Ayer, Teresina Fabretto de Zannier cumplió 99 años de vida, y a su amiga Gloria Vayer de Vanetti -historiadora y escritora- le pareció una excelente oportunidad para rendirle un merecido homenaje en las páginas de De Raíces y Abuelos para compartir con todo el pueblo que la vio crecer: Vera y Pintado.
En una céntrica avenida de la hermosa ciudad de Portogruaro, provincia de Venecia, en Italia, vivía la familia Fabretto. El matrimonio estaba formado por Adela Milano y Giovanni María Fabretto, padres de Giovanni, Teresa, Antonio, Mario, Valentino y un par de mellizas.
Corría el año 1917. Hacía ya tres años que se había declarado la Primera Guerra Mundial. Por los barrios de la ciudad, la gente recorría las calles ocupada en sus actividades habituales. Escuchaban las informaciones de la guerra como algo lejano, sin tomar verdadera conciencia de lo que ello implicaba.
Pero un día cundió el terror y sacudió la paz de sus habitantes: una noticia que corrió rápidamente indicaba que debían dejar la población en forma inmediata porque los invasores con su carga destructiva se estaban aproximando.
Gloria de Vanetti consideró que "no vale la pena ahondar en detalle el peregrinar de la familia de Don Giovanni ante los horrores de la guerra, pero sí contar que como consecuencia perdieron a Adela y a las mellizas, que eran bebés".
A los tres meses, después de este golpe tan duro, regresaron a Portogruaro y se encontraron con que su casa era una de las pocas que había quedado en pie ya que el lugar estratégico donde estaba ubicada sirvió a los alemanes como centro de ataque.
Teresa, una de las hermanas mayores, contaba entonces con apenas 12 años y tuvo que asumir el rol de madre de sus propios hermanos, protegerlos, orientarlos, y realizar las tareas del hogar porque su padre debía trabajar para recomenzar una nueva vida, la vida después de la guerra, "algo tan difícil que muchos no alcanzan a superar", reflexionó la escritora. La gran fe en Dios les devolvió el aliento y la resignación necesaria para emprender la lucha.
Una vez que sus hermanos empezaron a manejarse solos, Teresina -como la llaman todos- comenzó a trabajar en el rubro comercial, dedicándose a la confección de puntillas.
Una noche, cuando ya estaba cerca de cumplir sus 30 años, decidió ir al teatro. Allí conoció a Antonio Zannier, quien desde 1927 estaba radicado en la Argentina y había ido a visitar a su hermano Santiago que vivía en Portogruaro. Desde ese primer momento en que se vieron, Teresina y Antonio supieron que habían nacido el uno para el otro.
El muchacho volvió a la Argentina. Las cartas iban y venían, llevando mensajes de amor a través del oceáno. Hasta que resolvieron casarse "por poder". Teresina organizó el casamiento en su pueblo natal: Mario, hermano de Antonio, auspició de personero en la boda. Luego, en la ceremonia de rigor ambas familias compartieron una mesa preparada para la ocasión.
A pesar de que estaban casados, Teresina debió concretar trámites que le llevaron bastante tiempo, lo que le impidió viajar de inmediato.
Cuando llegó el día del reencuentro, Antonio la estaba esperando. Corría el año 1936. Se radicaron en Fives Ville, un pequeño pueblo del departamento San Justo. Por entonces había muy pocas casas de material y todo estaba por hacerse. Se encontró con un paisaje completamente opuesto al que ella imaginaba, no obstante fue entusiasta a la hora de participar y contribuyó con su capacidad de trabajo a la construcción de la parroquia del pueblo, con el apoyo constante de su marido. Ferviente católica, llevó una vida cristiana que supo transmitir a sus hijos.
Don Antonio trabajó primero en la confitería de su padre, Don Santiago Zannier, radicado en el mismo lugar. Luego se dedicó al comercio y abrió un almacén de ramos generales. Más tarde fue cerealista, y por último se dedicó de lleno a atender el campo de su propiedad.
La pareja tuvo tres hijos: Adelina, Mario y Leonardo, quienes se casaron con George Puzkin, Rita Fink y Susy Espilondo, respectivamente. Les dieron nueve nietos: Constanza, Erica, Yenifer y Samantha Puzkin Zannier; Laura y María José Zannier Fink; e Iván, Andrés y Maximiliano Zannier Espilondo. Y cuatro bisnietos: Lara y Santino Savico Puzkin; y Clara y Catalina Claus Puzkin.
Don Antonio falleció a los 60 años, en 1965.
Doña Teresina, quien ayer cumplió sus 99 años de edad, posee una memoria asombrosa y recuerda con detalles los pormenores de su larga vida. A un año de celebrar 10 décadas de vida, repasó los momentos cruciales que guarda en su corazón: "Tuve una infancia muy feliz hasta los 12 años; una juventud cargada de responsabilidades, pero con los años Dios me devolvió la alegría: me dio un marido ejemplar, hijos, nietos, bisnietos y una larga vida para disfrutarlos", finalizó agradecida y rodeada del amor de su familia.
Desde Raíces y Abuelos no podemos más que desearle un Muy Feliz Cumpleaños y que siga disfrutando del amor de su familia y amigos.
Lía Masjoan