Eloy Rodríguez
El gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, decidió reglamentar la ley 10.714 (promulgada el 14/11/1991 y publicada en el Boletín Oficial el 31/01/1992), por medio de la cual, se permite crear el Consejo de los Bajos Submeridionales. Estará formado de acuerdo a lo establecido en el artículo 6º de la norma legal, que en su artículo 2° fija como jurisdicción los departamentos 9 de Julio, Vera, General Obligado y San Cristóbal.
Con esta iniciativa, se pone a disposición de los involucrados un Plan Maestro, diagramado por los Ministerios de Asuntos Hídricos y de Obras Públicas de la Provincia para tratar de incorporar más de 2.000.000 millones de hectáreas a la producción santafesina.
Los Bajos Submeridionales son una extensa llanura que comprenden gran parte del este de Santiago del Estero, sur de Chaco y el norte santafesino (General Obligado, Vera y 9 de Julio), correspondiéndole a estos dos últimos la mayor superficie.
Cuando se habla de este tema, inmediatamente, se piensa en las inundaciones con motivo de intensas precipitaciones y su lenta evaporación o escurrimiento. ¿Cómo se producía la disipación? En Chaco, los grandes bosques y montes lo hacían mediante la intercepción y la evapo-transpiración; y en Santa Fe, actuaba el almacenamiento por medio de áreas bajas, esteros, lagunas y cañadas, con suelos muy frágiles por la gran salinidad.
Las obras realizadas hacia el río Paraná datan de 1974, cuando mediante un convenio firmado por las tres provincias, se efectúan los estudios que permiten los trabajos de campaña por la empresa Franklin Consult (Bs. As.). Al poco tiempo, en el período 1976-1978, la firma Ingeco (Tucumán) construye "el terraplén de los Bajos Submeridionales", como se denominó a la Ruta 30, desde Gato Colorado a Quimilí (Sgo. Del Estero) y entre 1977 y 1992 se concluyó la ruta nacional 95 desde Pozo Borrado hasta el Paralelo 28.
Pero, desde hace casi 30 años, la gran expansión agropecuaria ha provocado una reconversión geográfica acompañada por un cambio climático que ocasiona el anegamiento de grandes superficies. El brusco desmonte elimina la disipación chaqueña y Santa Fe, alarmada por las prolongadas permanencias líquidas, ya no almacena sino que provoca el escurrimiento por medio de numerosos canales que ocasionan una reacción en cadena y la necesidad de aumentar la cantidad y magnitud de los mismos como consecuencia de la sumatoria de los excesos. Esta situación se agrava porque éstos se colman de tierra y se incrementan las tareas de mantenimiento. A la vez que existe un alto riesgo de inundación de los cultivos y la eliminación de agua dulce, ya que lo primero que se lleva un canal es la precipitación recibida.
La problemática de los canales es, quizás, el punto que hay que resolver. Desde la esfera oficial se ha tomado "el toro por las astas" y un convenio firmado entre la Embajada de Holanda y el Ministerio de Asuntos Hídricos permitió que entre el 19 y el 20 de agosto visitara la zona el ingeniero holandés, Jos Van Alphen. Se trata de un experto en escurrimientos hídricos en un estado como los Países Bajos que ha sufrido numerosas inundaciones y pudo convivir con el riesgo que presenta en algunas ciudades estar 7 metros bajo el nivel del mar.
Este ingeniero coincide con algunas apreciaciones vertidas en esta nota referidas al desequilibrio entre las precipitaciones, la evaporación y el drenaje, como así también a la potencialidad y los riesgos de esta gran región. Opinó sobre la interdependencia entre el subsuelo, la hidrología, la producción, la infraestructura y el nivel en la toma de decisiones y agregó que "cada cuenca debe tener un plan y una administración".
Santa Fe, que es un paso obligado para el escurrimiento de los excesos hídricos, tanto hacia el río Paraná como al Arroyo Golondrinas, deberá interactuar para planificar el lugar de entrada del agua derivada por las provincias vecinas, la magnitud, el traslado a los sitios de descarga final con la compatibilización de los drenajes locales y así llegar al lugar de salida con el mayor equilibrio posible entre las cuencas superiores y las receptoras de los excedentes.
Por su parte, la provincia acompaña con inversiones, unas ya realizadas y otras presupuestadas, sobre el mapa vial de los Bajos Submeridionales. Rutas transversales como la 30, 31, 32, 40 y 98 que permitan sacar la producción a destinos más cercanos y las comunicaciones norte-sur por medio de las rutas interprovincial 35 (límite con Santiago del Estero); las provinciales 91, 95 y 77 en el departamento 9 de Julio; la interdepartamental 13, límite con Vera y la 3, desde esta ciudad hasta el límite con el Chaco.
Hay estadísticas que respaldan este proyecto integral, ya que provocaría un aumento de más de medio millón de cabezas a un actual stock ganadero cercano a los 3 millones de bovinos; una mayor zona cultivable de algodón, girasol, maíz, soja, sorgo y trigo, la cual, hoy abarca unas 500.000 hectáreas y produce aproximadamente 900.000 toneladas anuales; el aprovechamiento de dos mega emprendimientos como son el Puente Reconquista-Goya y la Hidrovía Brasil, Paraguay, Argentina y la generación de mayores ingresos por el incremento de las exportaciones más la recaudación impositiva que tributará el sector rural.
Aunque no habrá que perder de vista que los resultados se verán en 20 años, como mínimo.
El artículo 6
de la ley 10.714, adaptado, dice que el Consejo será dirigido por un Directorio integrado por un representante del Ministerio de Agricultura; otro del Ministerio de Obras y Servicios Públicos; otra persona del Ministerio de Asuntos Hídricos; un referente de cada Sociedad Rural y entidades gremiales de primer grado de 9 de Julio, Vera, Gral. Obligado y San Cristóbal; un representante de cada Comité de Cuenca involucrado en esta jurisdicción; un referente de cada Municipalidad comprendida en el área de los Bajos; un delegado por Corenosa y otro por Carsfe.