¿Evolución o involución?
Señores directores: Soy un asiduo lector de ese vespertino desde hace más de medio siglo, absorbiendo con alegría el relato de los actos de solidaridad, heroísmo y abnegación que a veces nos ofrecen nuestros semejantes, pero también recibiendo todos los días el impacto de las noticias de los hechos trágicos que nos depara este problemático y convulsionado mundo en que vivimos. Conflictos bélicos, crímenes de lesa majestad, delitos menores y mayores, dramáticos fenómenos de la naturaleza, crímenes pasionales, aluviones hídricos, etcétera, conforman un caleidoscópico y variado muestrario de las calamidades a que está sometido inexorablemente el ser humano, como parte de su existencia.
Pero mi capacidad de asombro ha sido casi colmada cuando leo la última página del diario en su edición del 30 de enero ppdo., donde alternan noticias que configuran un vívido cuadro de horror. Los títulos anuncian en toda la extensión de la página la extraña muerte de un científico, denuncia del líder cubano de que se planea su magnicidio, cruces de amenazas sobre represalias entre los dirigentes israelíes y palestinos, consolidación de la red Al Qaeda en Irak y otras lindezas por el estilo. Pero lo realmente sorprendente, que pareciera que estamos regresando por la máquina del tiempo a otros momentos históricos, y la repetición de prácticas aberrantes del más crudo salvajismo, aparece cuando leo consternado que en el vecino país de Brasil, más concretamente en el Estado de Minas Gerais, se ha comprobado una intensa actividad en el tráfico de esclavos (recordemos que la asamblea del año 1813 abolió la esclavitud en nuestro país) existiendo en el mundo la nada despreciable cifra de 250 millones de niños en esa infamante condición.
Pero aún falta la frutilla de este macabro postre y la tenemos cuando se anuncia condena impuesta al caníbal alemán, que no encontró mejor entretenimiento que degustar las porciones más sabrosas de un ingeniero berlinés.
¿Podemos seguir hablando todavía del hombre como "animal racional" y colocarlo en un peldaño superior en la evolución de las especies de Darwin? ¿O creado por la mano de Dios, según el origen que se le atribuya? Sin desconocer la importancia de los avances tecnológicos, que han impulsado el desarrollo de las ciencias, pareciera incoherente y paradójico ufanarnos excesivamente en ello, cuando la inminente conquista de Marte y el Universo no se compadecen con las muestras de un arraigado primitivismo espiritual y moral, donde prevalecen muestras como las que consigna este periódico en la edición mencionada. Héctor A. Nardi. LE: 6.210.687. Ciudad.