El municipio no hizo nada para organizar a los vendedores

El parque Alberdi se convirtió en una feria anárquica y de feo gusto

Una toldería que ocasiona resistencia a la visual. Foto: Guillermo Di Salvatore. 

Puestos de grandes proporciones, fabricados con toldos, maderas, caños y hasta con chapas avanzan sobre la vereda de calle Rivadavia. Una visual que empobrece el paisaje urbano y obstruye el paso peatonal. Opina un arquitecto urbanista.

Años de puja entre los vendedores ambulantes y los comerciantes del microcentro culminaron con la decisión municipal de reubicar los vendedores en el Parque Alberdi, un bello paseo sembrado de variada arboleda que fue remozado para deleite de los santafesinos pero que se ha convertido en una toldería.

Stands precarios armados con chapas, cartones, media sombras y carpas, provocan una resistencia a la vista. Bajo techos sostenidos por soportes de madera o hierro, cuelgan remeras, bermudas, toallones y ropa multicolor de baja calidad, CDs de música de dudosa procedencia, anteojos de sol, sombreros y toda clase de menudeces (desde agujas hasta relojes despertadores).

Los puestos están ubicados en la vereda oeste del parque, sobre calle Rivadavia, y cada vez van copando más espacio a lo largo: desde el Correo Argentino la avanzada llega hasta Tucumán.

Si se transita por Rivadavia o se llega a la esquina de 25 de Mayo y Primera Junta se podrá apreciar el mercado paraguayo, que surge inoportuno detrás de imponentes e históricos edificios como los del Liceo Municipal, la Seccional I de Policía y el Correo Argentino.

Allí se concentran cerca de 40 vendedores (decir "ambulantes" es faltar a la verdad puesto que se mantienen fijos), algunos de los cuales forman una suerte de túnel sobre la vereda que obligan al transeúnte a sumergirse en él o bien bajar a la calle para evitar el tétrico pasadizo.

Hay que aclarar: la culpa no es de los vendedores, porque ellos se instalan como pueden y con los recursos que tienen, luego de haber sido desalojados compulsivamente de la Plaza del Soldado. En todo caso, habría que poner la mirada sobre quien tiene la responsabilidad de organizar los espacios urbanos.

El reconocido arquitecto urbanista César Luis Carli, profesor universitario y autor de libros sobre la materia, recordó el cuestionamiento que se hacía Miguel de Unamuno al recorrer un mercado de pulgas de Madrid: "�La ciudad es de todos?, se preguntaba Unamuno. Y él mismo se respondía, `Pues no lo es"'.

Según el arquitecto, "Unamuno amaba el derecho a compartir la ciudad, sin ser político ni urbanista. El derecho de usar las veredas para reflexionar, las plazas para gozar del silencio y el canto de los pájaros, de deleitarse mirando las vidrieras y saludar con su sombrero a sus vecinos".

Por lo tanto, "podemos imaginarnos qué diría sobre el `mercado' de calle Rivadavia, más bullicioso y con mayor polución sonora que el de su tiempo", dijo.

Sugerencias deun especialista

- Desde un punto de vista urbanístico �Qué se puede hacer con la feria del parque Alberdi?

- Primero, votar a funcionarios que recorran a la ciudad, que la conozcan y tengan el coraje de cambiar lo que sea necesario. Que se pongan en el lugar de una joven que tiene que tomar el ómnibus sorteando la pasarela que dejan los densos escaparates. He observado que mucha gente prefiere ir por la calzada que, por supuesto, es muy peligrosa, con tal de evitar ese camino desagradable. "No idealice", me reprocharía don Miguel de Unamuno: "La política casi siempre se desentiende de la ciudad". íSi lo sabremos los santafesinos!, le respondería yo.

- �Qué propondría Ud. entonces?- Multas por todo tipo de polución, sonora sobre todo. Creo que los vecinos de avenida Siete Jefes, polucionados por el barullo de la Costanera Este, convendrán en que estas multas deberían ser importantes, con decibelímetros y ordenanzas actualizadas. En la feria de Rivadavia optaría por clausurar el escaparate que obstruye la circulación y trataría de ampliar el área de asentamiento usando una pequeña porción de la plaza con el objetivo de ensanchar el paso peatonal. Es decir, retirar los stands un poco más atrás. - En su momento hubo compromisos municipales de diseñar escaparates iguales para hacer el paseo más agradable estéticamente �Le parece una solución?- Desde luego. Siempre el hombre comercializó en ferias, y alrededor del mundo hay muchos ejemplos de cómo hacer esos lugares más ordenados. Sólo se trata de copiar. Este mercado de Rivadavia es anárquico y forma casi una pequeña ciudad independiente en desmedro del vecindario. La Municipalidad debiera establecer los sitios adecuados para su ubicación, la superficie de cada escaparate y dejar espacio para el paso del transeúnte. Porque además, y lo digo con dolor, esta es una reunión de lumpen. Ellos son los que venden pero los que se quedan con la ganancia son otros, los mayoristas. Por último, aconsejaría a los políticos que recuerden lo que, según el Corán, dijo Alá: "Yo os he dado dos orejas y una sola lengua para que hableis una sola vez y escuchéis dos".

Marchas y contramarchas

La última promesa incumplida con respecto al tema de los vendedores fue en julio del año pasado. El Litoral reflejaba en una nota el compromiso del titular de Servicios Públicos, Julio Basabilbaso, de instalar estructuras iguales para todos los puestos que tenían un costo total de entre 30 y 40 mil pesos, con fondos que se iban a gestionar ante el gobierno nacional. La idea era concretar el proyecto "antes del próximo verano". Nada sucedió.

Ése es el último capítulo de una serie de idas y vueltas que empezó a gestarse en mayo de 2000. Por presión de los comerciantes del centro, la Municipalidad realizó un relevamiento de los vendedores ambulantes existentes en la Plaza del Soldado para actualizar el número de puesteros, que era de 29.

En junio de ese año, la oposición en el Concejo presentó el primer proyecto para trasladarlos al predio ubicado frente al Correo y solicitó que se cumpla con la ordenanza 9.613/92 que impide la presencia de vendedores en plazas y paseos públicos.

En enero de 2001, en un operativo conjunto entre la Municipalidad y agentes policiales, se produjo el primer desalojo de 30 vendedores, con la justificación de recuperar la Plaza del Soldado y refuncionalizar el microcentro. En ese momento, se propició el traslado de los vendedores a la cortada Falucho.

Ese mismo año, algunos vendedores se instalaron sobre las veredas de calle San Jerónimo. Esto reavivó la lucha con el comercio formal que los acusaba de robarles clientes sin pagar impuestos y de quitarle visual a sus vidrieras.

En marzo de 2001, el Ejecutivo presentó el anteproyecto para crear un mercado de pulgas en la cortada Bustamante, en el límite oeste de la Plaza del Soldado. La medida no conformó al Concejo, que frenó el traslado.

En mayo, el bloque del PDP en el Concejo impulsó el primer proyecto para trasladar definitivamente a los vendedores al parque Alberdi, previo reacondicionamiento del mismo. A mitad de año la norma fue sancionada, se establecieron cambios en el microcentro y se ordenó la reubicación de los vendedores al parque Alberdi.

Más de un año después, en setiembre de 2002, el entonces intendente Marcelo Alvarez inauguró las obras en el parque aunque los vendedores siguieron apostados en las veredas de calle San Jerónimo y Mendoza.

En enero de 2003, la Municipalidad puso en marcha los cambios en el microcentro y realizó un desalojo compulsivo de los vendedores de Plaza del Soldado, que fue resistido con quema de cubiertas y piquetes. Tras varias protestas y reuniones en el Palacio Municipal, algunos aceptaron probar suerte en el parque Alberdi, pero inmediatamente se quejaron de que las ventas cayeron.

La catástrofe hídrica de ese año reavivó el debate porque aparecieron nuevos vendedores que colocaron sus puestos fijos sobre veredas y hasta parte de la calzada de las calles del microcentro.

En agosto de 2003 la actividad se empezó a organizar en el parque Alberdi. Los puesteros se instalaron allí y confeccionaron sus propios escaparates. El por entonces secretario de Servicios Públicos municipal, Juan José Maspons, prometió otorgar homogeneidad a los puestos y efectuar la conexión eléctrica, entre otras mejoras que nunca se hicieron.

Sobre fin de año hubo un nuevo intento de volver a la Plaza del Soldado. Se acordó un plazo para que permanecieran en ese sitio sólo por las fiestas y el 7 de enero volvieron al parque Alberdi.

En junio de 2004, el Concejo reclamó que se ordene la actividad dado que habían avanzado con sus puestos sobre el espacio urbano.