"El libro y la espada descendieron al mundo, mas siempre venció el libro", sostiene el Talmud. Miriam Vogelfanger decidió que sería un libro lo que regalaría a su bisnieto y, por extensión, a las futuras generaciones. Compiló así leyendas, fábulas y relatos en "Joyas del Folclore Judío" que presenta Editorial Milá.
El volumen se abre con esta "Leyenda sobre el libro": "Cuando Adán fue expulsado del paraíso, salió avergonzado con la mirada hacia el suelo, muy quebrado. Dios lo vio acongojado y le dijo:
"-El árbol de la sabiduría no hizo sabio al hombre. ¿Cuál será su destino?
"Entonces Dios creó el libro y le dio el siguiente consejo:
"-Ve y acompaña al hombre. Sé su amigo, enséñale y alegra su corazón.
"Desde ese momento el libro nos acompaña en la soledad, en los viajes, en las noches de insomnio. Nos enseña y nos nutre. Sin duda, es el mejor amigo del hombre".
El libro se cierra con leyendas jasídicas como ésta: "Cuando Rabí Israel Baal-Shem Tov veía que se anunciaba una desgracia para el pueblo judío, tenía costumbre ir a recogerse a cierto lugar del bosque. Allí prendía un fuego y recitaba cierta oración. Entonces se cumplía el milagro: la desgracia era casi conjurada.
"Más tarde, cuando el célebre Maguid de Mezeritch debía intervenir ante el cielo, iba al mismo sitio del bosque: -Señor del Universo, no sé cómo encender el fuego, pero aún soy capaz de recitar la oración.
"Y el milagro se cumplía.
"Más tarde el Rabí Moisés-Lieib de Sassaw, para salvar a su pueblo, también iba al bosque y decía: -No sé cómo encender el fuego, pero puedo señalar el lugar.
"Y eso era suficiente: el milagro se cumplía.
"Luego, fue el turno de Rabí Israel de Rizhin. Debía apartar las amenazas y, sentado en un sillón, hablaba así a Dios- -Soy incapaz de encender el fuego, no conozco la plegaria y ni siquiera puedo encontrar el lugar en el bosque. Todo lo que sé es contar esta historia.
"Esto debiera ser suficiente. Y lo era".