Lanza corrosivas críticas a la estructura económica mundial sin dejar de ser un fanático y a la vez un analista del fútbol, capaz de ofrecer una explicación sociológica para la derrota de Uruguay en las eliminatorias del Mundial 2006.
Eduardo Galeano pasó por Río de Janeiro para participar en la reinauguración del Instituto Cultural Brasil-Uruguay, que funciona desde 1940 en Montevideo, pero hasta la fecha no había podido establecerse de forma definitiva en el país brasileño.
En una reunión con un grupo de periodistas en la sede de la Academia Brasileña de Letras, con motivo de la presentación del organismo, hizo un llamado a la unidad entre los países en desarrollo y se mostró pesimista sobre la función de la Organización Mundial de Comercio. "La OMC es una de las poquitas organizaciones que dirigen el mundo. Este mundo democrático es muy poco democrático", ironizó.
Al lado del organismo comercial, Galeano ubica a otras organizaciones que, a su juicio, de multilaterales no tienen más que el nombre. Son los casos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) e, incluso, la ONU. Según el escritor, la OMC tiene una práctica de decisión "totalitaria", heredada de su antecesor, el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, sigla en inglés). En la OMC, asevera, "se decide por aclamación" y jamás se vota.
En ese marco, pero también en los más diversos aspectos, los países latinoamericanos tienen ante sí el reto de aunar sus esfuerzos e integrarse. "En América Latina hay que actuar con sentido común. Hoy, o nos juntamos o estamos fritos. Si no, es evidente que `te va a comer' el más fuerte", indica.
Galeano nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940, y vendió su primera caricatura al semanario El Sol, del Partido Socialista, a los 14 años. Poco más de una década y media después, publicó "Las venas abiertas de América Latina", que se convirtió en un hito para el pensamiento de izquierda en la región.
En 1973, su militancia lo llevó al exilio, primero en Argentina y luego en España. Regresó a su ciudad, Montevideo, en 1985, con la vuelta de la democracia al Uruguay. Hoy, colabora con diversas publicaciones internacionales y sigue defendiendo las causas que han marcado su vida y su obra. "De la unidad latinoamericana se habla sin cesar, pero poco se ha hecho en una dirección concreta", critica.
Precisamente, uno de los intentos de impulsar una mayor integración regional en las últimas décadas es el Mercado Común del Cono Sur (Mercosur), que forman varios países de la región. Pero el organismo no seduce al escritor. "El Mercosur es hasta hoy bastante limitado a la economía", observa con amargura. Esa situación, dice, refleja lo que sucede en un mundo dominado por la economía, por delante de la política y, más aún, la cultura, que queda relegada a un lugar muy poco significativo.
Así las cosas, una de las formas de buscar una América Latina más unida y, también, un mundo más justo, es cambiar esa jerarquía. "La cultura es la base en países que fueron entrenados para el divorcio", sentencia.
Y si Eduardo Galeano habla de cultura, la palabra -al fin y al cabo su instrumento de trabajo- es un tema tan clave como ineludible. No parece verla como un medio inocuo de comunicación descargado de intenciones; tampoco como un objeto artístico a disposición del autor. Más bien es un compromiso, sobre todo en el ámbito de la vida pública. Bajo esa luz, entiende la corrupción y el mal gobierno como una falta de empeño de la palabra.
La política, entonces, "se hace mal cuando entra en contradicción con la palabra. En el momento en que no se respeta la palabra, el pato lo paga el pueblo", afirma Galeano.
Acostumbrado a décadas en la oposición, Galeano vive ahora una situación novedosa. Se considera integrado en el proceso de cambio que cree haber empezado en Uruguay con el triunfo electoral de Tabaré Vázquez, primer presidente de izquierda en la historia nacional. Además, el gobierno del Frente Amplio en el país rioplatense, se enmarca en un contexto latinoamericano con diversas agrupaciones de izquierda en el poder. "Las fuerzas progresistas, hoy en el gobierno, tienen una responsabilidad enorme. Está claro que la gente no votó para repetir la historia, sino para cambiarla", advierte.
Con la misma -o quizás más- pasión con que habla de política y economía, Galeano se vuelca al fútbol. Su obra sabe de crónicas sobre este deporte y su entusiasmo por la actividad ha resultado, incluso, en un libro llamado "El fútbol a sol y sombra", publicado en 1995.
En esos días en que estuvo en Brasil, posiblemente, hubiera preferido eludir el asunto. Pero ni con la habilidad de un Pelé o un Maradona podría sortear en un país tan futbolero, los comentarios sobre la derrota de Uruguay ante Australia, en la repesca por una plaza en el Mundial de Alemania.
Antes de comentar la fracaso de la "celeste olímpica", Galeano aclara que el fútbol es, ahora mismo, "el terreno de la pornografía" -al menos para un uruguayo-. Según el escritor, un largo proceso social, económico y político, explica cómo una selección que ha ganado dos Mundiales, es hoy incapaz de clasificarse a la máxima fiesta del fútbol.
Entre las múltiples causas que identifica, está la exportación de "pie de obra" uruguayo, que hace que tantos futbolistas de la selección jueguen en Europa y se conozcan en el avión, cuando se preparan para disputar de un partido. "El fútbol es un deporte asociado. Los mejores equipos juegan con los ojos vendados", dice.
Otra razón es el desvanecimiento del Estado que, si no generó, seguramente contribuyó a los mejores momentos del fútbol charrúa. "A inicios del siglo XX -asegura Galeano-, Uruguay era el país más avanzado del mundo", y el Estado hacía que la educación, pública y universal, incluyera al deporte como parte del desarrollo integral de niños y jóvenes.
Sin embargo, Galeano admite que la explicación sociológica no basta para alumbrar los motivos que llevan al nacimiento de un genio de las canchas. "Un Ronaldinho aparece porque los dioses besan la tierra donde pisa", indica, revelándose un admirador del barcelonista.
Reconoce que hace tiempo que el fútbol uruguayo no produce jugadores de esa talla, aunque no pierde la ilusión: "Espero que en algún tiempo se descubra que Ronaldinho nació en Tacuarembó".
El conflicto con las papeleras. Pese a considerarse involucrado en el proceso que llevó a Tabaré Vázquez a la presidencia uruguaya, el escritor Eduardo Galeano no está de acuerdo en todo con el actual gobierno. Se opone, por ejemplo, a la instalación de plantas de celulosa en su país.
Reconoce que llamar a un referendo para decidir sobre la cuestión podría ser "una buena idea", pero matiza que la ecología no es una causa popular. "La gente prefiere morir por la contaminación que de hambre", afirma sin dudar.
Además, hay que tener en cuenta que los efectos de los problemas ecológicos no suelen ser inmediatos, y que su país convive con altas tasas de desempleo. "Tenemos menos trabajo que el barbero de Jomeini (ayatolá conocido tanto por sus prominentes pelos en el rostro como por haberse convertido en la cara de la revolución islámica de 1979 en Irán)", bromea.