La clave es la educación
Por Carlos Caballero Martín (*)

Lamentablemente, debemos decir que ésta es una República declinante. Lo más fácil es echarle la culpa a los políticos, y tienen parte de la culpa. Los principales temas de la vida social -la educación, la salud, la seguridad- están fuera de la agenda de discusión y en las campañas electorales, a diferencia de lo que ocurre en los países de primer orden, no se hacen debates.

Los que estamos en las universidades lo podemos advertir a diario: llegan jóvenes muy mal formados. Pero al dinero hay que ponerlo en las escuela primera, porque si no se sale suficientemente formado del primer ciclo, eso es muy difícil de revertir después.

Y es lógico que se vea más de la Constitución en los medios que en las escuela, porque hay un déficit en las materias clásicas: educación cívica, formación democrática. Hay que darles prioridad, sobre todo considerando que estuvimos a punto de la disolución institucional en 2001. En Estados Unidos el énfasis de la formación está puesto en las ciencias duras, pero porque ellos tienen una trayectoria democrática que hace que esos principios básicos estén más incorporados. Y a ellos es a los que tenemos que apuntar aquí.

Hay un marcado deterioro en la educación supletoria, por el impacto en el hogar de cuestiones como la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Esto hace que todo recaiga sobre el docente, que hoy es una figura desjerarquizada, incluso socialmente.

La Justicia también colabora con esta visión negativa. Hoy, por ejemplo, se lo quiere llevar a juicio oral a Fernando De la Rúa, porque supuestamente tenía un ñoqui como jardinero cuando era jefe de Gobierno de Buenos Aires. Y al presidente lo sobreseen por haberse llevado 500 millones de dólares afuera del país.

Por su parte, el Congreso ha delegado atribuciones específicas. Está cerrado y el único favorecido es el Poder Ejecutivo. Nosotros ya advertíamos en la campaña para convencionales constituyentes del '94 contra la habilitación del uso de los decretos de necesidad y urgencia. Pero en ese momento se decía que Menem los necesitaba. Y ahora todo el mundo se queja de lo que hizo Menem. Por eso, es un problema cultural: las instituciones tienen que estar por encima de las personas.

(*) Ex diputado nacional y provincial. Docente universitario de Derecho Constitucional.