Opinión: OPIN-02

Ahora Kirchner necesita un estómago de acero

Por Hugo E. Grimaldi


Si la Argentina no fuera un país altamente presidencialista, el análisis profundo de los problemas a la vista debería pasar por las consecuencias económicas de la crisis energética, por las perspectivas del precio de la soja, por desbrozar el "vodeville" en que se convirtió el drama de la inseguridad, por las peleas de todos contra todos para hacerse de la torta fiscal o por interpretar la omnipresencia de Eduardo Duhalde.

Sin embargo, la salud de Néstor Kirchner fue el tema central que desplazó a todos los demás y la circunstancia que más alteró la toma de decisiones.

Después de la mala sangre que le generó la marcha por Axel Blumberg, el presidente, obligado, debió alargar sus días de meditación para cuidar su salud. En soledad, Néstor Kirchner siguió masticando la necesidad de transformar su excelente gestión de 10 meses como "gerente de marketing" del gobierno, en un salto cualitativo que lo convierta en un "gerente de producto" ágil y ejecutivo.

A juzgar por los resultados, las intenciones del presidente parecen haberse quedado sólo en eso y la parálisis que mostró el gobierno en estos días es lo que alimentó todo tipo de versiones sobre su verdadero estado de salud. Sólo Roberto Lavagna, quien por personalidad y conocimientos movió las cosas que necesitaba mover en materia económica, nadie se animó a tomar la gestión en sus manos.

La cosa se complica porque el presidente tiene un estilo de conducción excesivamente radial, sin reuniones de Gabinete, ni apego al consejo de sus ministros-secretarios. Nada se hace en el gobierno si Kirchner no conversa antes las cosas con su "mesa chica", que integran su esposa y sus colaboradores más fieles y cercanos.

Una magra presencia en Río Gallegos frente a las cámaras de TV, junto con la referencia de la primera dama a una úlcera anterior, y alguna que otra toma fotográfica en Olivos no alcanzaron para mostrar la acción que los problemas del país requieren y eso sumó especulación a la especulación. Para colmo, dos ministros y un diputado muy cercano a Kirchner se enredaron en una preocupante pulseada con la prensa, que hicieron pensar en un avance de posturas autoritarias y ajenas a la libre expresión en democracia, con la reaparición de la antinomia "izquierdas" y "derechas" en el centro del debate ideológico.

El cóctel para alimentar versiones fatalistas estaba completo y la city se regodeó el jueves y el viernes pasados calculando cuántos litros de sangre se le habían transfundido al presidente y por qué. Su presencia en la Casa de Gobierno contribuirá a alejar paulatinamente esos rumores, aunque está claro que Kirchner deberá reaparecer con el estómago blindado para afrontar y resolver rápidamente los temas que tiene a punto de explosión.

Por ejemplo, ya no resiste más demora la presentación del Plan Integral de Seguridad que debió desempolvar Gustavo Béliz para cruzarlo con las necesidades bonaerenses y readaptarlo luego al paladar presidencial. La urgencia es palpable, porque mientras sigue muriendo gente y recrudece la ola delictiva, pasaron los días y el internismo para ganar espacios se desató con furia. Hasta el despido de un comisario, atribuido a Cristina de Kirchner, generó un conflicto impensado tras la defensa que hizo la DAIA del policía, por su comprometido accionar en la investigación del atentado a la AMIA.

Otra cuestión será decidir si de una vez por todas se le dice la verdad a la población sobre la crisis energética y se la prepara para eventuales cortes de luz o gas, con planes para un uso más racional de la energía, penalizaciones por mayores consumos y aumentos del GNC.

Los industriales están que trinan contra el gobierno por los cortes que están sufriendo y aseguran que la gravedad de la cosa pasa porque se detiene la producción y que ésta es la antesala de despidos. Es decir que lo que se busca evitar por un lado como perjuicio para la gente, y mala imagen para el gobierno, se logrará por otro, pero con mayor daño a la economía.

El presidente deberá recibir también al subsecretario del Tesoro de los EE.UU., John Taylor, quien le hará sentir nuevamente la presión en cuanto a la renegociación de deuda, materia en la que se observaron avances, pero que sigue siendo prioritaria para los organismos internacionales. Esta semana, el Banco Mundial emitió un comunicado muy duro en este aspecto, mientras bajaba a 40% la concesión de nuevos créditos para la Argentina.

El tema fiscal es otro de los que desvela a Kirchner, porque tanto superávit en ciernes se torna apetitoso para los sectores. En lo interno, hay una larga cola de interesados (subsidios, aumentos para jubilados, para estatales, para planes sociales, necesidades de las provincias, etc.) para servirse de él. La dificultad objetiva es que los mayores gastos se hacen para siempre, mientras que los recursos hoy están y mañana no.

Por eso, los expertos miran cada día con mayor preocupación la depreciación del euro, ya que la suba de los commodities se dio en plenitud cuando la moneda europea crecía frente al dólar. Ahora, con el proceso inverso, los futuros de soja, por ejemplo, marcan una brecha negativa de 50 dólares por tonelada entre mayo de este año y mayo de 2005. En este momento, se están tomando decisiones de siembra y si no hay tanta soja para vender y baja la recaudación por retenciones, llegarán más problemas.

Con este panorama -y con las lecturas que tienen los mensajes que manda Eduardo Duhalde como marco (como cuando dijo "la Argentina no es un país confiable" o "nunca le impongo nombres a quienes ayudé a llegar")- el presidente deberá reanudar su gestión sin dejar dudas de que está al comando. Difícil trance, pero crucial, para parar el viento huracanado que se abatió sobre el gobierno desde la "Noche de las Velas". (DyN)