Durante el XI Congreso Argentino de Hipertensión que tuvo lugar recientemente en Buenos Aires, con la participación de más de 4.000 especialistas, se abordó la necesidad de un manejo más adecuado de la presión arterial elevada.
"Uno de los problemas que tenemos en la medicina actualmente es que, a nivel mundial, el control de la presión arterial es inadecuado. En los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que sólo el 31% de la población total de hipertensos tiene su presión correctamente controlada", afirmó el Dr. Carlos Ferrario, director del Centro de Hipertensión y Enfermedades Vasculares de la Escuela de Medicina de la Universidad de Wake Forest, Carolina del Norte, que participó del congreso.
Para el profesional, las causas de este control inadecuado son varias: un estilo de vida más sedentario, un mayor consumo de grasas en la dieta, y una resistencia, por parte de los médicos, al tratamiento agresivo de la hipertensión. "Muchas veces, los médicos prefieren no ser agresivos con la medicación y tienen el concepto equivocado de creer que no importa qué tipo de medicamento se utilice para disminuir la presión arterial -explicó-. Esto no concuerda con nuevos estudios, que demostraron que ciertas drogas con la misma capacidad de reducir la presión arterial obtienen beneficios mayores en términos del objetivo principal del tratamiento de la hipertensión: prevenir los eventos cardiovasculares".
Según Ferrario, todavía falta concientizar al médico sobre la existencia de pruebas clínicas suficientes que demuestran que ciertas clases de drogas antihipertensivas son capaces de obtener beneficios más importantes.
La hipertensión es parte de lo que se conoce como "síndrome metabólico", un término que incorpora cinco variables que se pueden medir con facilidad: hipertensión, obesidad abdominal, niveles elevados de triglicéridos, bajos niveles de HDL (colesterol bueno) y glucosa alta en ayunas.
Este cuadro es considerado la puerta de entrada a las enfermedades cardiovasculares y al accidente cerebrovascular (ACV o stroke), que es una de las principales causas de muerte y de discapacidad en todo el mundo.
Se estima que uno de cada cuatro adultos padece hipertensión, y el riesgo de sufrir un ataque cerebrovascular aumenta a partir de mediciones de presión arterial de 120-80 mm Hg. Se considera que la hipertensión arterial es un estado pretrombótico, similar al colesterol elevado y a la diabetes: todos afectan a la pared interna de las arterias (llamada endotelio vascular) y activan sustancias que aumentan el riesgo de trombosis, es decir, de formación de coágulos.
Un estudio denominado Life, con más de 9.000 pacientes hipertensos, publicado el año pasado en la revista Journal of the American Medical Association (Jama), analizó los efectos del losartán (el primero de una clase de fármacos denominados "antagonistas de la angiotensina II", desarrollado por el laboratorio Merck Sharp & Dohme) en la reducción del riesgo cardiovascular en pacientes hipertensos.
Los datos mostraron que el medicamento reduce en un 25% el riesgo de un primer o segundo accidente cerebrovascular (stroke), y que además posee un efecto antiinflamatorio sobre el endotelio vascular. Esto permitiría disminuir la formación de la placa aterosclerótica y la trombosis, reducir los niveles de ácido úrico y facilitar la regeneración nerviosa.
Los resultados obtenidos en el estudio Life fueron muy significativos, motivo por el cual estuvieron contemplados para la confección de las últimas "Guías de Tratamiento de la Hipertensión", que elaboraron la Sociedad Europea de Cardiología y la Sociedad Europea de Hipertensión, y que fueron publicadas en junio de 2003 en el Journal of Hypertension.
"Los resultados del estudio Life son un hito: es el primer estudio multicéntrico con una población muy alta de pacientes que confirma los nuevos objetivos de prevención en el manejo del paciente hipertenso", afirmó el Dr. Ferrario.
El Dr. Roberto Fogari, director del Centro de Hipertensión y Fisiopatología Cardiovascular del Policlínico San Matteo, de la Universidad de Pavia (Italia), también participó del Congreso Argentino de Hipertensión y opinó que la generación más moderna de fármacos antihipertensivos (los denominados antagonistas o bloqueantes del receptor de angiotensina II) está mostrando ventajas inesperadas.
Advirtió que "junto a mi equipo de investigadores demostramos que una de estas drogas, el valsartán, no sólo disminuye la presión arterial sino que mejora el desempeño cognitivo de personas mayores sanas, en especial la memoria episódica. Lo publicamos este año en el European Journal of Clinical Farmacology".
Fogari agregó, sin embargo, que aún se esperan los resultados del estudio más grande sobre la acción de este fármaco, en comparación con un antagonista del calcio: la amlodipina.
Explicó que se trata del estudio Value, que se realizó sobre más de 15.000 casos (250 de los pacientes son argentinos), todos hipertensos de alto riesgo, y sus resultados se conocerán a mediados de este mes durante el Congreso Europeo de Hipertensión, que se realizará en París (Francia). "Pero las ventajas emergentes de la clínica indican que estas drogas, llamadas ARA II o sartanes, protegen más del stroke o infarto cerebral y del daño renal que otros fármacos antihipertensivos", apuntó el Dr. Fogari.
En este sentido, Fogari planteó que cualquier fármaco antihipertensivo reduce entre un 30 y 35% el riesgo de stroke, accidente cerebrovascular o infarto cerebral, pero con un sartán o ARA II, el riesgo disminuye un 24% más.
Si bien estos fármacos cuestan más que los conocidos, Fogari recomendó "valorar también otros aspectos, vinculados con la prevención del stroke, y analizar cuánto ahorra un sistema de salud si en realidad se reduce el riesgo de un evento cerebrovascular o el daño renal. Cuestan más, pero también protegen más", sintetizó.
El especialista italiano advirtió que el VII Reporte de la Joint National Committee (JNC) de Estados Unidos recalifica los niveles de la presión arterial, brindando una manera más simple de ayudar al médico a ver sobre quiénes deben intervenir en forma más cercana.
Por último, aseguró que "la clasificación europea quizás es más real pero más complicada de interpretar. Según los norteamericanos, si alguien tiene más de 120-80 ya es hipertenso (lo denominan prehipertensión). En cambio, para la guía europea la división es en tres grupos: normal alta es 130 a 139 y de 85 a 89; normal entre 120 a 129 y 80-84 y óptima debajo de 120-80. Es un poco más complicado", concluyó.
La sistólica corresponde a la contracción del corazón para bombear la sangre y a la elasticidad de las arterias, y la diastólica señala cuánta sangre queda en los vasos al final de cada ciclo cardíaco.
Mariana RiveraFuente: Merck Sharp & Dohme y Diario La Nación