Especializarse en enfermedades neurológicas como el Alzheimer requiere una reflexión desde la filosofía de la mente y la fenomenología, desde aquella parte de la ciencia que se relaciona con el pensamiento y las funciones cognitivas.
El médico Luis Ignacio Brusco define de esa manera su tarea como director del Centro de Alzheimer y Funciones Cognitivas que funciona en el Hospital de Clínicas, en la ciudad de Buenos Aires.
Para la medicina actual, esta enfermedad todavía no tiene cura. La mayor parte de los fármacos que existen está destinada a retardar su progresión. Los analgésicos, por ejemplo, pueden ayudar a disolver lesiones cerebrales y a recuperar parte de la capacidad intelectual del enfermo, pero no logran su curación.
Para Brusco, la calidad de vida de los personas mejoró radicalmente en los últimos años. Sin embargo, se presenta una paradoja. "La medicina ha avanzado sobre el cuerpo humano en general, pero no en su parte neuronal. Existen algunos avances preventivos, como la ingesta de vitamina E o analgésicos, pero, hoy por hoy, un tratamiento a tiempo en ancianos con los primeros síntomas del Alzheimer sólo puede reducir la enfermedad en un 30 ó 40 por ciento".
La enfermedad de Alzheimer se manifiesta como una degradación del cerebro que ataca lenta, inexorable y progresivamente a las células de la corteza cerebral y a las estructuras colindantes.
Los primeros síntomas que se manifiestan son pérdida de memoria, falta de concentración, disminución injustificada de peso, ausencia de control de emociones y alteraciones del sistema motor.
Otro indicio que diferencia la enfermedad de Alzheimer de un envejecimiento normal es la incapacidad de organizar un relato.
Los enfermos suelen desplazar los personajes de la ficción a su propia historia personal con una notable disminución de los enunciados.
Según Brusco, puede afirmarse que nunca hay dos casos de Alzheimer iguales. Cada evolución es radicalmente diferente, dado que cada persona tiene su individualidad, un cierto nivel intelectual y una determinada contención familiar. "Por esta razón, hay pacientes que evolucionan en 3 años mientras que otros tardan 10. Hace un tiempo, se presentó en el hospital un caso de gemelos con Alzheimer. Uno de ellos se trató y el otro, no. Este último murió cinco años antes que el otro", graficó Brusco.
En los tratamientos para el Alzheimer existen dos clases de enfermo: el paciente y el cuidador. "Existen casos en los que el cuidador entra en un estrés o depresión crónica, sobre todo, si es un familiar", explicó el especialista.
Desde hace tiempo, el Hospital de Clínicas cuenta con el Centro de Alzheimer, que atiende a 324 pacientes permanentes.
Allí, los médicos realizan un trabajo de diagnóstico con neuropsicología y neuroestimulación. Paralelamente, una vez por mes, se realizan reuniones con los familiares de los enfermos.
"Es recomendable que toda persona que manifiesta ciertos síntomas de la enfermedad se realice una tomografía. Generalmente, una vez hechos los análisis, hay un 90 por ciento de coincidencia con el diagnóstico que previamente tenía el paciente", sostuvo Brusco.
El Alzheimer es una enfermedad de la vejez y no se da en jóvenes. Según valores estadísticos, en la Argentina la cantidad de enfermos ronda los 450 mil. Prácticamente, la mitad de los mayores de 85 años padecen la enfermedad.
Brusco le puso palabras finales al tema: "Dios lo quiso así. Es un especie de suicidio genético. Hay ciertos genes que se destapan en cierto momento de la vida y no en otros. Técnicamente, el Alzheimer aparece en la edad en la que el ser humano debiera morir".
En el Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari se realizan análisis de Apoe, que sirven para detectar tanto el Alzheimer esporádico, más común y propio de personas ancianas, como el familiar, menos frecuente y característico en jóvenes.
El análisis de Apoe es un test genético de Apo lipo proteína E, codificado en un gen de un cromosoma 19. Gracias a los tests genéticos, se sabe que un cromosoma Apoe que da un valor igual a 4-4 tiene un 90 por ciento de certeza en determinar que ese paciente padecerá Alzheimer en la vejez. Cuando los resultados de los análisis se alejan de valores 4 y se acercan a combinaciones 3-3, 2-3 ó 2-2, las probabilidades de tener la enfermedad pueden reducirse a un 8 por ciento.
Brusco explicó por qué las causas por las cuales esta combinación predispone al depósito de beta amiloide, que es la proteína anormal depositada en el cerebro, constituyen una gran incógnita todavía para la medicina.
"Como la enfermedad de Alzheimer es multifactorial, se sabe que accidentes vasculares, infartos cerebrales, depresiones o traumatismos de cráneo pueden provocar un Alzheimer anticipado. Síntomas depresivos, como sentirse solo o tener dificultades para conciliar el sueño, potencian en un 20 por ciento la posibilidad de padecerlo", señaló.