Una positiva decisión del Concejo Municipal
En agosto de 2002 el Concejo Municipal de Santa Fe decidió dar una finalidad creativa y de provecho a ciertos ahorros generados en el cuerpo deliberativo, producto de ajustes realizados desde el inicio de aquel año.
La idea fue básicamente volcar los recursos acumulados por descuentos en los salarios de los concejales y el personal político a nuevos emprendimientos productivos locales.
Aquella iniciativa que compartieron en su autoría el oficialismo y la oposición -y que seguramente muchos ciudadanos recibieron con recelo y pesimismo-, hoy demuestra su seriedad, a través de los frutos producidos por los proyectos que resultaran elegidos.
Se trata de los resultados concretos del concurso denominado "Santa Fe, Ideas y Emprendimientos", sobre los que este diario ha informado en los últimos días, en la medida en que se ha podido tomar contacto con los autores de las iniciativas, en medio del receso de enero.
Hace menos de dos años, los concejales redujeron sus ingresos bajando el denominado "gasto político" en un 17%.
Basta revisar los archivos periodísticos para comprobar la unanimidad con que fueron tomadas estas medidas de ajustes y recortes al tratarse el presupuesto de 2002, en sintonía con decisiones similares adoptadas por el Departamento Ejecutivo Municipal a propósito de una caída muy significativa de la recaudación tributaria.
El porcentaje de ahorro señalado fue producto de recortes en distintos rubros e, incluso, en las liquidaciones de las dietas de los ediles. Así se llegó a un monto de unos 50.000 pesos que, en vez de girarse a la cuenta de gastos ordinarios de las rentas generales, sirvieron para financiar la iniciativa.
La idea fue presentada por el entonces presidente del cuerpo, Darío Boscarol y contó con el apoyo de todos los bloques, de la Secretaría de Desarrollo Económico, del entonces intendente Marcelo Alvarez y de las entidades empresariales de la ciudad.
Con esos montos pudieron entregarse 10.000 pesos a cinco iniciativas que surgieron tras un riguroso proceso de selección, en el que las consideraciones políticas quedaron al margen, privilegiándose los aspectos técnicos de cada propuesta y su factibilidad de concreción.
El concurso contó con un jurado externo conformado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe, la Unión Industrial de Santa Fe, el Centro Comercial, la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad Tecnológica Nacional (Regional Santa Fe), la Secretaría de Desarrollo Urbano y Económico de la Municipalidad, el Ceride, y el Ministerio de la Producción de la provincia.
Una de las condiciones exigidas para los concursantes empresarios fue que los proyectos debían desarrollarse en nuestra ciudad, privilegiando la utilización de recursos humanos locales.
Producto de aquella idea hoy se están terminando cuatro de los cinco proyectos ganadores: un modelo de pontón en hormigón flotante para construcciones vinculadas con el medio acuático; el desarrollo y fabricación de reactivos para la medicina animal de alto valor tecnológico para diagnósticos sanitarios en el ganado; la elaboración de leche especial modificada para cachorros enriquecida con lactosa; y el diseño y fabricación de tornillos especiales de filete que hasta ahora se importan y sirven para reparar piezas de materiales de muy difícil soldadura.
Aunque el monto invertido y los proyectos desarrollados son ínfimos en capital y empleo frente a la dura realidad económica local, se trata de un estímulo interesante, que tiende a crear empleo, impulsar la producción y algo de mucho valor: difundir ejemplos.
No menos importante es que el concurso y la elección del destino productivo para esos fondos (que antes engrosaban el gasto político), nacieron durante uno de los peores ciclos recesivos de la economía argentina y bajo una creciente desconfianza de los electores respecto de sus representantes.