A partir de 1861, muchos habitantes del empobrecido cantón de Valais (Suiza) decidieron partir a América. Para ello, dejaron familias y aldeas en busca de un futuro que por entonces se les hacía imposible de construir en aquella geografía difícil y arisca (que tuve la gracia de conocer en diciembre de 2001).
Una de esas aldeas era Visperteminen, situada en el Alto Valés en el confín de la localidad de Visp (a más de 1.300 metros de altura). Lo que hoy es un pujante centro turístico internacional para la práctica de esquí era por entonces una aldehuela que no alcanzaba a abastecer las necesidades mínimas de sus pobladores, muchos de los cuales morían en la tierna infancia.
De allí salieron en aquel año Ignacio Stoffel, su esposa (María Josefa Wegger) y un hijo; Ignacio Heinzmann, su esposa y tres hijos; y Alejandro Schuery, de condición soltero, quienes se establecieron en la naciente colonia San Jerónimo.
Ignacio Stoffel (quien al parecer venía munido de un mediano capital) pronto pudo adquirir -además de las concesiones que se le habían otorgado- otras más. Por ejemplo, en 1873 las N° 205, 288, 289, 308, 309, 290, 217, 218, 270, 274, 275 y la mitad de la 204, lo que le permitió consolidar su posición económica.
Algunos años después, cuando ya se habían agotado las concesiones en San Jerónimo Norte y algunos consideraban que la emigración valesana cesaría, la crisis que se produjo en la agricultura de la zona montañosa (de habla alemana) debido a las heladas y los desbordes del Ródano que arruinaban los plantíos (especialmente de papa, que por entonces estaba en la base de la alimentación lugareña), obligó a muchos habitantes a decidirse a abandonar la región, ante la amenaza de una situación de mayor pobreza y carestía.
Entre 1868 y 1869, junto a unos 600 valesanos, desde Visperteminen partieron cinco familias y dos hombres solteros. En este grupo citamos a el anciano Luis Stoffel (68 años), su esposa (María Josefa Gretten o Crettaz) y sus once hijos.
Por entonces, todos eran mayores de edad y no tenían demasiadas posibilidades de progreso, como consecuencia de las circunstancias coyunturales señaladas y otras estructurales, como la estrechez del ámbito geográfico, la insuficiencia de recursos para construcción de vías de comunicación y alimentación de la población, etc.. Éstas se solucionarían recién a finales del siglo XIX y principios del XX, lo que en ese momento eran impensable.
Tras ser autorizados por el Consejo Comunal -les condona las deudas impositivas- para abandonar la aldea, llegaron a la Argentina y se dirigieron a Humboldt, en la vecindad de San Jerónimo que siguió siendo siempre el corazón de la geografía valesana en Santa Fe.
Los Stoffel eran parte de la tanda auspiciada por la "General - Ausvanderunmg, C. Brpwn y Cie in Basel", cuyos miembros eran caracterizados como "gente robusta y joven de los pueblos de la montaña, entre los que se cuentan hasta niños muy pequeños", que partieron de Sión (capital del Valés) hacia El Havre para embarcarse hacia América, el 18 de abril de 1868. Se constató la llegada de Ferdinando a la ciudad de Santa Fe, el 24 de junio de ese mismo año en el vapor Paraná.
En 1872, cuando Wilken visitó la colonia, Vicente era propietario de las concesiones 11 a 14, Rufino de las N° 15 y 16, y Ferdinando de las 25 a 28, en tanto el cuñado Francisco Bürgi (casado con Sofía) las Nro. 21 y 22, las que están situadas en la parte sur de Humboldt.
Es de hacer notar que a diferencia de lo sucedido en Esperanza y San Carlos, donde se llevó a cabo la denominada "colonización oficial" con colonos traídos ex profeso, en Humboldt quienes tuvieron acceso a la tierra fueron aquellos que creyeron que podrían cumplir con la deuda contraída, tal como se desprende del contrato firmado por Ferdinando Stoffel, Santiago Vogt, H. Wollenweider y Guillermo Lehmann.
En 1873 se afincó en la zona Juan José Stoffel y su esposa, provenientes de Glis, distrito de Brig, aunque no parecen estar emparentados con los anteriores y además no tuvieron descendencia.
En relación a las dos primeras familias (de Ignacio y Luis), si bien sus descendientes muchas veces ignoran si existe algún grado de parentesco, incluso entre los que pertenecen a uno de estos troncos, debemos señalar que tienen un común origen en el matrimonio que hacia 1748 contrajeron Peter Stoffel y Anna Christina Sattler, en Visperterminen.
Del matrimonio nacieron al menos cinco hijos y sólo sobrevivieron Stephan Johann (1755), conocido como "Azrer" (tejedor de telas) y Johann Joseph (1760), llamado "Schmied" (herrero).
Del primero desciende Johann Bartolomé Joseph (1797), padre de Ignacio (1832), y del segundo Luis Stephan (1800), cabezas de las dos familias emigrantes. Esa relación parental queda atestiguada también por el hecho de que Katarina Züber (madre de Luis) fue madrina del bautismo de Ignacio en Visperterminen, e Ignacio fue padrino en San Jerónimo Norte del bautismo de Eduardo Ignacio, hijo de Ferdinando y nieto de Luis.
Tanto Ignacio como Luis y los hijos de ambos dieron origen a una numerosa prole, descendiendo del primero el ya citado Calasancio; Paulina (1861), que nació en alta mar durante el viaje y casó con Juan J. Amherd (1892); Mauricio (1863), que se casó con Francisca Zen; José Luis (1864), que se casó con Josefina Amherd (1887); Ernesto (1866); Matilde María Rosa (1870), que se casó con Adolfo Neffen (1895); Carolina (1871); Gotllieb (1872), Carolina Isabel (�?), casada en primeras nupcias (1895) con Francisco Mangold y luego con Jeremías Eggel; Catalina (1874), que se casó con Leopoldo Mangoldt (1911); María Ignacia (1875); Ana María (1877); y María (1879).
De los hijos de Luis, Rosinus o Rufino (1839) se casó con Tekla Ebenegger (1874); Clemenz (1840) con Walburga Williner (1873); Ferdinando (1842) con Fridolina Schmithalter (1872); Vicenz (1846) con Rosalía Williner (1874); Kaspar (1848); Emanuel (1850); Shopía (1852) que se casó con Francisco Bürgi (1870); Lidwina (1854), que se casó con Paúl Michlig (1874); Ana María (1856), que se casó con Luis Kalbermatten (1874); y María Josefa (1860) casada con Alois Beauge (1874).
En 1878, los miembros de las familias Stoffel que habitaban en Humboldt se encontraron entre los vecinos que firmaron la carta que el 12 de abril se elevó al gobernador, a favor del padre jesuita Auwellier y protestando por la decisión que había tomado en contra suya el municipio de Esperanza.
Esta adhesión al padre jesuita no era algo meramente coyuntural sino que se ligaba a la historia religiosa de los valesanos. La Compañía de Jesús fue la que los sostuvo en la confesión católica frente a las solicitudess de luteranos y calvinistas, al punto que era muy común el nombre Ignacio entre ellos en honor al insigne fundador. Además, la reunión de todos los que portaban su nombre se realizaba el 31 de julio.
Algunos de los hijos -ya argentinos- de estos inmigrantes participaron de la llamada revuelta de Humboldt de principios de 1893, cuando alrededor de 400 colonos se resistieron con armas en la mano, en defensa de lo que consideraban sus legítimos derechos. También lo hicieron en el desembarco que el 25 de julio hicieron en nuestra ciudad -aunque en esta ocasión ligados al radicalismo- para enfrentar al gobierno provincial.
Como en toda familia grande, la suerte de los descendientes -muchos de los cuales perdieron este apellido hace ya dos o tres generaciones- fue dispar. Hoy nos encontramos entre ellos con campesinos, obreros, amas de casa, empleados, religiosos, docentes y profesionales, dispersos en Esperanza, Rafaela, Pilar, López, Gálvez, Santa Fe, Laguna Paiva, Llambí Campbell, Recreo y -por supuesto- Humboldt y San Jerónimo Norte. Todos comparten la común ascendencia comenzada a forjar ya hace más de dos siglos y medio en una aldea casi perdida del Alto Valés.
Mariana Rivera