El tiempo era libre, hasta que los calendarios y relojes nos persuadieron de su transcurrir. Y así, la historia se escribe en círculos y cada cultura celebra su Año Nuevo, sus cumpleaños y aniversarios de acuerdo con la fecha establecida por algún padre de la iglesia, investigaciones astrales o disposiciones cuyo origen nadie conoce.
Hace más de 4 mil años, los babilonios fueron los primeros en convertir el Año Nuevo en un ciclo festivo que duraba 11 días y que se celebraba al comienzo de la primavera. Los egipcios celebraban el fin del año con el comienzo de la crecida del río Nilo y la preparación de las tierras para la siembra, mientras que los romanos también hacían coincidir la celebración con la llegada de la primavera y lo festejaban el 25 de marzo.
Fue el emperador Julio César quien cambió la fecha al primero de enero, primer día del mes dedicado al dios Jano. Esto fue confirmado en las adaptaciones que hizo el Papa Gregorio XIII y es el calendario que rige en nuestros días.
En muchos lugares de la Tierra, el calendario gregoriano señala cada 1° de enero el comienzo de un nuevo año. Fieles a esta fecha, Argentina y muchos países no sólo celebran, sino que también acostumbran a realizar ritos y tradiciones que, con mayor o menor vigencia, se mantienen en las distintas generaciones.
Muchos conocemos algún pariente o amigo que dedica su pasión a las cábalas: para rendir un examen, para que gane su equipo de fútbol, para recibir dinero. Y casi siempre, esa persona que pone una moneda bajo el plato de ñoquis cada 29 es la misma que come desaforadamente 12 uvas hoy a la noche. No es el único. Costumbres y adeptos a estos ritos sobran.
Esta medianoche, más de uno se va a poner a saltar con el pie derecho, comer uvas, o va a entrar y salir de la casa...
Las tradiciones de Año Nuevo son tan antiguas como la humanidad, pero cambian de fechas y modo de celebrarlas de acuerdo con los diferentes tiempos y culturas. Sin embargo, la esperanza es la misma: el próximo año será mejor. Aunque los cabalistas ayuden al destino con algunas costumbres.
En Latinoamérica, la mayoría de los ritos que se llevan a cabo en la noche del 31 de diciembre fue introducida por los colonizadores españoles y se arraigó con más fuerza en la ciudad que en los sectores rurales.
No hay excepciones: cada país y cada cultura tienen sus tradiciones. En Argentina, una comida especial, brindis con sidra o champán y algo de pirotecnia son infaltables.
Un sitio de Internet chileno, familia.cl, explica algunas tradiciones de otros países. En Venezuela, por ejemplo, es costumbre preparar "hallaca" para la cena, una especie de humita -bastante grande- rellena de condimentos y otras especies, que se regala a los amigos durante la noche de Año Nuevo. Se supone que con esto se reafirma la amistad y se desea buena suerte para el año que viene.
En Colombia, la costumbre no es gastronómica. Se arma un muñeco con la ropa vieja de la que amigos y familia quieran desprenderse. Y en los bolsillos de ese muñeco se colocan las cosas malas de este año. Finalmente, se le prende fuego.
En las regiones brasileñas donde se practica la religión Umbanda, la ceremonia se centra en la fiesta de Jemanjá. Las playas se llenan de gente y cantos religiosos, y se realizan ofrendas al mar para recibir sus frutos todo el año. La gente viste trajes de colores distintos cada año, acordes con el santo que gobernará durante la nueva etapa. Bailan, cantan y rezan.
Del otro lado "del charco" también hay interesantes costumbres. En Alemania, celebran con Bleiglessen, una ceremonia o ritual que consiste en develar los misterios del futuro con una barra de plomo. Se pasa el plomo por una soldadura, se funde hasta que se haga "agua" y las gotas se vierten en un vaso. El plomo líquido se solidifica nuevamente y adopta formas extrañas que predicen lo que depara el futuro.
Cuenta la tradición que, además, es costumbre dejar en el plato, hasta después de la medianoche, algunos restos de lo que se haya cenado, como una forma de asegurarse una despensa bien surtida durante el año siguiente.
Los escoceses, por su parte, festejan con el Hogmanay. Se prende fuego a un barril de madera y se lo pone a rodar por las calles para permitir el paso del nuevo año.
Y en Rumania, las protagonistas son las mujeres solteras. Caminan hacia un pozo, encienden una vela y miran hacia abajo. El reflejo de la llama dibuja en las profundidades del agua el rostro de su futuro esposo. Las que se quedan en sus casas toman una rama de albahaca y la colocan bajo la almohada: el sueño de esa noche tendrá como protagonista al hombre que las espera.
Cada persona, con sus deseos y esperanzas. Estas originales y hasta graciosas tradiciones son el intento de contribuir a un futuro mejor. Y si atragantarse con uvas garantiza un 2006 de salud, prosperidad y amor, íbienvenidas las tradiciones!.