De Raíces y Abuelos
Bendita seas, Suiza
Familia Zurmulhe. A fines del siglo pasado, Gaspar y Catalina partieron de Suiza con lágrimas en los ojos. Dejaban su tierra y sus seres queridos. Pero aquella tristeza se vuelve alegría cuando cada primer domingo de noviembre, sus descendientes se reúnen para recordarlos.

"De tus hermosas tierras partió un día el matrimonio Zurmulhe con sus hijos, cabizbajos y muy tristes por dejar a muchos seres queridos, en busca de otros horizontes, de una vida mejor". Con esas simples palabras iniciales, Leobella Longo Zurmulher quiso recordar y hacer un cálido homenaje a sus bisabuelos suizos que emigraron a nuestro país a fines del siglo pasado, durante el Segundo Encuentro Familiar que se realizó el primer domingo de noviembre en San Jerónimo Norte, fecha que quedó establecida como el Día Nacional de los Zurmulhe.

Su texto fue leído por su hija Beba durante la reunión familiar organizada en homenaje a aquellos pioneros. Pero Leobella también escribió el texto del "Himno Guaracha de los Zurmulher", que un primo suyo músico tiene que ponerle la melodía, que también hace referencia a aquellos que dejaron su tierra natal.

Leobella admitió que "ahora de grande me puse a escribir", reconociendo que nunca es tarde para empezar un nuevo proyecto, ya que se trata de una actividad que le da muchas satisfacciones.

Explicó que esta historia comienza en Lucerna, Suiza, y está protagonizada por el matrimonio formado por mis bisabuelos: Catalina Blanco y Gaspar Zurmulher. Llegaron con sus hijos Leoncio, Gaspar, Francisco, José y María. Se radicaron en Entre Ríos, donde sus descendientes (Rodolfo, Eduardo, Silvia, María y Yolanda Zurmulher, de Concepción del Uruguay), viven aún.

Familia prolífera

El matrimonio tuvo en total diez hijos y 40 nietos: Leoncio se casó con Germana Figueroa y se radicaron en Córdoba, donde nació Catalina (mamá de Leobella), quien se casó con Bonifasio Longo, y tuvieron 7 hijos; Luis, casado con Teresa Galo, tuvieron 8 hijos; Clara, casada con Leopoldo Invinkelriet, tuvieron 2 hijos; Rosa, soltera; Ernesto, casado con Emilia Imoff, tuvieron 7 hijos; Sofía, casada con Teófilo Invinkelriet, tuvieron 6 hijos; Adolfo, casado con Nélida Chiavarini, tuvieron un hijo; María, casada con Francisco López, tuvieron 3 hijos; Amalia, casada con Enrique Gasser, tuvieron 2 hijos; y Ema, casada con Casimiro Cabral, tuvieron 4 hijos.

Leobella recordó que "la mayoría de los inmigrantes recibía terrenos cuando llegaba al país, pero Leoncio vino para trabajar de mediero para una persona que tenía muchos campos. Posteriormente, él tenía media manzana de tierra, en donde organizó una quinta, con variadas especies, entre ellos frutales. Le daba frutas a los hijos de los pobres y no se las cobraba porque decía que tenían tanto derecho como los ricos a comer fruta, a pesar de que no tenían para pagarla. Era una de las tantas muestras de que tenía un alma bondadosa".

También explicó que "algunos de sus hijos se dedicaron al campo, otros a albañilería, la panadería o la peluquería, entre otros oficios. Era su trabajo y los dignificaba como personas".

Muchas esperanzas

Con más cálidas palabras continuaba Leobella su relato: "El matrimonio Zulmulher llegó con sus hijos Francisco, Gaspar, María, José y Leoncio. Traían a cuesta un bagaje de recuerdos que perdurarían en ellos por siempre. Pero también los acompañaba la más hermosa de las esperanzas: que nuestra gran Argentina los recibiera con muy buena predisposición como lo había hecho antes con los demás inmigrantes".

"A medida que el tiempo transcurría, cada uno formó su familia. Leoncio se casó con Germana y se afincó primero en Córdoba y luego en San Jerónimo Norte, donde Dios los bendijo con la llegada de diez hijos. Éstos, a su vez, se reprodujeron y hoy son los que aquí estamos tomados de la mano cantando un himno de felicidad y agradecimiento al destino por levantar las cabezas cabizbajas de aquellos inmigrantes y hacer que en sus rostros brille la felicidad", explicó.

Leobella también contó que "Francisco, María y Gaspar imitaron a Leoncio y cada uno formó su hogar. Hoy nos hemos reunido para agendar en nuestra mente un día especialmente feliz. Es cuando nuestro corazón estalla, la sangre bulle, las sienes laten y los pensamientos pasean dulcemente en carrozas de flores llevadas por mariposas de mil colores. Es un estado de euforia total nunca antes visto.

Por último, quiso terminar las palabras que dirigía a sus familiares a través de su hija diciendo que "ojalá que esta imagen compuesta por todos ustedes perdure en nuestra mente y en nuestro corazón por siempre".