Todos cuentan de aquel nacimiento
Tradiciones y creencias. El nacimiento de Jesús, símbolo cristiano de la Navidad, fue recreado a lo largo de los tiempos según las costumbres y tradiciones de cada lugar del planeta. En nuestra región, las leyendas alimentan el ritual. Textos de Zunilda Ceresole de Espinaco. Fotos de El Litoral

La Navidad representa para los cristianos una fiesta que conjuga alegría, esperanza, reencuentro y paz. El espíritu navideño rescata primordialmente la humildad, ya que el Niño Dios nació en un portal, no en un palacio, a pesar de ser el enviado del Ser Supremo para redimir a la humanidad.

Año tras año, en época navideña, se adorna el corazón con buenas intenciones y el hogar, con elementos simbólicos específicos, según el país o la región. Del mismo modo, manan creencias y costumbres tradicionales, propias de las culturas que las practican. Tampoco están ausentes las leyendas y los refranes que aluden a esta fecha especial. He aquí algunos de esos detalles, que hacen de esta celebración un momento digno de ser compartido.

La cunita de Jesús

Las leyendas recogen, a lo largo y ancho del planeta, las más arraigadas tradiciones populares. Las relacionadas con la Navidad son fecundas en imaginación y costumbres. Una de ellas, llamada "La cunita de Jesús", cuenta el nacimiento del Niño Dios en una región de nuestra provincia.

"Densos vientos de terror y muerte recorrían aldeas y ciudades, como también recónditos lugares, cuando, huyendo de la persecución de los soldados de Herodes -cuya misión era matar a niños de muy corta vida-, San José y la Virgen María, llevando en brazos a Jesús, llegaron a los pagos del norte santafesino.

"Temerosos de ser descubiertos, se internaron en el norte y avanzaron penosamente por él, hasta que encontraron un rancho y pidieron asilo por esa noche a sus dueños: un hachero y su mujer.

"Con la tradicional hospitalidad criolla, éstos los recibieron con amabilidad y compartieron la poca comida que tenían con los recién llegados. Luego, el hachero fue en busca de madera para hacer una cunita al niño, a fin de que pudiera descansar con comodidad. La belleza y fragilidad de aquel niño habían cautivado su corazón.

"Regresó con las manos vacías, no encontró una madera resistente para fabricarla, y contó que pronto abandonarían el lugar porque se habían acabado los árboles de madera dura y ya no podían talar; por lo tanto, no tenía cómo ganarse el pan.

"El rostro del hombre revelaba la honda aflicción que lo consumía por la situación en que se hallaba y por no poder brindar una cunita a la criatura.

"José, que era carpintero, se condolió de este hombre de apariencia recia pero corazón tierno y solidario. Con infinita fe, rogó a Dios que hiciera algo para ayudarlo.

"Cuando el amanecer derramó por el cielo una taza de colores que goteaban por doquier, la Sagrada Familia agradeció la hospitalidad recibida y partió.

"El leñador fue en busca de ramitas para encender fuego y comprobó, admirado, cómo los algarrobos, que eran débiles, se habían transformado en árboles de madera maciza y dura.

"Contento, regresó a su rancho para comentar la novedad a su mujer. Ante este milagro, no era necesario emigrar.

"Desde aquel lejano día, perdido en la bruma del tiempo, algunos gurisitos litoraleños pudieron dormir en sólidas cunas de algarrobo, tal como soñaba construirla para Jesús el buen hachero santafesino".

La sonrisa del Niño Dios

Otra leyenda rescata paisajes humanos y naturales de nuestra zona. Se llama "La sonrisa del Niño Dios":

"La noche se iluminó convirtiéndose casi en día. Una gran estrella, como fúlgido diamante, permanecía fija en el cielo esparciendo haces de luz que juguetonamente se posaban en los árboles, plateaban el río y los arroyos, decoraban los techos de los ranchos e infundían un hálito de misterio que impregnaba el lugar.

"Dos gurisitos, atraídos por la luminosidad, abandonaron el catre en el que dormían, se vistieron y sigilosamente salieron del rancho.

"Quedaron maravillados por la intensa fragancia de las flores de paraíso, que se entremezclaba con la de los azahares de un viejo naranjo que había plantado el abuelo. Sin pensarlo dos veces, se dirigieron hacia el lugar donde estaba la estrella.

"Otros lugareños, también atraídos por el hecho insólito, fueron uniéndose a esa caravana espontánea y curiosa. Al llegar, vieron a una hermosa señora que acunaba en sus brazos un niño recién nacido y a un hombre que con pajitas secas improvisaba una cuna para el pequeño. También un asno y un buey se hallaban en el lugar que, poco a poco, se vio rodeado por vecinos.

"La ropa de los forasteros evidenciaba su pobreza. Los hermanitos, acostumbrados a pasar necesidades, comprendieron que necesitaban ayuda y prestamente regresaron al rancho.

"Al llegar, uno corrió hacia el naranjo y cortó tantas naranjas como podía cargar; y el otro tomó unas postas de pescado frito que habían guardado para el día siguiente, las envolvió con un pedazo de papel; ambos retornaron y se enteraron de que el niño se llamaba Jesús y de que su nacimiento transformaría la historia del mundo.

"Tímidamente, se acercaron y dejaron su ofrenda. Al hacerlo, el capullo de su inocente alegría se transformó en flor, debido a que el Niño Dios les sonrió.

"Los gallos anunciaban el nuevo día, cuando cansados emprendieron el camino de regreso. En un recodo apareció el Diablo y les preguntó de dónde venían. Su gesto maligno extraordinariamente no los atemorizó.

"Los gurises le dijeron que habían conocido a Jesús. Entonces, el Diablo se puso furioso, comenzó a saltar y a despedir un terrible olor a azufre. Esto les causó gracia y empezaron a decir: `íEl gran Diablo está rabioso! íCómo trota, trota y trota...! Ha nacido el salvador.'.

"Cuanto más lo decían, el Diablo se ponía más furioso, porque no les podía hacer ningún daño, ya que estaban protegidos por la sonrisa de Jesús. Dando terribles aullidos, se alejó perdiéndose en el espacio, hasta convertirse en un lejano punto rojo.

"A partir de ese día, la Providencia los colmó de dones por su solidaridad, y jamás volvieron a pasar penurias".

Costumbres que sobreviven

DE PIÑATAS Y FOGATAS

Aún hoy en ciertas regiones de México se coloca colgando del techo una vasija de barro pintada con vivos colores, que contiene golosinas y juguetes. Después del brindis de medianoche, con los ojos vendados y provistos de un palo, los niños intentan romperla, y el que lo logra es muy aplaudido. Luego todos buscan las golosinas y regalos, que quedan tentadoramente esparcidos por el suelo.

En tanto, en muchas naciones de Europa Oriental es habitual que las jóvenes casaderas encuentren sobres en el árbol de Navidad, tantos como mujeres solteras concurran al festejo de la Nochebuena en la casa de parientes o amigos. Esos sobres contienen tres pétalos de rosa roja y los nombres de las mismas. A las 12, con los ojos cerrados, extraen un sobre y la que da con el que tiene su nombre, pronto contraerá matrimonio, según lo afirman las creencias populares.

Si bien en Japón las religiones más practicadas son el sintoísmo y el budismo, también hay cristianos. En época navideña ellos colocan en la vía pública un recipiente que llaman la "olla de la salvación", para que los transeúntes dispongan dádivas que luego serán distribuidas entre los más necesitados.

Mientras, en Europa está muy difundida la costumbre de encender un leño para Navidad. Hoy sólo se practica en zonas rurales de algunos países, donde sobrevive esta antigua tradición que consiste en poner un leño de madera dura en el fondo del hogar en víspera de Navidad y encenderlo para que vaya carbonizándose hasta el Día de Reyes. Según los pueblos, se le atribuyen a esta fogata virtudes curativas, protectoras y propiciadoras de la abundancia.

En los valles del Sieg y Lahn, en Alemania, antiguamente esparcían por los campos las cenizas para que creciera la mies. Esto, luego de colocar un leño nuevo.

En Westfalia se sacaba del fuego el leño cuando estaba apenas carbonizado, se lo guardaba y se lo volvía a colocar y encender cuando había una tormenta con muchas descargas eléctricas, para proteger el hogar de los rayos.

En Francia, especialmente en la Provenza, se lo guardaba debajo de una cama y cuando había tormenta se echaba al fuego una astilla como protección.

En Perigorá recogían la carbonilla y las cenizas y se guardaban para curar las paperas.

En Inglaterra se guardaba un fragmento para encender un nuevo leño, puesto que se creía que así se estaría protegido de hechicerías.

Por su parte, los serbios golpeaban el leño convencidos de que la cantidad de chispas que saltaban equivalían a la cantidad de corderos, cerdos y cabritos que nacerían durante el año.

Refranes para esta fecha

Hay una serie de dichos populares o refranes, a propósito de esta celebración. Por ejemplo: "En Nochebuena pon lentejas en tu mesa y a tu hogar llegará la riqueza" o "Navidad en viernes, prosperidad en ciernes", que explica que, si esta fiesta cae ese día, el futuro será beneficioso.

Hay otro que dice: "No alabes ni desalabes hasta siete Navidades", donde se advierte que no se debe juzgar con ligereza a las personas o cosas, sino esperar que la experiencia permita hacerlo acertadamente.

Creencias del pueblo

Hay quienes sostienen que colocar un recipiente individual con lentejas cocidas y aderezadas junto al plato de cada comensal, durante la celebración navideña, asegura prosperidad a todos los que la ingieran. Y llevar un adorno personal con perlas dará buena suerte en el amor.

Los regalos con envoltorios rojos y verdes traen ventura a quienes los reciben, y las hojitas de muérdago, dispuestas en el centro de la mesa, propician protección contra enfermedades y accidentes.

Delicias: Frutas abrillantadas

Las frutas abrillantadas se usaron por primera vez en España. Se cree que el origen es Murcia o Aragón, pero el uso en los postres navideños es bastante reciente. Y la cobertura del azúcar se comenzó a acostumbrar para disimular el mal estado de la fruta.