Rosario (C).- Cuatro meses después de asumir, Jorge Obeid colocó finalmente un funcionario en la presidencia del ente que administra el Puerto de Rosario (Enapro). El elegido es Juan Carlos Venesia, quien ayer fue puesto en funciones por el propio gobernador, en un acto en el que el titular entrante del ente definió como ejes de gestión la intención de llevar el dragado del río de 32 a 40 pies y propiciar una mejor articulación entre las dependencias del Estado y los operadores del tráfico portuario.
El puerto de Rosario entra así en una etapa de normalización. El último día del año pasado el gobernador Obeid había reemplazado a su hasta entonces titular, María Herminia Grande, por el entonces ministro de la Producción, Cristian Desideri.
Ahora es el turno de Venesia, quien entre 1995 y 1999 se desempeñó como diputado provincial, y que tuvo en la nueva gestión de Obeid un paso efímero en la Secretaría de Transporte. Venesia preside el Instituto de Desarrollo Regional de Rosario, que se encarga de la evaluación, medición y diseño de políticas de planificación en la ciudad.
"En su momento acompañé la creación de la ley de puertos junto a mi padre, el ingeniero Gualberto Venesia, y creo que el compromiso está dado por lo que uno lleva adentro, lo que transita para llegar a cada lugar. Mi compromiso es que Rosario vuelva a ser una ciudad con puerto", señaló Venesia.
En el acto, estuvieron los ministros de Gobierno, Roberto Rosúa, y de Producción, Roberto Ceretto. También el subsecretario de Seguridad Pública, Alejandro Rossi.
El nuevo titular del puerto rosarino aseguró que su propósito es consolidar las concesiones. Rosario tuvo, en el pasado, una experiencia traumática en relación al tema. La primera adjudicación a un operador privado terminó en un resonante fracaso: el grupo filipino Ictsi fue desalojado tras 22 meses de una gestión conflictiva, signada, la mayor parte, por un conflicto gremial prolongado que congeló la actividad en el puerto. Durante ese período las cargas históricamente estibadas en Rosario fugaron hacia otros puertos.
En la gestión de Grande, la actividad portuaria recobró ritmo e incorporó mano de obra. El 29 de julio de 2002 se firmó la nueva licitación y en octubre de ese año sobrevino el traspaso a Puerto de Tarragona. En febrero, último trascendió públicamente que Obeid había encargado una auditoría sobre presuntos elevados desembolsos que el Enapro hizo durante la gestión de Grande. El proceso incluía la revisión de 29 contratos con sueldos que superaban la media provincial por actividades culturales. Esta cuestión, que provocó una airada reacción de la ex funcionaria, se zanjó en parte cuando el gobierno informó que la inspección contable no había encontrado irregularidades.