Conclusiones del informe semanal de Idesa

Mujeres que trabajan: el 46 % lo hace en condiciones precarias

La disminución del desempleo no debe ser motivo para dejar de lado las reformas necesarias en las regulaciones laborales y de la seguridad social para la mujer. Foto: Archivo El Litoral. 

Ganan 35 por ciento menos que los hombres y pese a contar con las mismas condiciones, tienen mucha menos inserción laboral. Cambios en la legislación de la seguridad social constituyen la única solución para el problema.

Pese a la recuperación de la economía -2005 fue el tercer año de manera consecutiva con la consiguiente disminución del desempleo- la situación laboral de las mujeres que trabajan no ha mejorado sustancialmente ya que, de acuerdo con la información de Idesa, el 46 por ciento lo hace en forma precaria.

De acuerdo con el informe, "los problemas en el mercado de trabajo no se limitan a la cantidad de gente imposibilitada de encontrar un empleo. Se manifiestan también en la falta de oportunidades y en la pobre calidad de los empleos, agudizados en ciertos grupos de la población. Uno de ellos son las mujeres que desean o necesitan trabajar".

Para ilustrar esta situación, destacan algunos datos del Indec del segundo semestre de 2005 que revelaron lo siguiente:

* Aunque el número de hombres y mujeres en edad de trabajar es similar, sólo el 57% de las mujeres está en el mercado de trabajo, mientras que entre los hombres la participación llega al 87%.

* Entre las mujeres que quieren participar en el mercado laboral, el 14% no consigue empleo, mientras que entre los hombres la desocupación es del 10%.

* De las mujeres que consiguieron un trabajo, el 46% trabaja "en negro", como cuentapropista precaria, como trabajadora sin salario o beneficiaria del Plan Jefes de Hogar, mientras que entre los hombres esta proporción llega al 36%.

Posible discriminación

Más adelante, el informe semanal de Idesa explica esta situación a partir de la creciente incorporación de la mujer al mercado de trabajo, que es "una tendencia que se da a mayor ritmo que el cambio cultural que tiende a equilibrar los roles con el hombre dentro del hogar. Si bien se observa un mayor involucramiento de éstos, las mujeres están lejos de poder desentenderse de los cuidados de la familia. Esto implica que requieren de mayor flexibilidad en la reglas de trabajo. Necesitan facilidades para trabajar part-time, por ejemplo, para organizar las responsabilidades laborales en consonancia con el cuidado del hogar, y acceder a la protección de la seguridad social en aquellos incidentes que mayor impacto tienen en el costo laboral, como son las licencias por maternidad y por cuidado de hijos enfermos".

"Si la legislación laboral asume que estas diferencias no existen y establece, en su fin protectivo, reglas de juego muy rígidas y estrictas, el incentivo para los empleadores es preferir a los que tienen mayor disponibilidad de tiempo para el trabajo fuera del hogar. Si el diseño de la seguridad social no contempla las licencias por enfermedad inculpable del trabajador y de los hijos, y se coloca estos costos en cabeza de los empleadores, el incentivo es claramente a discriminar en contra de las personas que asumen las responsabilidades en el cuidado del hogar. La legislación laboral y de la seguridad social en la Argentina tiene precisamente estos problemas", explica.

"Un diseño regulatorio que no tiene en consideración estas realidades termina siendo un factor de discriminación de la mujer de los lugares de trabajo. Discriminación que se manifiesta en el desaliento a participar en el mercado laboral, mayores tasas de desempleo y formas de inserción laboral más precarias. También se manifiesta en los salarios. En la Argentina, en el sector privado, las mujeres que trabajan como asalariadas ganan un 35% menos que los hombres, a igual nivel de educación", termina el informe.