Buenas y malas del año que expira
El año cronológico no suele coincidir con el año político, y en particular el 2005 es demostrativo de esta afirmación, en tanto que bien podría decirse que existe un antes y un después de las elecciones de octubre.
Justamente, si la política trata del poder y su trama de relaciones, los comicios recientes han convalidado la autoridad política de un presidente que llegó a la Casa Rosada con un porcentaje muy bajo de votos. Si bien las elecciones de octubre fueron para cargos legislativos, queda claro que Kirchner ocupó el centro de la escena y amplió, con su triunfo, su legitimidad y su espacio de poder.
Respecto de este tema, importa destacar en particular los resultados electorales en provincia de Buenos Aires, donde la esposa del presidente, Cristina Fernández, se impuso a la señora de Duhalde. De esta manera se saldó la impiadosa disputa por el poder entre el caudillo bonaerense y el primer mandatario, un duelo cuyas consecuencias aún no han terminado de desplegarse.
Lamentablemente hay que decir que esta performance electoral ha acentuado las tendencias hegemónicas del gobierno nacional en contradicción con las declaraciones de sus máximos representantes al día siguiente de las elecciones. El proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura, las tirantes relaciones con la prensa independiente, el desconocimiento del rol de la oposición, las sobreactuaciones que tensaron y reprodujeron conflictos, abren un y preocupante signo de pregunta respecto de la vocación republicana del actual gobierno.
La renuncia del ministro Lavagna debe leerse en el contexto de los resultados electorales. El gobierno consideró que podía prescindir de uno de sus colaboradores más respetados por la opinión pública nacional e internacional. Las supuestas relaciones de Lavagna con Duhalde o sus nunca comprobadas ambiciones políticas sirvieron de excusa para justificar el pedido de renuncia de un colaborador con ideas propias y suficiente autonomía, alejamiento que contrasta con el fervor histriónico de otros ministros provenientes del tronco duhaldista.
En el año transcurrido los índices económicos han sido positivos más allá de las dudas que se abren hacia el futuro con relación a las tarifas de las empresas privatizadas, las retenciones a las exportaciones, la seguridad jurídica y las expectativas de inversión extranjera. Un dólar sobrevaluado y el impuesto a las exportaciones consolida un determinado modelo económico que ya exhibe algunos límites que se harán más visibles en el futuro. No obstante, hay que destacar una actitud responsable en el manejo de las cuentas públicas.
Desde el punto de vista social, se ha profundizado el clientelismo como factor de contención y como práctica electoralista. Y más allá de la retórica oficial, la calidad de vida de los sectores populares no ha sufrido modificaciones fundamentales.
Con todo, los problemas más serios no están planteados hoy en el campo de la economía sino en el de la política. La concentración del poder, los arrebatos autoritarios, el maltrato de toda voz disidente, muestran a un gobierno con escasa vocación republicana.