Análisis El milagro finlandés
Por Aleardo F. Laría (DyN)

Finlandia es un ejemplo en cualquier estadística. Y en educación no es la excepción, ya que los sucesivos gobiernos de ese país han fijado una pauta madre para lograr el éxito de la calidad educativa: una educación que sea, además de universal, eficiente.

Finlandia destina 5,7 % de su PIB a la educación (de la que 5,6 es pública y sólo 0,1 privada) una cifra superior a la media de los países de la Ocde que es de 4,8 por ciento. Las claves del "milagro finlandés" según la ministra de Educación finlandesa Tuula Haatainen son cuatro: igualdad, dado que la educación es gratuita e igualitaria con independencia de la situación geográfica o la posición económica del alumno; sólida formación académica del profesorado; activa participación del medio social (las familias están en contacto permanente con el colegio) y amplios y gratuitos servicios para los alumnos (la comida y el transportes están asegurados para todos los alumnos hasta que terminan la educación obligatoria).

En Finlandia, el sistema educativo es público y gratuito, desde que un niño nace hasta que hace el doctorado en la Universidad. La educación es obligatoria de los 7 a los 16 años y se divide en un ciclo básico de seis años y en un ciclo superior de tres años, hasta cumplir los 16 años. La escuela primaria y secundaria están unificadas, dado que los alumnos permanecen en el mismo colegio entre los 7 y los 16 años.

Los profesores y maestros finlandeses están muy motivados. No sólo porque perciben unos 2.300 euros brutos al mes por una jornada semanal de 37 horas (y 13 semanas de vacaciones al año) sino también porque se han visto sometidos a un esforzado aprendizaje. La carrera docente dura cinco años y un tercio del contenido es netamente pedagógico.

Ésta es la enorme diferencia entre Finlandia y los Estados Unidos donde, a pesar de gastar casi el doble que los países europeos por alumno, el sistema educativo adolece de una gran ineficiencia. El sistema norteamericano es además muy poco igualitario, dado que las diferencias socioeconómicas marcan en exceso el resultado de los estudiantes.

En la Argentina, como consecuencia de la crisis, la escuela pasó a desarrollar una función asistencial. Maestros con exiguos salarios, elevado nivel de niños sin escolarizar y abandono temprano son algunas de las deficiencias del sistema. Ahora, según ha indicado el ministro Daniel Filmus, el gobierno se propone "conseguir una educación media de calidad, que sirva para seguir estudiando, que esté vinculada con el trabajo y que forme una ciudadanía responsable y activa".

Sin embargo, pese a las buenas intenciones, no se tiene todavía la sensación de que la educación, como en Finlandia, esté en el centro de atención de todos.