El cine de los buenos sentimientos
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Lograr en cine imágenes seductoras no es tarea fácil. El cineasta turco radicado en Italia Ferzán Oztepek ya había manifestado en sus filmes anteriores, que su tema está en buscar a través de los sentimientos y su respectiva experiencia, la forma de destrozar aquellos elementos considerados tabú, pero también esos otros que están en la vida cotidiana y no se ven debido a los hábitos y las herencias culturales. Por eso sus personajes sólo son capaces de verlos cuando los experimentan en carne propia. Mostrar esta suerte de violencia, con la calma de la observación, sin descuidar nunca los valores estrictamente humanos de cada uno, es la cualidad de este realizador, que usa desde los elementos escenográficos hasta el desplazamiento y gestos de sus actores, para seducirnos a través del lenguaje, esto es, del cine.
Con un tratamiento que tiene al pudor como signo dominante, nos cuenta una historia que se hace creíble debido a este lenguaje y al gran trabajo actoral de un elenco sin fisuras que tiene sus puntos altos en Giovanna Mezzogiorno y el gran Massimo Girotti (aquel que protagonizara "Obsesione" de Visconti), posiblemente, en el mejor trabajo de su larga carrera. A él está dedicado el filme, ya que murió a menos de un mes de finalizado el rodaje.
Esta historia es la que viven los personajes a su cargo: Giovanna, una mujer que vive en crisis matrimonial y trabaja en una pollería, y Davide, un anciano homosexual y judío, marcado por los campos de concentración, a quien encuentran un día en la calle perdido y falto de memoria.
Ella suele espiar a un hombre a través de la ventana que está frente a la suya, sin saber que el ocasional vecino hacía lo mismo antes que ella. En el filme, esta relación pondrá en jaque varias cosas en el espíritu de Giovanna y será como el estímulo que necesitaba para iniciar el camino hacia sí misma. Pero la verdadera razón de este encuentro está motivada por Davide, que es quien con su silencio, sus pocas palabras y sus escuetas preguntas le hará presentir la existencia de otro mundo. Quizás de un mundo mejor que no hay que desearlo sino hacerlo, como el mismo anciano manifiesta. La esperanza, entonces, no pasa por los tiempos y edades, sino por la vocación de hacerla realidad.
Es esta vocación la que encuentra Giovanna a través de lo que le gusta: la pastelería, algo que la vincula a Davide que también es un experto en tortas y pasteles. Esta forma de mostrar la vida es emocionante. Oztepek no apela a discursos ni a vocaciones "trascendentes". Muestra a sus criaturas tal como son, y dos escenas en que se reúnen, una en la que bailan un bolero y la otra en que cocinan felices, están marcadas por temas populares, que por otra parte se insertan poéticamente a la sugerente banda sonora de Andrea Guerra. Otro acierto es la iluminación de Corticelli para acentuar la presencia de esa Roma eterna, minuciosamente mostrada, y esos interiores apuntalados por panorámicas inolvidables.
En esa Roma, Oztepek muestra como al pasar, que mucha gente extraña el pasado fascista, pero lo hace sin dar mensajes ni sugerencias. Así, con exquisita sutileza va mostrándonos a estos seres expuestos a la vida de frente. Quizás sus cambios no sean notables, pero son los necesarios para vivir de otra forma. Desde un coro de personajes secundarios a cual más nítido en su pintura, en ejemplar narración el filme avanza sobre una estructura que permite al atribulado marido de Giovanna y sus pequeños hijos y al atildado bancario de la ventana de enfrente tener el mismo peso en la trama que nuestros protagonistas que mantienen su historia aparte, de la que nadie se entera, y que serán claves para una vida que se cierra y otra que se abre al mundo.
Oztepek hace un cine para ser gozado, para deleitarse a través de su lenguaje sereno, profundo y logrado en base al buen uso del tiempo. Es sólo ese tiempo, ese ritmo marcado por Giovanna y Davide, dos seres que justamente quieren escapar de esa temporalidad que les tocó vivir en suerte. La memoria y la experiencia son aquí ejes determinantes de una vida que invade la pantalla en cada minuto de este filme memorable.
"La ventana de enfrente" ("La finestra di fronte", Italia, 2003); Dirección: Ferzán Oztepek: guión: Gianni Romoli y F. Oztepek; fotografía: Gianfilippo Corticelli; música: Andrea Guerra y temas populares; montaje: Patricio Marone; Intérpretes: Giovanna Mezzogiorno, Massimo Girotti, Raoul Bova, Filippo Nigro, Serra Yilmaz, María Grazia Bon, Massimo Poggio, Iván Bachi y Chiara Andreis; duración: 106m. Presentada por Alfa Films en el América.
Juan Carlos Arch.