. Recordemos que, en el poder, Saddam se ufanaba de su coraje y exigía a sus seguidores una obediencia ciega, que podía incluir la autoinmolación. Pues bien, la historia le brindó la oportunidad de un final heroico peleando a sus enemigos o suicidándose, pero prefirió lloriquear y apostar a la lástima antes que al coraje y a la gloria.
Habría que preguntarse si Ben Laden y los jeques y mulah que alegremente mandan a los pobres diablos a volarse por los aires en nombre de Alá y la promesa del Paraíso, llegado el momento no se comportarán como Saddam Hussein.
Por lo pronto, la historia ya ha dado lecciones ejemplares acerca del supuesto culto al coraje de esos líderes que no vacilan en sacrificar a seguidores e incondicionales; pero ese sacrificio nunca los alcanza a ellos. Es muy heroico y valiente alentar a los muertos de hambre a que se maten en nombre de Alá, mientras ellos disfrutan de los privilegios terrenales que les brindan sus harenes, sus palacios y sus lujos obtenidos en nombre de la causa de Alá o de algo parecido.
Es muy probable que Saddam Hussein pueda defenderse en un juicio, disfrutando de garantías y derechos que a sus víctimas él nunca les reconoció. Hasta el momento no se sabe con certeza si será juzgado en Bagdad por un tribunal iraquí o si la tarea estará a cargo de un jurado internacional. No se descarta, incluso, que lo trasladen a Guantánamo, el campo de concentración donde están detenidos los supuestos colaboradores de Ben Laden en Afganistán.