El maestro César López Claro elige, desde sus inicios, la pintura mural, uniendo en su arte su compromiso político, sosteniendo su militancia de izquierda. Identificado con el sufrimiento ajeno, plasma "el dolor y la necesidad de los pueblos, sus pobrezas, sus estados de orfandad".
Su diferencia con los "artistas del norte" es no sólo ideológica y filosófica, sino cultural. "En las artes todo está dirigido a un fin: el de no molestar, es un arte tranquilo, vacío", dice el artista. Y agrega: "Cuando hay conocimiento, el pintor empieza y no vacila, mira y la obra sale o no sale".
Como todo gran maestro, López Claro reconoce las enseñanzas e influencias de otros grandes: Spilimbergo, "de quien aprendí la construcción, descubrí la pintura a través de él"; Ribera, Orozco, Camarqué y, fundamentalmente, Siqueiros, "quien tenía un concepto muy particular de la óptica, porque buscó el recurso de la fotografía. El ojo ve con un concepto de la `normalidad' y esa aparente normalidad es la real".
Siqueiros decidió expresarse con el lenguaje o con la imagen que la óptica de la cámara fotográfica usa para mostrarnos la realidad. La cámara es estática y el ojo modifica, con la mirada, el mensaje. Siqueiros pintaba como mirando con una imagen de foto. Decía Petorutti: "Aprendí la síntesis del plano".
López Claro expresa la admiración y el reconocimiento pictórico a los primeros muralistas: a Ucello, Masaccio, Piero della Francesca. De este último, dice: "Era un gigante. Se tomaba el tiempo de dejar fraguar o decantar la cal para el fresco, un año, dos en los barriles... El tiempo, la cocina, era una verdadera crema".
De Modigliani opina que "los mejores dibujos han sido de una sola línea. Él tenía la línea florentina del 1400, la de Boticelli. Es la línea de la espontaneidad, el encanto de la impronta". Destaca "los bocetos de Rubens, espantosamente bellos".
Señala al Guernica, de Picasso, como "un compendio no sólo desde el punto de vista temático, por la intencionalidad política, sino que es un compendio de resoluciones plásticas".
"El fresco requiere preparación previa, pues se hace por fragmentos -cuenta López Claro-. El pintor moderno no acepta eso, porque le gusta trabajar con un concepto de unidad total.
"Dibujar, pintar, es sólo posible a partir del conocimiento... Meterme en la fisonomía de la gente de barrio, sentir la forma, la posición, la actitud que puede adoptar", explica el artista.
De los muralistas mexicanos, López Claro toma el respeto por la distancia. "Esfondar el muro visualmente es destruir una superficie. No crea una ilusión -argumenta-. Ese mural está ahí, a 5 metros de nosotros; las figuras están acá, pero no en un volumen determinante de espacios, sino por valores, eso es lo importante. La distancia debe ser respetada.
"Después de todo lo que se ha hecho ya no hay sorpresa posible -asegura el artista-. No creo que ni la pintura ni la literatura ni ningún otro arte mejoren o empeoren al hombre. Yo, casi con 92 años, pinto. Me importa seguir viviendo porque estoy convencido de que tengo que hacer muchas cosas. Evolucionando, con vitalidad, como si tuviera 20.
"El artista, por una virtud o una condición que no se sabe por qué, ve o siente o quiere plasmar aspectos que el hombre común no alcanza, o alcanza en distintas escalas a presentir algunos, a tentar, incluso. Pero a éstos no les da ni la mano ni el cerebro. Al otro se les da en una forma extraordinaria. ¿Por qué se es músico? ¿Por qué Mozart a los 3 años componía? Jamás se podrá saber".
Estela Gagneten- Estela de ChiarvettiEntrevista: E. G. y Bernardo MolinasFotos: El Litoral