El nuevo Congreso alineado con la Rosada

El ejercicio K del poder

Entidades no gubernamentales ya advierten sobre los peligros de la concentración del poder.Foto: Agencia Telam. 

El Presidente disfruta de las mieles del respaldo electoral de octubre. En la semana las dos cámaras respaldaron los proyectos del Ejecutivo. Los peligros para el sistema democrático.

El presidente Néstor Kirchner tendrá una Nochebuena ideal y una Navidad para soñar con grandes cosas. Llega a las fiestas más sentidas para cualquier familia argentina con la mochila cargada de buenas noticias económicas y políticas, mientras disfruta lentamente el sabor dulzón del poder real. En la semana que termina, el nuevo Congreso, en el que el kirchnerismo pisa fuerte y donde el Gobierno se mueve con la arrogancia de un patrón en su estancia, fue un violín que interpretó cada nota en la clave que indicó el Ejecutivo.

Kirchner obtuvo la aprobación de todas las leyes importantes para el manejo del gobierno durante el 2006, pero, más importante aun, realizó una demostración de fuerza de la que tomaron cuenta hasta los mozos del viejo Palacio Legislativo.

Caras nuevas de un oficialismo que se mueve con la misma impronta de manejo del poder que, a su tiempo, tuvieron otros gobiernos justicialistas; siempre alentados por un pragmatismo que enerva cualquier formalismo de opositores o de observadores independientes, pero que constituyen -a juzgar por lo que dicen las encuestas de aprobación de la gestión gubernamental- el verdadero perfil deseado de ejercicio y manejo de la cosa pública. La gente quiere un presidente fuerte, y eso Kirchner lo sabe.

Todas las suposiciones sobre un mejor apego a las formas institucionales que tendría Kirchner tras las elecciones de octubre han quedado en el olvido. Lo que ha triunfado tras las legislativas es el modelo de peronismo puro, en el cual el verticalismo interno se nutre de la tendencia de los argentinos a buscar liderazgos fuertes, para conformar alrededor de la figura del presidente un núcleo del que emanan mandatos unidireccionales y no discutibles.

Así, decisiones de enorme trascendencia, como el pago de toda la deuda al FMI, pasaron por el Congreso con la velocidad y falta de debate propios de una democracia ciertamente débil en su faz de participación equilibrada y representativa.

� Tiene el gobierno nacional culpas adicionales por ese método arrollador de práctica del poder? La respuesta es contradictoria: sí, si el análisis se realiza desde la teoría política; no, si se observa la lógica de instrumentación del poder en los últimos 60 años de historia argentina.

En la semana, mientras el Congreso apenas mostraba algún atisbo de pataleo opositor ante la arrogancia del oficialismo, un embajador de un país del G-7, que no sale de su asombro por la facilidad con que Kirchner logra una y otra vez imponer sin discusión su agenda personal, recibió de su analista económico una explicación poco ortodoxa pero contundente: "la Argentina no es Noruega, señor".

El reino de los éxitos

A dos meses de las elecciones y, mientras los indicadores de la economía sigan atiborrando las páginas de los diarios con cifras positivas, el gobierno nacional no sólo mantendrá su estilo Bruce Willis de ejercicio del poder sino que forzará ese recurso hasta el último aliento.

La acumulación de poder por parte del Ejecutivo, reconcentrado a su vez en la omnipresente figura de Kirchner, es un dato de la política actual que el consenso de la opinión pública acepta, los gobernadores digieren a riesgo de castigos para sus distritos y la oposición termina legitimando con actuaciones que, en la mayoría de los casos, parecen diseñadas para ratificar los motivos etnocéntricos que alimentan la filosofía del presidente.

�Implica este escenario riesgos institucionales? Ciertamente. Nunca en el corto plazo pero, siempre en el largo, se pagan costos por el desmanejo de las formas y equilibrios institucionales. No hay, por ejemplo, argumento que permita entender y justificar el papelón de un Congreso que apenas sesionó una decena de veces en todo el año, pero que en las últimas 72 horas tomó decisiones apenas debatidas sobre el destino de un tercio de las reservas, aprobó el presupuesto anual de 101.000 millones de pesos, y dejó a punto de la sanción legal el debilitamiento forzado del principal organismo de control y transparentización de la Justicia.

En el caso de Kirchner, además, esa responsabilidad por la ruptura de las formas y, fundamentalmente, por la decisión inequívoca de transformar al Poder Ejecutivo en el centro desde el cual se comanda indiscutidamente el rumbo de la Argentina, cobra mayor dimensión por la tenacidad con la cual se proclama lo contrario. Renovación de la clase política, cambio de métodos, fin de los caudillismos son palabra corriente en los discursos, pero sólo palabras, sin contraste efectivo con los hechos.

Darío Datri (CMI)