Desafíos de la temporada
Seis santafesinos fueron Ironmen

Con la preciada medalla: Alejandro de la Vega y Nicolás Musté.. 

La prueba más exigente del triatlón, con 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 90 de pedestrismo, fue superada por un grupo de especialistas locales. Todos adquirieron la categoría de "Hombres de acero".

El 28 de mayo a las 7 de la mañana, con un mar templado pero más agitado que de costumbre en la Playa Yureré, una de las más exclusivas de la isla de Florianópolis, 1.172 atletas de 41 países estaban listos para una competencia única: el Ironman, denominada así, por la increíble resistencia que supone. Esta prueba fue la única en Latinoamérica que clasificó para el Mundial, el famoso "Ironman de Hawai".

Ese día, seis santafesinos estaban en la largada y los seis cruzaron la meta al atardecer, con lo cual obtuvieron (luego de un extenuante sacrificio e historias particulares que compartiremos) la medalla de

Hombre de acero, la que únicamente reciben los que llegan, alcanzando este logro inconmensurable.

Ellos fueron: Alejandro de la Vega (39 años), que empleó un tiempo de 10 horas 38 minutos; Manuel del Sastre (35 años), con 11 horas 40 minutos; Nicolás Musté (33 años), con 12 horas 19 minutos; Diego Sixto (31 años), con 12 horas 22 minutos; Ricardo Payá (34 años), con 12 horas 42 minutos y Ramiro del Sastre (42 años), con 12 horas 53 minutos.

Los santafesinos se dividieron en categorías según edad y en profesionales y amateurs.

El ganador de la competencia fue un alemán Olaf Sabatschus, con 8 horas, 50 minutos, 55 segundos, quien no logró batir el récord del circuito, vigente con 8 horas 11 minutos.

Indescriptible

Los protagonistas narraron que "todo lo que se puede decir de esta prueba no se asemeja en nada a la realidad, ni a lo que se pudo haber visto por televisión, porque es indescriptible".

Todos los momentos de la vida pasan por la cabeza en esas 10, 12 horas y la primera vez es una emoción incontenible "porque pensás en todo el sacrificio que quedó detrás", indican.

Para este grupo de santafesinos con experiencia en este tipo de prueba, todo comenzó bastante antes de ese día de mayo.

Fue un entrenamiento de casi seis meses: "algo fundamental para realizar esta carrera es la organización y eso pasó por la cabeza del entrenador Rafael Zenklussen. Se necesita una planificación, saber que en un mes se va a subir de un escalón a otro, que va a haber etapas de recuperación, seguimiento y control en las comidas, tratamiento de las lesiones que aparecen"; fueron apuntando los atletas, de esta experiencia que les llevó varios meses.

Y recuerdan "entrenábamos todos los días y los fines de semana nos juntábamos todos, con entrenar algunas horas no llegás, los sábados y domingos hacíamos distancias largas asemejándonos a las de la prueba".

De madrugada

El día de la carrera fue una jornada extensa. Los santafesinos se levantaron a las 4 y 30 de la mañana y a las cinco fueron para el gigantesco Parque Cerrado en la Playa Yureré, que abrió a las 4 de la mañana para que cada competidor pueda preparar los últimos detalles.

A este lugar los atletas lo describieron "como perfecto". "Es cubierto, porque el material que queda allí es muy costoso, tiene lugar para 1.200 competidores, con su bicicleta y su indumentaria y todo está en orden, en el lugar y tiempo exacto. La seguridad era notoria y la señalización de los jueces muy oportuna, como para que cada uno se ocupe solo de su rendimiento", describieron.

Principio y fin

La largada con la primera etapa de natación fue puntual: a las 7 de la mañana. Y un mar habitualmente calmo ese día estaba más agitado que de costumbre.

"Hay mucha gente esperando el momento de lanzarse al agua y la barrera de largada es de 100 metros -explicaron-. Los primeros mil metros vas rozando con todos, te sacan las antiparras, hasta cuando das vuelta en la primera boya. Después ya se arman los pelotones".

Dos vueltas de 90 km de bicicleta es el siguiente desafío, donde los primeros kilómetros son morros, que obligan a pararse en la bici y poner toda la fuerza para subir.

Para rematar í90 km de pedestrismo! (un poco más que dos maratones olímpicas), por eso los santafesinos coincidieron: "los 400 metros finales son de una emoción única y cada uno tiene vivencias diferentes".

"Una carrera de tal exigencia es un entrenamiento para la vida, por eso el triatlón tiene algo de místico, en algunos momentos decís que hago acá que estoy todo acalambrado y cuando llegás la sensación es tan gratificante que te devuelve todo lo que pusiste en minutos".

Y algo les quedó en claro: "sos Ironman cuando llegás, es la maduración de lo físico, lo psicológico y lo espiritual. En una carrera tenés que solucionar muchas cosas, es la carrera de resistencia más importante del mundo".

A 10 minutos de un sueño

Alejandro de la Vega fue el santafesino que realizó el mejor tiempo. Perseguía un objetivo competitivo: clasificar para Hawai y quedó a 10 minutos de esa hazaña.

"Estudié Educación Física siempre pensando en que quería hacer el Ironman. Hace 20 años que vengo compitiendo y quiero retirarme en Hawai", dice convencido.

"Mi experiencia es diferente a la de mis compañeros, ya pasé por el sufrimiento de entrenar, de adaptarme, ahora busco los tiempos de carrera y lo que más me cuesta es lo económico".

"Quedé a 10 minutos de clasificar a Hawai", reafirma y por eso ya tiene en mente volver a intentar la clasificación en Brasil o en alguna prueba más exigente, "porque sé que Hawai es durísima".

"La sensación que me dejó Florianópolis es que me quedé, no llegué físicamente, continuamente tenía que comer porque no tenía energía. Cuando me bajé de la bici vi que el tiempo no era bueno y me empecé a preocupar. Después en el maratón, los 21 primeros kilómetros me costaron horrores; pero ahí desaparecieron las subidas, quedó en llano y ahí empecé a recuperar... pero no llegué".

"�Sobre si lo vuelvo a hacer?... seguro el año que viene".

Fabiana García