Al rescate del juego de los niños
Fernando Thiel estuvo en Santa Fe y habló de su oficio de artista. Vive en Costa Rica y tiene su programa de televisión. A través de sus propuestas procura promover la creatividad de los niños.

El apellido Thiel en esta ciudad está asociado con los títeres, los colores, esos mundos bajitos y mágicos que habitan los niños y Fernando sigue fiel a sus raíces, en otro rincón del mundo, pero con las mismas ganas y las mismas pretensiones: trabajar para que la infancia tenga sabor a infancia.

Vive en Costa Rica pero en la fecha pasó por Santa Fe donde están afectos y espacios que lo definen. Es un poco actor, otro poco titiritero, otro poco docente y dentro de poco también psicólogo.

Su carrera empezó cuando era un pibe y su papá Oscar creador de títeres y marionetas le regaló dos: "Entonces con mis hermanos, Guillermo y Federico, empezamos a jugar con los vecinos y después empezamos a trabajar en la mañana de Canal 13". Desde ahí surgen una serie de nombres de programas que pasaron por la pantalla local y de los cuales Fernando fue partícipe: Hola Show, donde hacía obras de títeres una vez por semana; Hogar Dulce Hogar, donde debutó como mimo; y en el '78 con su personaje Juansi aparece en el programa de María Azucena.

Sobre su formación de actor cuenta que "iba al Teatro de Arte de mi tío Carlos y veía mucho teatro y aprendía y absorbía todo. Veía lo bueno, lo malo e intermedio y entonces hacía una relectura". Además cuenta que llegaba gente de Buenos Aires -como Patricia Stokoe y Carlos Palacios- lo que lo ayudó mucho en su formación.

A COSTA RICA

Hace muchos años, el santafesino Alfredo "Pato" Catania lo invitó a Costa Rica, donde vive. Primero fue por seis meses y luego se quedó, está casado hace 18 años con Carolina Pizarro, que es chilena. Tiene dos hijas: Sofía y Paula. "Es lindo, tranquilo, yo en Costa Rica me siento importante, necesitado, donde uno se siente necesitado ahí está. Santa Fe siempre ha sido una ciudad muy difícil, cuando hacía Juansi en televisión iba a las discos y me escupían, me tiraban piedras, era el tonto, el pavo, el que hacía televisión. Este es un medio muy difícil, hay mucha envidia y celos".

Y cuenta qué hace en Costa Rica:"Del teatro no se puede vivir. Entonces tengo un programa de televisión que se llama "El taller de Fernando", es un estudio donde trabajamos sin escenografía, en negro total para usar lo gestual y el niño debe unir y hacer su escenografía". Por ahí pasan distintos personajes: una lechuza que representa el conocimiento occidental y que se horroriza cuando le hablan de sexo y se desmaya. Para ella todo tiene que ser perfecto y con buenas notas; hay una culebra, Anabel, que representa el conocimiento oriental, de los sentidos, la magia y lucha con la lechuza; y está Calcetino, que es el niño y un perro Carlitos que es el que se la sabe todas, el vivo.

Chicos que no juegan

Fernando se muestra preocupado por la imposibilidad de jugar de los chicos, allá en Costa Rica y acá en la Argentina. "La prensa muy amarillista hace tener temor de todo, entonces la gente se encierra entre rejas, son cárceles y entonces los niños juegan en la cochera y casi no tienen amigos".

Y se le sube la mostaza: "En la escuela se están trabajando 200 días lectivos para mejorar la educación, pero mentira, qué mejoró, pusieron más días de estudio y el niño tiene menos tiempo para jugar. Entonces en las escuelas tienen muy poco recreo y les dan inglés, computación, tienen una presión muy grande. Los niños ya no juegan".

Y promueve a los grandes, a los que pueden ver el pequeño y posible mundo de los niños a que los incentiven al juego, que propongan ideas, que les destinen tiempo. "Con una sábana se puede hacer una carpa y con latitas teléfonos... Los niños no saben con qué jugar y están llenos de juguetes y están pidiendo otro juguete que creen que los va a satisfacer. Démosles ideas, los niños casi no tienen creatividad".

Por eso a través de los espacios que va conquistando, Fernando pretende incentivar la participación y la creatividad de los chicos.