Para poder hablar del poeta santafesino, primero tenemos que referirnos al arribo de sus padres a la nueva patria y a las experiencias de adaptación vividas estoicamente. No fue tarea fácil poder borrar de su retina la majestuosidad de los Alpes y tratar de olvidar a los seres queridos dejados en Europa. Arduo resultó el esfuerzo para superar el desarraigo.
Gaspar Pedroni partió de la Lombardía en 1887; el mismo año y en igual navío, lo hizo también Felisa Fantino, pero desde el Piemonte.
El destino de su viaje en tren era el puerto de Génova, para embarcarse luego rumbo a Buenos Aires en lenta travesía por el inmenso océano.
Como muchos de los sufridos inmigrantes, el encuentro de estos artesanos del norte de Italia fue fortuito, a bordo del barco que los condujo a América. Afortunadamente para ellos, se volvieron a encontrar semanas después del desembarco, en la misma vereda de la iglesia de Gálvez, a la salida de la misa del domingo.
Unos meses después, el 24 de octubre de 1887, se casaron en Pueblo Irigoyen. Obviamente, las penas desaparecieron por un tiempo. Eso sí, tuvieron once hijos. José fue el octavo.
Por razones de trabajo, él la llevó a vivir a Gálvez y, como todo constructor, allí levantó su propia casa.
Gaspar tuvo una elogiable actividad cívica y profesional en el medio. Propició en la provincia distintas gestiones a favor del pueblo; fundó con otros parroquianos la nueva Mutual de la Sociedad Italiana y fue contratado por las autoridades municipales para el trazado y la delineación de calles y veredas. Además, construyó en esa época buena parte de las casas de la gran aldea.
Desde temprana edad, sus hijos varones acompañaron la actividad del padre realizando tareas menores de albañilería. De la trabajosa infancia de José, rescato algunas costumbres y anécdotas referidas a la rigidez impuesta en la casa de los padres inmigrantes: Con su hermana protectora Hersilia, hablaron al dueño de la casa de ramos generales, consiguiendo que les regalase un par de patines al pagar la libreta anual. Fueron los dos a recibir la preciada yapa, pero al presentársela ante el padre, recibieron una reprimenda y tuvieron que regresar para cambiarlos por algo más útil y práctico, como un par de zapatos, según lo aconsejó Gaspar.
Aquellas escenas formaban parte del quehacer cotidiano en la sufrida época prima; los niños obedecían y doña Felisa los consolaba sin decir palabra.
En otra ocasión, cuando José ayudaba a su padre boleándole ladrillos hacia el andamio, sin querer, empujó la cuchara de albañil; ésta cayó a un pozo profundo. Entre dientes, don Gaspar protestó por la torpeza, mientras ataba al niño con una gruesa soga para mandarlo al fondo. Tras la incursión subterránea y una vez en la superficie, le entregó lloroso el trofeo a su progenitor, que a cambio, le palmeó la espalda.
A propósito de ello y al morir su padre, pidió a su madre que le otorgara la cuchara de albañil como reliquia, pero doña Felisa la mandó a la tumba por creerlo más justo. Su hijo José lo cuenta de esta manera en las primeras estrofas de "Palabras a mi padre y a su digna herramienta":
Padre, aquí me tienes triste,/ pensando todavía/ en lo raro que fuiste.//
Por haber servido/ sin hablar,/ atado a tu silbido/ hasta que fui a estudiar,/
yo tenía derecho/ a tu cuchara de albañil/ -la más honrada entre diez mil-;/ pero no me la diste:/ como cruz en tu pecho,/ orgullo de tu vejez,/ ella fue puesta a tus pies/ cuando te fuiste.// Y aquí me tienes, triste". (Del libro "Poemas y Palabras").
En 1912, la familia de Gaspar Pedroni se radicó en Rosario. Para José y sus hermanos fue una gran experiencia, no sólo por la liberación laboral paterna, sino por lo que significó cambiar el pequeño pueblo por la gran ciudad con puerto de ultramar, pese a que se encontraba ésta última llena de los reclamos de organizaciones obreras marxistas, cristianas y libertarias, que pugnaban por sumar adeptos y gremios a su dominio.
Precisamente en Rosario, el abogado Francisco Netri redactó el manifiesto del memorable "Grito de Alcorta", que luego envió al diputado nacional Juan B. Justo con la resolución de la asamblea que convocaron los arrendatarios y aparceros rurales.
Como consecuencia de la Guerra Mundial de 1914, se recrudeció en aquella populosa ciudad del sur santafesino la situación crítica por la que atravesaban en aquellos años. Miles de trabajadores urbanos portuarios sin trabajo se incorporaron a la campaña cerealera.
Se entremezclaron en el interior las voces de los campesinos seguidores de los sacerdotes José y Manuel Netri (hermanos del letrado de Rosario) con los braceros lectores de La Protesta.
Mientras tanto, el joven poeta recorría a pie -para ahorrarse el boleto de tranvía- las calles que lo conducían a la oficina del cerealista Carlos Salzmann. Igual rutina cumplía cuando iba por las noches al Colegio Nacional Superior de Comercio.
Con las monedas que ahorraba, compraba ejemplares de bolsillo en las librerías callejeras y gastaba en franqueo para mandar versos al amigo periodista que los publicaba en Gálvez.
Pero el 6 de octubre de 1916, la ciudad se sacudió con la noticia del cobarde asesinato del abogado de los campesinos, Francisco Netri. Esta muerte del paladín de la Federación Agraria Argentina en calles de Rosario conmovió al país y fue noticia de tapa de los principales diarios. Tales hechos del drama rural no serían olvidados por el joven poeta, sino que quedarían marcados a fuego en su corazón.
Con la culminación de sus estudios, el flamante Tenedor de Libros fue contratado en 1917 por Darwin Bohé y Cía. Viajó José a la localidad de Juncal para hacerse cargo de la parte contable de la firma comercial.
En ese preciso año, cerca de allí fue muerto por la policía el dirigente rosarino Francisco Menna, en un mitin realizado en Firmat. En la mente del poeta comenzó a madurar la poesía social, que luego surgiría como torrente en publicaciones y en varios libros de su autoría. Le afligía la falta de garantía y de respeto por las libertades de expresión individual.
Por su parte, el semanario El Popular le publicó a Pedroni dos poesías dedicadas al genial maestro argentino Almafuerte y al dramaturgo español Joaquín Dicenta, hombres comprometidos con el pueblo.
En 1918, por iniciativa de la Fora (Federación Obrera de la República Argentina) y tras las huelgas de los trabajadores rurales, se firmó en Alcorta el acuerdo que eliminó el trabajo a destajo y dispuso el valor de la jornada a $ 6.
Por fortuna, al ser contratado por Favre Hnos. de San Carlos Norte, José dejó aquel agitado escenario del sur santafesino por este lugar de paz y de acogedor pasar. Se inició a partir de aquí, una etapa más placentera y más feliz para el poeta, sin lugar a dudas.
Tendría el sumo gusto de escuchar por estos lares a la banda de música La Lira. Además, se deleitaría oyendo a los coreutas y músicos del coro parroquial.
Al año siguiente, otro cerealista saboyardo, Alejo Chautemps, casado con María Cornier, lo llevó a Sa Pereyra para su casa de ramos generales. Allí conoció a la bella Elena, de la que se enamoró perdidamente.
Tras intercambiar algunas palabras y recibir de él apasionadas octavillas de amor, los dos quedaron prendados en un gran romance. En pleno idilio, el joven poeta de veinte años recibió la cédula militar de su incorporación al ejército como conscripto.
José, resuelto, propuso la hija del dueño escaparse juntos a un lugar lejano. Y Elena, valiente, aceptó el desafío, cuando sólo tenía 16 años.
"Sobre la almohada dejé una carta, pidiendo disculpas a mis padres porque me iba con el hombre a quien amaba", confesó más tarde Elena a sus hijos mozos.
Por gestiones de los padres de la novia, se casaron en Buenos Aires el 26 de marzo de 1920.
La flamante pareja, muy segura de sus actos, siguió adelante con sus proyectos. Ese año, José Pedroni publicó su primer libro "La Divina Sed", en la imprenta de Emilio Forner de la ciudad de Rosario. Luego, Pedroni abjuró de este libro.
Y llegó el gran día. El 17 de marzo de 1921 nació en Gálvez el primogénito, Omar Tulio.
José envió cartas a los parientes de San Carlos, Gálvez y Rosario con la noticia de la buena nueva. Paralelamente, ratificó el ofrecimiento de sus servicios profesionales a industriales de la región. El 11 de abril del mismo año recibió la baja del ejército y al día siguiente se radicó en Esperanza, porque fue contratado por la empresa de Nicolás Schneider (h) como contador de la fábrica de máquinas agrícolas y carruajes.
En el año 1923 aparecería el libro "La Gota de Agua", imponiendo un estilo poético que no abandonaría jamás. Le cantó a las cosas simples de la vida. Y en su transitar junto al pueblo, rescató a la mujer y al hombre como constante. Las últimas palabras de introducción a "La Gota de Agua" dicen lo siguiente:
(...) Os diré que he querido ser dulce y quisiera serlo más, hasta tener en los labios la suficiente santidad para sentarme a mi puerta y, con la humildad atada a mi cuello y la verdad escrita en la tabla de mi corazón, poder llamar a todos con las mismas palabras del poeta bíblico de los Proverbios: Venid, comed de mi pan y bebed del vino que yo he templado.
Estas citas de las Escrituras aparecerán en varias poesías de todos los libros de su producción: "Génesis" se llama una de ellas. "El Pan nuestro", "Gracia Plena" y "Cantos del Hombre", los títulos casi bíblicos de algunos de sus libros.
José Pedroni reservó para la familia una anécdota sobre las primeras experiencias como contador al frente de la gran industria metalúrgica: "Los viajantes, acostumbrados al anterior contador, un hombre robusto, serio y enérgico, no aceptaron de buen grado el reemplazo por un mocito soñador, algo bajo, delgado, y que le gustaba conversar con los obreros amigablemente.
Entonces, con sorna, le preguntaron a Don Nicolás: �Ese muchachito, es realmente eficiente? Y el patrón, persona educada en Europa, les contestaba sonriente: -Va muy bien, muy bien... pero tiene un defecto: me gasta muchos papeles haciendo versos".
Juan Carlos PedroniHistoriador, hijo del poetaFotos: Amancio AlemGentileza familia Pedroni