No hay dudas de que la palabra es uno de los mejores canales de expresión. Las vivencias humanas han sido retratadas fielmente a través de ella desde siglos. Muchas veces, es la palabra el único canal que tenemos para convencernos de que es realidad aquello que todavía no podemos creer.
El que pasó no ha sido un año más. El 2003 será siempre un momento clave en nuestras vidas. El segundo comienzo del ciclo lectivo -después de la inundación- nos trajo a los docentes un montón de miedos y dudas que debimos afrontar ante tanto susto contenido y con ganas de explotar. Así fue que la palabra se constituyó en el elemento comunicador por excelencia del sinfín de emociones que los alumnos habían vivenciado durante esos días trágicos. Nuestra comunidad educativa tuvo afectado más del 80 % del alumnado. Había tanto por decir, tanto por contar, tantas experiencias nuevas, extrañas, tremendas...
Fue así que comenzamos a desanudar la angustia entre todos. El nudo en la garganta, los ojos vidriosos y las energías aletargadas acompañaron este proceso de contar. Porque contar lo que les había pasado era una necesidad, y también lo era que haya alguien del otro lado que escuchara.
Muchos de ellos sintieron que no los tuvieron en cuenta, que en los rescates primero iban los niños y los ancianos. Los adolescentes percibieron el miedo inmenso de los pequeños y sufrieron el mismo desamparo que los adultos.
La inundación nos trajo de regreso, chicos más apaciguados y entristecidos. En las aulas se percibía un silencio cargado, pesado. Muchos de ellos establecieron con la escuela otra relación, porque fue uno de los lugares que los proveyó de cosas indispensables; tanto material como afectivamente, sintieron que la escuela "estuvo" cuando la necesitaron.
Estos son algunos testimonios de aquellos primeros días:
Muchas son las anécdotas, y una más desgarradora que otra, pero también hicimos un análisis positivo. De la peor situación aprendimos la mejor lección: el valor de la solidaridad.
"Lo mejor de esta experiencia fue que aprendí a valorar las pequeñas cosas y que una familia unida puede más".
"Mi familia cree que esto que nos pasó a todos, es algo para tenerlo en cuenta y no olvidarnos del granito de arena que pusieron todos y que fue tan importante. Hoy siento que nos cuesta empezar, pero creo que lo importante es tener salud y vida, todo lo material se puede recuperar".
"Lo más rescatable es saber agradecer tanta solidaridad de personas que ni siquiera nos conocía".
"Me sentí orgulloso de mi país que pensaba en nosotros y eso hacía que no nos sintiéramos tan solos, ver que hasta los más pobres hacían algo para ayudarnos".
"Lo mejor fue darme cuenta lo mucho que necesito a mis seres queridos".
"Lo mejor fue que el barrio, la gente, se unió para poder ayudarse y acompañarse entre todos".
"Hoy lo tomo como un hecho que pasó, pero que salimos del infierno, lo hicimos".
"Lo mejor de esto es saber que hay muchas personas solidarias, y también que después de tantos años de pelea, mi familia pudo unirse finalmente".
"El agua se llevó muchas cosas, en cada casa quedan marcas que sin duda el tiempo va a poder borrar. El agua se llevó muchas cosas... menos la memoria".
"Ahora estamos bien, lo único que me duele es que casi todos mis amigos viven muy lejos y no nos vemos".
"Mi barrio está muy extraño, está apagado, la calle no es la misma, muchos creen que puede volver a ocurrir".
"Después de la inundación nada volvió a ser igual que antes, en especial mi casa, ya no están más esos recuerdos colgados de la pared, todo está triste. Aún recuerdo cómo el agua se lo llevaba todo como si fuera dueña de las cosas. Mi cuarto está tan grande y vacío que por las noches siento miedo".
Como resultado del trabajo de escritura realizado en el taller literario implementado en el segundo año del Polimodal de la Escuela Constituyentes, surgió una antología de poesía ilustrada que llamaron "Brotes del agua".
El taller se centró en la necesidad de motivar a los alumnos para que entren en contacto con el lenguaje poético, en un ámbito de indagación y reflexión crítica. De este modo se pudo fomentar la lectura y la escritura, generando un espacio de creación artística en la escuela, puesto que además participaron alumnos de otras divisiones en la ilustración de los textos.
La antología comprende textos de Ana Salas, Elvira Rodríguez, Daniela Simoncini, Bruno Paez, Matías Palacios, Diego Ponce, Domingo Castañeda, Luciana Valenzuela, Ebelyn Ojeda, Celeste Vargas, Elvira Rodríguez y Bruno Morlio. Colaboraron en la edición, Silvia Jiménez, Natalia Dallacqua y Ana Suñé.
Esperamos que esta experiencia sea retomada en los años que siguen, y que los alumnos reconozcan en la palabra, un instrumento para dar otros sentidos a la vida misma. Porque "cuando se apagan los sueños, cuando nos embarga la soledad, cuando el horizonte se borra. Cuando aparecen todas las preguntas y el espacio es un testigo mudo. Cuando a pesar de eso vemos la posibilidad de abrir el corazón y volcarlo para que vibre, renovado, sobre el papel que invita...Cuando las emociones nos brotan del alma. Cuando las palabras se vuelven escalera al cielo. Cuando el cielo nos ofrece su guarida en las palabras. Cuando al fin, SOMOS POESÍA...".
El río se lanza lleno de oro y de esperanza
En un espiral de vértigo sonoro.
Duerme la luna entre las nubes.
Yo tomo de ella el tono de su lamento.
Tu cantas y a tu timbal acudes.
El viento en su caldera se esconde.
Moja su piel en la corriente y se estremece.
íEl río está hechizado!
Todo se vuelve brillo y florece.
Mil agujas clavadas en mi cuerpo
fuertes manos detienen mi huida
como fuertes cadenas en mis brazos.
El agua oscura
refleja la noche
y en las máscaras
color y llanto.
El sol,
fuerte aroma de la esperanza,
borra mi horrible noche pasada.
Miro el río
enredado de olas tiesas
parece preocupado por la luna.
El sol,
como si fuese una flecha dorada
cruza el cielo
nublando el horizonte de espejismos.
La sombra se esconde tras la montaña
y de a poco acecha la víspera.
El silencio sopla una melodía triste
y eriza mi piel.
Un grito del recuerdo
de aquella infancia, de aquellos años.
El horizonte,
amalgama de sueños y efímeros momentos,
construye una noche de tibias estrellas.
Me pierdo
y vuelo lentamente hasta el paisaje
Cierro mis ojos
y tiro mi libertad por las aguas.
Silvia Corti
Profesora, docente en las escuelas N° 264 Constituyentes y 261 José Hernández