Cuatrocientos mil jubilados del Pami sin prestaciones médicas en Córdoba le generan al gobierno nacional tanto dolor de cabeza como el disgusto de salir a negar lo que 48 horas antes dejaban trascender a la prensa: no habrá aumento de jubilaciones.
Ocurre que a Néstor Kirchner le han tocado casi todas buenas cartas desde el inicio de su gestión, sobre todo en el frente económico.
Kirchner no parece dispuesto a aceptar que parte del oficio de gobernar es dar malas noticias. Y sus funcionarios militan en el mismo partido. Por eso, ayer Graciela Ocaña, la titular del Pami, salió con los tapones de punta contra los prestadores médicos de Córdoba, sin explicar claramente qué van a hacer para evitar que se resienta el servicio médico para los jubilados cordobeses.
En cualquiera de los casos, el exceso de pasión electoralista está empujando al gobierno a profundizar un defecto que siempre mostró: cuando las papas queman, es mejor esquivarle al bulto a la responsabilidad de los funcionarios, o culpar a la prensa de las malas noticias (o de la imposibilidad de anunciar buenas nuevas cada mañana).
Objetivamente, el presidente decidió escuchar al ministro Lavagna en su prédica a favor de un mayor control del gasto público, que se ha disparado muy por encima de lo presupuestado, y particularmente de un control minucioso de los aumentos salariales en el sector público y privado, por el impacto de esas subas en el alza de la inflación.
Es cierto que no hay consenso sobre las causas de la inflación, que hoy incluyen argumentos que van desde el impacto de la suba de salarios, a la política cambiaria que ha inundado de pesos el mercado, hasta la falta de inversiones que impide suplir el agotamiento de la capacidad instalada, lo cual implica que la oferta de productos no alcanza a satisfacer la demanda y así se disparan los precios.
Por eso, por las dudas, Lavagna -y ahora Kirchner - han optado por atacar todos los frentes posibles, sabiendo que en la cuestión de los salarios desincentivar las subas entre los empleados privados y negarlas entre los públicos tiene un costo político que puede ser alto y muy aprovechable por la oposición.
En las últimas horas, el mercado interpretó el parate a los aumentos de jubilaciones y el anuncio de un mayor control de los nuevos convenios que se negocian en distintos sindicatos (por ejemplo el de la carne y la sanidad) como una medida realista y positiva, tanto a favor de la lucha contra la inflación como para controlar el creciente aumento del gasto público. Analistas dijeron que será ése uno de los focos de mayor presión por parte del FMI.