por Maribel Izcue (EFE)
En medio de la fiebre artística que estos días inunda una Venecia volcada a su Bienal, una diseñadora local expone en su escaparate a una pareja de hombres semidesnudos que comparten cama ante los atónitos ojos de turistas y paseantes.
La obra es idea de la italiana Fiorella Mancini que, al hilo de la atención que la 51° edición de la Bienal de Arte atrae sobre la ciudad, ha querido añadir un acento transgresor "que contraste con el esquema expositivo" del certamen oficial.
"Se trata de un proyecto de arte positivo y erótico", explicó a EFE la artista, que precisó que su objetivo es hacer que el espectador "abra su mente a nuevas situaciones".
La provocativa exposición viviente comienza después del anochecer, cuando la plaza en la que está situado el local de Mancini, a pocos metros del Gran Canal, se llena del bullicio nocturno que caracteriza esa zona de la Venecia histórica.
Entonces, se encienden las luces azuladas del escaparate y se suben a una gran cama matrimonial dos jóvenes prácticamente desnudos que, plácidamente apoyados sobre almohadones de raso rojo, observan a la gente al otro lado del cristal, conversan, leen o, de a ratos, hasta duermen.
La mayoría de los paseantes pasa del asombro inicial a la sonrisa, aunque no faltan los que comentan el espectáculo con cara de desagrado o quienes aceleran el paso como si no hubieran visto nada, mientras retienen la escena con el rabillo del ojo.
"Los que más curiosidad muestran son los hombres. Se paran y miran durante un buen rato; hubo un americano que estuvo dos horas pegado al cristal", recuerda Mancini, quien desde hace veinte años diseña prendas de vestir y obras artísticas de carácter transgresor.
Entre sus clientes ha tenido a personalidades como el cineasta español Bigas Luna, para el que hizo el traje con el que se casó; el actor Javier Bardem o el mismísimo Sting, afirma orgullosa, mientras muestra una foto del que fuera líder del grupo The Police con una levita diseñada por ella.
Su local -al que prefiere no llamar galería, sino "lugar polivalente"- es una mezcla de museo y tienda, en la que, entre los maniquíes y perchas, aparecen obras como un retrete que contiene un pequeño mundo de figuritas en su interior y que, según la artista, representa Venecia.
"Es el modo en que la ciudad maltrata a los turistas; los antiguos palacios se han convertido en `Bed and Breakfast' (pensiones con desayuno) gestionados por agencias que dan cama y comida mala", critica, a la vez que enseña una de sus últimas creaciones, una clásica lámpara veneciana hecha con neón de varios colores.
Mientras habla, un grupo de turistas se agolpa frente al escaparate cámara en ristre entre perplejos y divertidos, y alguno hasta da unos toques en el cristal como para llamar la atención de las dos "obras", a lo que éstas responden saludando sonrientes con la mano.
Más crítico, un italiano comenta con escepticismo que "seguro que ni siquiera son homosexuales", mientras al otro lado del escaparate los jóvenes se acomodan para pasar otra noche.
La peculiar instalación, bajo el título de "Bed and Breakfast", es una de las muchas muestras que se han extendido por la Ciudad de los Canales con motivo del certamen internacional de arte, inaugurado el viernes, en cuya sección oficial se pueden ver obras de un centenar de creadores de los cinco continentes.
A las iniciativas particulares se suman también otras, organizadas en el ámbito de la Bienal veneciana, aunque fuera de la muestra internacional, con una treintena de exposiciones, instalaciones o "performances" con las que el visitante se topa de improviso en los distintos rincones de la ciudad.