Navidad alrededor del mundo
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El ancho y largo mundo encierra tantas tradiciones navideñas como países, pueblos y naciones en él conviven: desde la vieja ciudad de Belén, donde tuvo origen esta fiesta -habitada hoy por una mayoría musulmana que respeta su consideración de cuna del cristianismo-, hasta la milenaria China, donde el auge económico permite la celebración al 1,15 por ciento de su población que practica el cristianismo.
En Belén tiene lugar la más emotiva Misa de Gallo del mundo, en la noche del 24 de diciembre. En su plaza, llamada "Del Pesebre", se organiza cada año un festival internacional de villancicos con la participación de los coros más importantes de la cristiandad.
Y a miles de kilómetros, en Laponia (Finlandia), se alza la mitología paralela navideña: la pagana de Papá Noel, imagen que millones de ciudadanos del mundo entero han ido incorporando a sus costumbres.
En Laponia se celebra probablemente la Navidad más triste del mundo, ya que las familias se reúnen en un rito de unidad y protección, y a la luz de las antorchas acuden a los cementerios nevados para honrar a los que se fueron para siempre.
En el extremo opuesto, y al margen de las costumbres íntimas de cada familia, Nueva York es el símbolo del Occidente enloquecido en estas fiestas. Toda la ciudad es un ascua de luz, pero especialmente el centro de Manhattan, con sus enormes árboles de Navidad del Rockefeller Center, el de Chanel Garden y sus espectáculos navideños de Radio City Music y todo Broadway.
En esta ciudad estadounidense las compras son el delirio, con las tiendas más espectaculares y los mejores relojes, los mejores juguetes, la ropa más cara, lujosa y exclusiva, aunque también abundan las tiendas de todo tipo en el Soho y el sur de Broadway.
Si se quiere asistir a una Misa de Gallo espectacular, también se puede disfrutar en Nueva York. Se destacan las de la catedral de San Patricio, en la Quinta Avenida, y la de San Pedro.
Este afán consumista en todo Estados Unidos ha hecho saltar las alarmas a los cristianos más conservadores, que ven esta tendencia como una campaña dirigida a suprimir la esencia religiosa de la Navidad. Estos grupos sostienen que hay que recordar el nacimiento de un niño pobre en un pesebre de Belén, como un argumento contra el consumismo.
También en México las cosas han cambiado mucho, desde que en 1523 se iniciara la tradición de celebrar la Navidad en la Nueva España -nombre del virreinato español de México-, cuando fray Toribio de Benavente relató que la gente "puso muchas lumbres en los patios de las iglesias y los terrenos de sus casas".
Pero desde varios días antes, el abarrotamiento de los centros comerciales coincide ya con el inicio de las "posadas" que se inician el 16 de diciembre. Durante nueve días, estos festejos representan la petición de abrigo que la Virgen María y San José hicieron a la espera de la llegada del Niño Jesús.
En los barrios populares se recorren las calles con velas prendidas, mientras pasean las imágenes de la Virgen y San José, hasta que llegan a una casa donde, mediante el canto de villancicos, solicitan posada. Allí se celebra entonces el festejo, en el que niños y adultos rompen una olla de barro revestida de papel, con dulces en su interior.
La rotura de la piñata, que tiene su origen en la fiesta de la vendimia en Italia, simboliza la lucha entre el bien y el mal, que termina con el premio de los dones que caen del cielo. Después son obsequiados con comida y el tradicional ponche, hecho a base de guayaba, tejocote, caña, manzana y ciruela pasa.
En estos festejos, los niños reciben una bolsa de dulces o "aguinaldo", como se denomina a la paga extraordinaria de diciembre, que los mexicanos destinan mayoritariamente a cubrir los gastos navideños.
En México, el intercambio de regalos entre amigos, compañeros de trabajo y familiares es común. Se trata de una costumbre antigua, cuando los indígenas repartían fruta durante las procesiones religiosas.
El adorno tradicional en México sigue siendo el Nacimiento o Belén, como lo es también en Ecuador, cuya capital, Quito, cuenta con el que es, probablemente, el mayor Belén del mundo que se instala cada año en el mítico cerro del Panecillo, donde refulgen miles de luces durante todas las fiestas.
El Nacimiento de Quito reviste, además, la originalidad de haber sido levantado partiendo de la escultura de la Virgen del Panecillo, de 41 metros de altura y compuesta por 7.400 piezas de aluminio, que pesan 124.000 kilos.
Pero durante dos semanas estará acompañada de las figuras del Niño Jesús, San José y los tres Reyes Magos, todas ellas construidas con miles de luces que dominan toda la capital ecuatoriana desde la loma del Panecillo, el mirador natural de la urbe.
Mientras tanto, en la alegre Brasil, el reino del samba celebra estas fiestas de un modo especial: al ritmo de las olas y con fuegos artificiales en las playas de Ipanema y Copacabana, donde las "filhas do santo" (sacerdotisas africanas) encienden velas y lanzan al mar barcos con flores y regalos.
Es un buen presagio que la marea se lleve todo eso y significa que Yemanjá, Diosa de los Mares, bendice el nuevo año.
En París, todo el mundo se harta esa noche de chocolate, aunque antes preparan unas cenas pantagruélicas a base de ostras, fuagrás, salmón "budin blanc" (morcilla blanca), pavo con castañas y la "bouche" (especie de brazo gitano), con sus maravillosos vinos y champañas.
París en esta época es más Ciudad Luz que nunca, en los Campos Elíseos especialmente. Y relucen los maravillosos escaparates de las Galerías Lafayette y de las elegantes boutiques de Lacroix, Chanel, Dior, etc.
Londres es asimismo lugar de delirantes posibilidades de compras, como ciudad probablemente más genuinamente comercial del mundo. En estas fiestas privadas -los famosos "parties"-, la gente luce su uniforme, su smoking y su traje de noche, más o menos largo. En la cena de Navidad sobresale el pavo relleno, el salmón de Escocia y el puding de Navidad.
En Roma, el árbol de Navidad está ya hasta en la propia plaza de San Pedro, junto al Belén gigante con figuras de tamaño natural. La angula, el pavo y el tradicional dulce panettone componen la cena típica de los italianos en Nochebuena.
En la cercana Nápoles, la originalidad de estas fiestas está en sus maravillosos dulces navideños. Los "struffoli", los "mostaccioli", la "pastiera", los "sfogliatelle" y la "pasta reale", todos nacidos en la serenidad de los antiguos conventos y vertidos finalmente a los comercios, pero con "divino amore". Toda una historia con la exclaustración de las monjas del convento Donna Regina o los frailes mendicantes.
CADA VEZ MÁS OCCIDENTALES
En Tokio, donde los cristianos pueden contarse con los dedos de una mano, la fiesta de la Navidad tiene cada año mayor importancia. Se celebra una cena en casa o en un restaurante y se espera la llegada de Papá Noel, que trae los regalos.
Existe ya en esa ciudad un pastel tradicional de Navidad y el alcohol corre como si aquello fuera una ciudad occidental. Eso sí, en las cercanías del año nuevo, la gente visita los templos sintoístas y en la Nochevieja acude al templo Meiji de Tokio, donde oye las 180 campanadas de gong que representan 180 clases de deseos, y se toma un bol de fideos calientes.
En la vecina China, cada año es más frecuente ver camareras disfrazadas de Papa Noel, felicitaciones en mandarín, árboles artificiales, y hasta las rebajas para paliar la tristemente famosa "cuesta de enero".
Occidente está de moda en China, un gigante emergente con un asombroso crecimiento, en torno del 9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), donde todo lo que venga del oeste significa estatus. Por eso, aunque apenas un 1,15 % de sus 1.300 millones de habitantes se confiesa cristiano, en el centro comercial de Pekín la mayoría de los edificios se ornamenta con motivos navideños, mientras que muchos restaurantes y hoteles ofrecen cenas por la celebración, en un ambiente festivo.
Según una encuesta realizada entre 2.000 personas por el Instituto de Estudios Sociales de China, el 90 % de chinos de entre 15 y 45 años celebró la Navidad en 2004, al tiempo que el consumo de productos navideños se incrementó entre un 5 y un 10 %.
La fiesta del nacimiento del sol invicto es la festividad más importante del mundo pagano. Se conmemoraba en los países celtas y en el Imperio Romano, antes del advenimiento del cristianismo. El 25 de diciembre, en el momento en que el sol se encontraba más al sur, cuando las noches eran más frías y largas y los días más cortos, se rendía homenaje al dios sol, para suplicarle un nuevo año de luz y calor.
Las ciudades alemanas son famosas por los mercadillos de Navidad durante el Adviento, que son las cuatro semanas que preceden a la celebración. Cada año, recorren las calles y callejuelas de las ciudades alemanas el aroma de las castañas tostadas, del vino caliente con canela y los rumores de los niños y adultos que se pasean por las veredas decoradas con luces.
Esta celebración es, como era, una verdadera fiesta de guardar. En la época virreinal los actos festivos se circunscribían al día 24 y básicamente eran dos: la visita del virrey a las cárceles, donde concedía indulto a los presos luego de oír sus razones. Y el segundo, escuchar Las Calendas de los diferentes conventos de monjas. Luego, se pasaba a los claustros a probar las famosas "colaciones", una verdadera feria de dulces, panes y mazapán.