Edición del Jueves 18 de agosto de 2005

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Edición impresa del 18/08/2005 | Opinión Opinión

Los jinetes de Revol
Por Marcelo Olmos

El Museo Histórico Provincial de Santa Fe cuenta con una obra de indudable atracción: el retrato ecuestre de Pascual Echagüe, que siempre ejerció en mí una atracción particular. Obra de Félix Revol, es sin duda un caso excepcional en la pintura del Río de la Plata de mediados del siglo XIX por su carácter de ecuestre.

Y también en el Museo Histórico Provincial "Dr. Julio Marc" de Rosario se encuentra otra obra de este mismo autor: el retrato ecuestre del coronel Martín de Santa Coloma.

El autor de ambas, Félix Revol Le Perrier, nacido en Lyon en 1821, se presentó en Santa Fe en 1847, adonde llegó recomendado por Arana, ministro de Juan Manuel de Rosas, para hacerse cargo de los trabajos del altar mayor de la Iglesia de Todos los Santos de Santa Fe. Estando Revol a la sazón en Buenos Aires, luego de su arribo de Francia entre los años 1838 y 1842, y practicando su oficio de pintor, ingeniero y arquitecto, no escaparon a los ojos de Rosas las condiciones de este artista francés que, frente a la oportunidad que se le presentaba en el interior del país, no dudó en aceptar el encargo.

El pintor trabaja en el mencionado retablo de la iglesia matriz y realiza un cuadro para el mismo: "Reunión de todos los Santos". Los continuos repintes hacen irreconocible la pintura, además de la imposibilidad de juzgarla adecuadamente. Catalina Pistone efectuó un cuidadoso estudio sobre la autoría de la obra, rescatando a Revol como su hacedor y descartando otras atribuciones poco felices (*).

Durante su estadía en la ciudad realizó trabajos varios, entre los que se cuentan el par mencionado, que tiene un singular encanto, y que indudablemente son los más emblemáticos de este autor. Estando en Santa Fe Santa Coloma, quien había tenido una particular actuación en la batalla del Quebracho, Revol realiza el retrato en donde graba una alusión a este hecho como fondo del majestuoso caballo y jinete. La obra, actualmente en el Museo Histórico Nacional, mide 1,23 x 1,63 m. Existe una copia o segunda obra en el Museo Histórico Provincial "Dr. Julio Marc" de Rosario, que habría que estudiar a fondo para revelar su autoría.

Igualmente, pintó el retrato de Echagüe que se exhibe en el Museo Histórico de Santa Fe de la Vera Cruz apelando a una similitud de imágenes, basada en el tema, la pose y la composición de la obra. El cuadro de Echagüe, intervenido hace años, quedó reducido unos centímetros en sus dimensiones: 2,05 x 1,54 m. En los retratos ecuestres de Santa Coloma y Echagüe, el estereotipo se adueña de las figuras, alternando detalles en su planteo. Uniformes y fondo cambian para relatar la situación política y militar de los representados. Santa Coloma es un aristocrático señor de la guerra, en traje de terrateniente con chiripá bordado, chaqueta militar y un deslumbrante apero de plata que incluye pretal y fiador de rica ejecución. Echagüe viste uniforme europeo y su monta lleva un apero de plata menos ostentoso, además de no portar, como Santa Coloma, boleadoras y lazo, marcando con ello su status de prominente hombre de Estado. Las obras siguen siendo atractivas, con algo de dura ingenuidad, de aire romántico y exótico, en estos hombres montados ricamente, en medio de un mundo casi salvaje y desconocido, celebrando pompa y circunstancias con un fondo de soldados y maniobras militares que actúan de realce a los personajes centrales de las obras y timbrados los óleos con los escudos de la Nación y la provincia.

Los corceles tienen el encanto del dibujo que evoca similares en las miniaturas persas y poseen el empaque de caballos de paso peruanos. Pistone indica errores en detalles que no restan nada al particular encanto en estas pinturas. Intento solitario de una modalidad pictórica casi única en nuestro arte de la primera mitad del siglo XIX, que no encontrará igual hasta que Blanes pinte un Urquiza ecuestre para la Legislatura entrerriana, obra destruida en 1870.

Revol retrata también personajes importantes de la vieja sociedad santafesina, como los esposos Aldao, actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes. En los retratos, la voluntad de captar algo más allá de la imagen algo dura es evidente. Hay una intencionalidad marcada por dar una visión más íntima y personal de los personajes, totalmente opuesta a la imagen grandilocuente y ceremonial de las figuras ecuestres. Cierto que Revol es casi rígido en su pincelada, desprovista muchas veces de gracia. Técnicamente podemos decir que sus obras son resueltas en el nivel de los detalles, ya que, despojadas de lo anecdótico, revelan al ingeniero en su autor, preparado en la Escuela Politécnica, donde seguramente la formación impecable excluía al aliento a lo artístico.

Revol es un pintor de paso que después se asentó en Córdoba, donde siguió trabajando. Llegó a pintar algunos frescos que decoraron la catedral de Tucumán y que ya no existen. Se mencionan otros trabajos hechos en Córdoba, como el retrato del canónigo José Núñez y un San Miguel Arcángel. Falleció en Córdoba, el 29 de diciembre de 1867, durante la epidemia de cólera, pero dejó para Santa Fe las imágenes más atractivas y mágicas de la iconografía decimonónica en nuestro país, los espléndidos caballitos de Echagüe y Santa Coloma, original y probable copia, que evocan un universo idealizado en medio de los enfrentamientos y las soledades de nuestra historia.

(*)"Las Artes Plásticas en Santa Fe. Estudio Histórico". Junta de Estudios Históricos de Santa Fe. Santa Fe, 1993.



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