En las novelas "serias" de Simenon (absurdo epíteto que pretende definir de alguna manera las obras que no forman parte de la serie del inspector Maigret) suelen plantearse, bajo una intriga que puede o no ser de neto corte policial, situaciones en las que una soga alrededor del cuello (que a menudo comienza ostentándose como collar o gargantilla) va estrechándose hasta ahogar a los personajes y al lector. En "La sed", la asfixia resulta especialmente atroz dado que la novela empieza en el aire más puro que pueda imaginarse, en el de una isla de las Galápagos no hollada por vehículo alguno ni turistas chillones. Sólo cada seis meses una barcaza trae víveres, medicamentos y noticias a las dos parejas de alemanes que viven en el lugar: un eminente médico y filósofo, y su compañera; y un auxiliar de laboratorio con su mujer encinta y con un hijo tuberculoso y epiléptico, que es la razón que ha llevado a esta familia a aislarse en medio del mar. Aunque son los únicos habitantes de la isla, y se ven obligados a un estilo de vida muy primitivo, la relación entre ellos es apenas cordial. Pero respiran. "Todo aquello era dulzón y tétrico. Reinaba en la isla una paz triste, pero nunca, ni Müller ni los Herrmann, aludían a ello". Hasta que llega una excéntrica millonaria, rodeada de una corte de amantes y guardaespaldas, decidida a abrir un hotel en ese paraíso. Y el aire se irá espesando hasta la muerte.
Georges Simenon (Lieja, 1903- Lausana, 1989) realizó en 1934 un largo viaje alrededor del mundo, y fue durante una escala de dos meses en Tahití que escribió "La sed". Desde que inició la publicación de la obra de Simenon -que no acaba nunca de sorprender por su versatilidad y la creciente confirmación de su genio-, Tusquets ha editado treinta y tres novelas independientes, "serias", aparte de los cuarenta y dos casos de la serie Maigret.