Este libro de poemas está gestado por la enfermedad de la amada, por sus días postreros, por la silente agonía. No es un libro de muerte ni de adioses. Tampoco de exégesis aleatorias. Sí, en cambio, Jorge Ariel Madrazo lo convierte en un paño de memorias aladas. Cada palabra tiene justamente eso: la virtud de exaltar el recuerdo, los abrazos sin tiempo, los develamientos de las horas en que los cuerpos alcanzaran su éxtasis. Quizá por ello, Madrazo -poeta de pie, con una labor exigida y plena de reconocimientos- presenta aquí un mediorrostro de estremecida intimidad. Mira a través del hueco de la esperanza. Y desde ahí -semipenumbra angustiosa- el alfa y el omega de la existencia entretejen sus asincronías en la voz del poeta.
A mi turno yo apoyaré / la mano que nombran "derecha" / sobre o bajo la cabeza/ acunadora / de balbuceos / donde tus hombros se / ennubecen. El poeta mece su impotencia. La enfermedad cabe en una radiografía insomne. El amor parece desvanecerse ahora, de tan frágil: Oscuro soplo / sinrazón / que todo vivir / yermo tornó. Palabras en que la metáfora fluye, no se impone. Palabras que van burilando los estados, la naturaleza de lo innombrado, los paisajes interiores, la fugacidad del instante.
Madrazo levanta su voz lastimada: Y yo máquina indeseante / tronchada / de sentido / infecundo. íY sin embargo canta! La plenitud de un canto que, en el fondo, no ofrece, como se ha dicho, ayes de despedida.
"De mujer nacido" es un libro que bucea en ciertos tránsitos de eternidad. Otros capítulos de la obra (Rumia, Fotos en sepia, Hijo de padre, Infancia, Eros, Paroles) así lo dejan entrever, en su madeja de pasiones/sensaciones. Una eternidad que conjuga goces y vacilaciones, que repiensa la dimensión del propio espacio (habitación, mundo, estruendo de los cuerpos), que desciende a los infiernos de la duda, para renacer. Siempre para renacer: Sólo lo singular / respira la eternidad / Ya no más el múltiplo mediocre / una cosa por vez / irreductible / para sentir al fin / el mar.
Es que el poeta, aún en los límites, afina las tintas y alegóricamente construye la verdad como belleza que es. Raíz o brote / de ardiente / pudrición / raíz tuya donde acechen / la voz / el silencio / el gusano. No rehúye el dolor, ni tampoco lo exalta porque sí. Su poética es un andar que, fuera de todo juego, invita a una participación activa, celebratoria, a ese convite extraño y sin embargo gozoso que es la vida.
En su extensa bibliografía, Madrazo anota trabajos tan sustantivos como "Espejos y destierros" (1982), "Blues de Muertevida" (1984), "Cuerpo textual" (1987) y "Piedra de amolar" (1995), títulos que más que registrar una labor dan cuenta de un fervor creativo sin caídas. Traductor de autores ingleses, norteamericanos y de la ex Yugoeslavia, también a su vez fue traducido al italiano, inglés y croata. En narrativa, publicó en 1992 "Ventana con Ornella".