SALUD
Cambia, todo cambia
El cuerpo se renueva. ¿Por qué aparecen las canas? ¿Cómo se forman las manchas blancas en las extremidades duras de los dedos? ¿Por qué se nos pone la carne de gallina cuando sentimos frío o miedo? Las células agonizan, se modifican y renuevan continuamente en el organismo. Cuando termine de leer esta nota, usted ya no será el mismo. texto de Ricardo Goncebat. fotos de El Litoral

"La arruga es bella", señala un eslogan publicitario. Y de acuerdo con un reciente estudio británico, también puede ser útil, dado que las personas que tienen muchos de estos pliegues epidérmicos debidos a la edad son menos propensas a padecer cáncer de piel.

Los médicos han observado que la mayoría de los pacientes intervenidos debido a un melanoma tenían la piel muy tersa, y estudiaron a 239 septuagenarios. Se clasificaron sus arrugas de uno a ocho, teniendo en cuenta la abundancia y profundidad de éstas, y otros factores como la edad, el sexo y el hábito de fumar.

Se comprobó que en las personas con un índice de arrugas igual o superior a cinco, las posibilidades de sufrir tumores de piel era inferior en un 90 %, comparados con las personas de las categorías dos y tres.

Al parecer, este fenómeno se debe a que la irradiación solar destruye el colágeno, la proteína que confiere elasticidad y lozanía a la piel, y cuya carencia provoca las arrugas. En la gente de piel lisa, el colágeno es reemplazado por una sustancia denominada TGF-Beta, el cual perjudica el sistema inmunitario.

Además, en nuestro organismo se produce, de forma imperceptible pero constante, otra serie de cambios que nos van modificando por dentro y por fuera, desde que nacemos, debido a nuestro propio crecimiento, así como a factores externos.

Se calcula que al cabo de un año se ha renovado buena parte de nuestras células y tejidos, reemplazados por otros, al punto que podemos afirmar que "ya no somos los mismos".

Sin embargo, cada tipo de tejido tiene su tiempo de renovación: las células que recubren el estómago duran sólo cinco días; la epidermis se recicla más o menos cada dos semanas; un hígado adulto se renueva cada 300 a 500 días, y se calcula que todo el esqueleto se reemplaza cada diez años en los adultos.

Lo que el espejo no muestra

El médico alemán Jürgen Brater, divulgador científico y autor del libro "Lo que Fleming nunca contaría", explica algunos de los fenómenos y procesos naturales más asombrosos. Estas transformaciones suceden ahora mismo, dentro suyo, aunque no pueda apreciarlas en el espejo.

Tomemos el pelo, por ejemplo. Pese a lo que se cree, el cabello no sigue creciendo durante un tiempo indefinido, ya que la longitud y duración de cada pelo tienen un límite. Los de la cabeza -que pueden llegar a vivir unos siete años- crecen a razón de un centímetro por mes, pero al cabo de un tiempo cada pelo cae, empujado por otro nuevo que crece en su lugar.

Las pestañas y los pelos de las cejas y el pubis, o el vello de pecho, duran mucho menos: no es que dejen de crecer, sino que se van renovando.

En tanto, la epidermis experimenta algunos cambios repentinos. Cada uno de los pelos de nuestro vello corporal está acompañado de una minúscula fibra muscular, la cual se contrae ante el estímulo de las bajas temperaturas y de las situaciones de miedo, o ante un susto repentino. Cuando estos micromúsculos se retraen tirando de la piel, forman sobre la epidermis un conjunto de diminutas depresiones que dan el aspecto de "carne de gallina".

Cuando se recibe un golpe, se rompen algunos vasos capilares y la sangre se derrama invadiendo los tejidos contiguos, se coagula y permanece visible durante unos días. Con el tiempo, unas enzimas van descomponiendo la hemoglobina sanguínea, y su color rojo característico se va tornando a un azul verdoso, y después pardo amarillento. Los moretones o cardenales son estos hematomas que se traslucen a través de la piel.

Otra de las transformaciones son las cicatrices, que constituyen algo así como una gran metamorfosis. Poco después de producirse una herida, comienzan a formarse nuevos vasos sanguíneos, para lo cual los tejidos lesionados empiezan a segregar sustancias que actúan sobre los vasos intactos, induciendo su crecimiento hacia las partes afectadas.

Al mismo tiempo, va apareciendo tejido conjuntivo fresco, que comienza a crecer desde los bordes de la herida hacia dentro, y surgen fibras de colágeno que ayudan a consolidar los tejidos nuevos.

El tejido nuevo, muy vascularizado y de aspecto granular, va rellenando la herida, y después se reviste de una capa nueva de células epiteliales. Por último, queda una cicatriz, que al principio abulta y es de color rojo, pero después permanece un color más claro que el resto de la piel, porque los nuevos tejidos carecen de glándulas sebáceas o sudoríparas, vello y células pigmentarias.