El Soldi de Amigos del Arte, década del '30
El centenario de Raúl Soldi, uno de los artistas argentinos más prolíficos y destacados del siglo XX, está siendo recordado en todos los ámbitos culturales del país. Pintor, dibujante, escenógrafo, muralista, diseñador gráfico, ilustrador, su obra revela una dimensión singularmente proteica, dentro de una unidad que lo torna inconfundible en el panorama de su época. Seguramente, a lo largo del año se lo está analizando desde diversos ángulos de concepción. En esta nota, como homenaje y directo reconocimiento a una etapa que fue altamente significativa en su labor, ubicaremos sólo el período del maestro de la década del '30, y más específicamente, sus muestras en Amigos del Arte, de Buenos Aires.
Quizá ésta sea su época de impronta italianizante más probada y fresca. Quizá resabios de su formación en la Real Academia de Brera, de Milán, y de sus incursiones en los grupos Il Milione y A vanguardia artistica. Quizá el refinado sentido lírico, animado por el misterio de figuras huidizas, distantes, bajo los allegrettisy giacosis de Corelli, Monteverde, Bach y Pergolesi, como supondría después Alcides Gubellini. Quizá, más simplemente, la memoria familiar dictando (entre música, mucha música) días de infancia, impresiones, escenas de costumbre, celebraciones.
Soldi realiza su primera muestra en Amigos del Arte en 1933. Seguirán otras, hasta concretar en 1938 una gran retrospectiva. Es la época de sus "Bañistas" (1931), de desdibujados cuerpos, en que las formas se funden en contrastes que rememoran a De Pisis. "Las amigas" (1933) y el "Retrato del padre" revelan, asimismo, un primitivismo poético y frágil, modulado en gamas de ocres, rosados y oros que reverberan sobre sus mismos valores. Adolescentes que simbolizan la belleza impoluta componen sus escenas de mar, sesiones de peinado, desnudos, tiempos de melancolía. Soldi trabaja en ellos una atmósfera imprecisable, antigua, sin urgencias. "El coro" (1933), "Los Smith" (1934), "El zaguán" y "Jugadoras de naipes", del mismo año, marcan esa fluidez precisa e imprecisable de la línea, que definirá años después una de las cualidades más significativas de su pintura: la etereidad, cierta cualidad de lo inasible.
Arlequines, saltimbanquis, músicos estructuran -más figurativa que temáticamente- una construcción plástica regida por equilibrios compositivos. Aparece ya cierto tono místico, sordo y a la vez de trasfondo, que da un noble realce a cada escena.
En 1938, Julio Payró lo saluda desde las páginas de Sur (*). Se coloca en una etapa intermedia, como Marie Laurencin, en una encrucijada de la maraña del arte contemporáneo y viviente. Payró lo ve por ahí fauve, por ahí superrealista. Y, sin embargo, señala su enriquecimiento, dentro de la voluntaria bidimensionalidad de sus figuras. Habla de estilización orientalista y de materialización corpórea. Y cita a Renoir, como era previsible, pero delimita: al Renoir de la última época. Y ubica a Chagall y a De Chirico, si bien le importa más destacar la elegancia y el artificio amable de la Commedia dell�Arte.
Esta muestra ubica a Soldi en una etapa de indiscutibles afirmaciones. Su elección de paleta, hecho de por sí fundamental para el desarrollo futuro de una manera propia. El interjuego y la celebración de la figura como un continente de sensaciones y sentimientos inaprensibles. La caracterización de una atmósfera intemporal, poética en su indefinición, que aún mantiene auras peninsulares de Turín, de Milán, de Trieste, con sus amadas geografías. Período que Atilio Rossi avala particularmente, con motivo del XXVII Salón Nacional, en que el artista no obtuvo premio alguno y en el que aquél lo ubica como nota reconfortante de un artista mayor, en plena madurez.
Nuestro Museo Nacional de Bellas Artes posee en su patrimonio "La hamaca" (1933), uno de los Soldis más intensos y de acabada factura. Es el año del regreso del artista a la Argentina. Atrás quedarán las andanzas y experiencias con Manzú, Birolli, Sassu, Tommea. En la imagen de una Italia que siempre continuará alimentando su corazón. Y su obra.
(*) Revista Sur 38. Buenos Aires, setiembre 1938.
Obras de Raúl Soldi en la colección del Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez:
1) "Figura", óleo sobre lienzo, 60 x 84 cm. Premio Adquisición del XXIV Salón de Santa Fe.
2) "Arlequín cantando", óleo, 79 x 106 cm. Donación Luis León de los Santos.
3) "La niña del vestido celeste", óleo sobre lienzo, 60 x 70 cm. Adquirida por el Museo.
4) "Ángel músico I", óleo, 34 x 45 cm. Donación Luis León de los Santos.
5) "Angel músico II", óleo, 34 x 45 cm. Donación Luis León de los Santos.
6) "La medianera", óleo sobre lienzo, 84 x 69 cm. Adquirida por el Museo en el XX Salón de Santa Fe.
7) "Jarra de barro inglés", óleo, 24 x 33 cm. Adquirida en el XXIX Salón de Santa Fe.
8) "Coliflores", óleo, 51 x 59 cm. Donación Luis León de los Santos.
9) "El adolescente", tinta, 37 x 28. Donación Luis León de los Santos.
10) "Muchachas de Italia", lápiz, 12 x 15 cm. Donación Luis León de los Santos.
11) "Mujer acostada", tinta, 17 x 22. Donación Luis León de los Santos.
Obra en el Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas: "El malabarista", óleo 0,90 x 0,70. Adquisición.
Varias obras en colecciones privadas.
Un clima de sugestiva irrealidad se desprende de sus obras como consecuencia de su personal estilización de las formas y de la fisonomía no menos personal de sus gamas colorísticas, extremadamente delicadas.
C. Córdova Iturnuru
Para juzgar el valor sustancial de la obra, hay que buscarlo en su solidez como pintura, como forma y como expresión interior: en esa refinada artesanía de los empastes, es decir, il bel mestiere, como decía el gran Modigliani.
Alcides Gubellini
Soldi ha dado existencia pictórica al mundo de sus sentimientos con sutileza técnica y delicada armonía. Diversificó su obra en el dibujo, el mural, la escenografía, la indumentaria teatral y cinematográfica y la ilustración de textos literarios. Tendió, con palabras de Rafael Alberti, hacia una nueva belleza siempre joven.
Romualdo Brughetti
No hay en estas pinturas angustias ni sufrimientos, sino un tono amable que proporcionan las niñas vírgenes y, en otras obras, los personajes de la Comedia del Arte.
Ana María Telesca
La primera impresión que surge de la contemplación de una obra de Soldi es el descubrimiento del espacio. En la medida en que ese nuevo espacio, ese mundo, consigue admitir a los elementos propios del pintor, se atestiguan el valor y la capacidad del artista para diferenciarse del ilustrador o del decorador. Soldi posee esa sensación del espacio, esa resonancia ambiental, y la articula como un lenguaje.
Eduardo Baliari
Las figuras de Soldi han fijado un tipo enraizado en la tradición italiana, en el que la gracia rítmica se expresa por contornos esquematizados y muy finas armonías de color. Todo respira gracia y facilidad: la magia teatral de sus figuras y las atmósferas abiertas de los paisajes de la llanura bonaerense.
María Laura San Martín
1905: Nace en Buenos Aires, de padres italianos, un 27 de marzo.
1918: Comienza estudios de dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes, rompiendo la tradición musical de la familia.
1923: Viaja a Italia y estudia en la Real Academia de Brera, en Milán. Realiza exposiciones en dicha ciudad y en Novara, formando parte de la agrupación A vanguardia artistica y de Il Milione.
1926: Participa en la primera Quadrienale de Roma, de la Permanente de Turín y Milán.
1929: Primer premio de pintura en Trieste.
1933 y 1938: Muestras en Amigos del Arte, de Buenos Aires.
1937: Participa en la Exposición Internacional de París.
1939: Medalla en la Exposición Internacional de San Francisco.
1941: Viaja a Hollywood, EE.UU., auspiciado por la Comisión Nacional de Cultura. Toma contacto con el cine, relación que continuará en su país como escenógrafo y vestuarista. Expone en Nueva York dibujos y témperas.
1942: Tercer premio en el Salón Nacional de Bellas Artes.
1943: Muestra individual en el Museo Genaro Pérez, de Córdoba.
1947: Obtiene el primer premio de pintura del Salón Nacional.
1948: Comienza a participar en el cine argentino como diseñador y escenógrafo. Interviene en más de 80 películas.
1951: La Academia Nacional de Bellas Artes le otorga el Premio Palanza de Pintura.
1953: Decora con frescos la capilla de Santa Ana, en Glew, labor que le demanda casi una década de trabajo y habrá de concluir en 1962. Escenógrafo del Teatro Colón. Más de diez óperas y otras puestas lo tienen como escenógrafo y vestuarista.
1958: Premio Bienal de San Pablo.
1960: Es nombrado Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Invitado de Honor a la II Bienal de México. Exposición en la galería Wildenstein, de París.
1963: Realiza otros murales públicos, entre ellos, los que helicoidalmente decoran las galerías Santa Fe, en Buenos Aires.
1966: Decora la cúpula del Teatro Colón de Buenos Aires.
1982: Obtiene el Premio Konex.
1994: Muere en la ciudad de Buenos Aires y su cuerpo es velado en el Museo Nacional de Arte Decorativo.